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Don Quijote en su lecho de muerteRAE

El desconocido y sorprendente significado de la última palabra del 'Quijote', explicado por la RAE

Fuente de matices y misterios que siguen intrigando al lector de hoy

El final del Quijote, donde se narra la muerte del ingenioso hidalgo, es uno de los fragmentos más debatidos de la considerada mejor novela de la historia.

En sus momentos postreros, don Quijote, preso de la melancolía causada por la derrota, abandonados sus planes de volverse pastor, su última locura, y postrado en la cama, asume su derrota final y renuncia a todas sus locuras.

Preocupado por su alma cuando su cuerpo empezó a correr peligro, en palabras de su médico, don Quijote reconoce a su sobrina que su vida de caballero andante ha sido un disparate.

Las palabras de don Quijote suenan a traición al idealismo que había mostrado hasta entonces. A lo largo de toda la narración de las aventuras de don Quijote, su locura le llevaba a razonamientos mucho más cuerdos y lógicos que los de los supuestamente cuerdos.

Por eso, cuando don Quijote habla en su lecho de muerte de «detestables libros de caballerías» y afirma que «ya yo no son don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano», y afirma que «ya soy enemigo de Amadís de Gaula» o «me son odiosas todas las historias profanas del andante caballería», esas palabras se sienten en el lector como una puñalada.

La razón de esa repentina vuelta a la cordura la explica el propio hidalgo: «siento que me voy muriendo a toda prisa: déjense de burlas aparte y tráiganme un confesor que me confiese».

Como caballero cristiano que es, don Quijote afronta la muerte con serenidad y dispuesto a comparecer ante Dios sin fantasías ni necedades. Y entonces se produce la confesión definitiva de don Quijote antes de morir: «yo fui loco, y ya soy cuerdo. Fui don Quijote de la Mancha, y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno».

La novela termina con unas palabras del cronista y autor ficticio del Quijote, el Cide Hamete Benengeli, quien, tras dirigirse a su pluma de donde ha salido la historia verdadera de don Quijote –«para mí sola nación don Quijote, y yo para él»–, en referencia al apócrifo Quijote de Avellaneda, realiza una última reflexión donde carga nuevamente contra los libros de caballerías y cierra con un «Vale» que, para el lector actual, puede resultar enigmático.

¿Por qué se cierra la novela diciendo «vale»? ¿Qué sentido tiene? La Real Academia Española, en un mensaje difundido en redes sociales, lo explicó recientemente.

Para entenderlo lo primero que hay que tener en cuenta es que el significado más extendido hoy de la palabra «vale» difieren mucho de su principal acepción y de su uso más extendido en el siglo XVI.

Explica la RAE que «en latín ‘vale’ es la segunda persona del singular del imperativo de ‘valēre’, ‘estar sano’».

De ese modo, «usado en las despedidas era una forma de decir al otro algo así como ‘Adiós, que estés bien’».

De hecho, en el diccionario de la RAE se recogen tres acepciones de «vale» y ninguna lo define como equivalente de «estar de acuerdo» o del inglés «ok», como se usa mayoritariamente hoy.

La principal acepción de «vale» en el diccionario de la RAE es como fórmula de despedida «en estilo cortesano y familiar», y así es como se emplea al final del Quijote. No es más que una fórmula familiar de despedida dirigida al lector.