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Hemingway (a la izquierda) en Pamplona en 1925 junto a los amigos que se convirtieron en protagonistas de Fiesta

Cien años de 'Fiesta' de Hemingway, el escandaloso viaje que reinventó España y los sanfermines

El libro es el origen de una idea, de un concepto, de una suerte de españolidad de leyenda: la de la alegría, la del rito, como trasfondo inmortal de la condición humana

Nada volvió a ser igual después de que Ernest Hemingway, hasta entonces prometedor y moderno autor de cuentos, publicara en 1926 su primera novela, The Sun Also Rises ( «El sol también se levanta», una cita de La Biblia, del Eclesiastés), publicada en España y conocida así para siempre como Fiesta.

El libro es el origen de una idea, de un concepto, de una suerte de españolidad de leyenda: la de la alegría, la del rito. Vistos desde fuera y también desde dentro por la extranjería del autor y al mismo tiempo por la pasión del mismo por España y su gente y sus costumbres.

La vida española la inmortalizó el Nobel estadounidense con sus descripciones sencillas y directas y además con su escritura nueva, sin adornos, llena de diálogos perfectos, perfectamente reales, con su interés o su desinterés. Era lo revolucionario de su escueta narrativa cuentista estirada en una novela cuyas treinta primeras páginas sugirió suprimir su entonces amigo Scott Fitzgerald, al que hizo caso.

Fue un éxito espectacular y convirtió al joven escritor minoritario en la estrella que es y será para siempre. El mito cimentado en el primer intento que fue, también, el comienzo de otra etapa en la vida del autor, que se divorció de su primera mujer, Hadley, para casarse con la periodista Pauline Pfeiffer.

Una nueva vida

El libro se lo dedicó a la esposa abandonada que le había acompañado sus primeros años. También le cedió todos los beneficios: fue el pago económico/moral por la ruptura de un tiempo (él le fue infiel antes de divorciarse) y por los duros y dudosos inicios como escritor de Hemingway. Toda la mítica época de París en los años veinte incluida, a la que volvió con nostalgia final en su libro póstumo, París era una fiesta.

Fiesta (1926) de Ernest Hemingway

Pero antes de París, que también aparece en Fiesta, la fiesta, valgan las repeticiones, estuvo en España. En ella vio Hemingway bullir la vida y lo contó. Aquí bebió, comió, vio toros, amó, pescó, cazó y se imbuyó de españolismo. Se nota incluso físicamente en Fiesta, donde huele a España. Y ese olor traspasó sus fronteras y llegó al mundo entero poniéndola como mítica tierra moderna y clásica para siempre.

Y todo por un impulso literario surgido (en él encontró la inspiración que buscaba para afrontar la tarea pendiente de un manuscrito largo) tras un viaje a Pamplona en San Fermín con un grupo de amigos heterogéneos que narró con lujo de detalles y más allá. Extendió estos detalles, caricaturizando cruelmente a sus poseedores, para lograr el efecto perfecto que provocó el rechazo de los protagonistas, pero creó arquetipos imborrables en la historia de la literatura y del cine (tuvo su decepcionante versión cinematográfica, a pesar de Ava Gardner).

El escándalo

Aquí aparece en su esplendor la famosa teoría del iceberg, donde Hemingway omitía los siete octavos del volumen de la historia bajo la superficie, empezando por la herida íntima y fatal de Jake Barnes, el protagonista principal, que fue motivo de censura y escándalo. Todo tiene un sentido y un doble sentido. Es una historia real, ficcionada y oculta, radicalmente literaturizada.

La Fiesta que encerraba un drama que se desarrolla en un drama mientras no se tiene esa sensación. Y en el drama transcurre la vida donde también sale el padre de quien después sería amigo del autor, Cayetano Ordóñez, «el Niño de la Palma», progenitor de Antonio Ordóñez, sobre quien Hemingway (y sobre Dominguín) escribió El verano peligroso.

Nada volvió a ser igual después de Fiesta, como se decía al principio; ni la vida del autor, que explotó en todos los sentidos; ni la visión de España; ni la literatura (una revolución estilística y argumental) a partir de entonces, e incluso la misma sociedad al verse retratada con tan aparente simplicidad, donde sin embargo se reflejaba su realidad complicada y terrible.