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Don Quijote espera el alba en la playa de Barcelona de Salvador Tusell (a partir de Gustave Doré)

Detalle de Don Quijote espera el alba en la playa de Barcelona de Salvador Tusell (a partir de Gustave Doré)Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

¿Por qué El Quijote termina en el mar? Cinco grandes novelas que reprodujeron su maravilloso final

El Mediterráneo y la playa de la Barceloneta fueron inspiración de grandes autores que ampliaron el significado y la profundidad del mar de Cervantes en sus propias obras

Don Quijote llegó a Barcelona Acompañado del bandolero Roque Guinart. Llegó por la noche a la playa de la Barceloneta, donde permaneció en vela hasta el amanecer, cuando pudo contemplar maravillado, tan lejos de La Mancha, la espaciosiodad y grandeza del mar.

Hay algo de ciencia ficción en este viaje, en esta estancia. Don Quijote en el mar es como si estuviera en otro planeta, y al mismo tiempo es la metáfora perfecta del final del camino, de la vida, de la existencia, de una etapa, de un capítulo o de una novela. En esa playa el caballero de la Blanca Luna (el bachiller Sansón Carrasco) derrotó a Don Quijote, obligándole a dejar las armas.

Cuando se marchaba de la ciudad de regreso a casa, días después de la convalecencia por el vapuleo, se despidió con la vista atrás en la playa y el mar: «–¡Aquí fue Troya! ¡Aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias; aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas; aquí se escurecieron mis hazañas; aquí, finalmente, cayó mi ventura para jamás levantarse!».

La locura también en 'Moby Dick'

Fue el principio del final de la locura y de la muerte en su hogar, cuando en el momento último recuperó la cordura y se reconoció como Alonso Quijano el Bueno, abominando de sus andanzas como Don Quijote. El final de la novela más grande de la historia tenía que tener su eco en la literatura, su reproducción, sus otras formas. Y las tuvo.

El mar como fin, como destino, como inmensidad insondable e insuperable. Como respuesta o como verdad. Así, en el mar acaba también otro monumento literario como Moby Dick, y no solo termina en él, sino que se desarrolla en él. También la locura termina en él, casi como la del Quijote.

Es la del capitán Ahab cuya enajenación se hunde en el mar junto al monstruo, junto a la idea, el objeto de la locura, la obsesión, como si Don Quijote hubiese muerto atado a Rocinante con su armadura. Otra forma de mar final es el de El Gran Gatsby el Atlántico que baña la bahía, «el volumen de agua salada más domesticado del hemisferio occidental, el estrecho de Long Island, gran corral de humedad...».

Allí empieza contando Nick Carraway su historia y la de Gatsby y Daisy y allí la termina, solo, cuando todo ha acabado y todos se han ido, contemplando la misma luz verde de la isla que Gatsby contemplaba desde su propia isla. La metáfora de Daisy, el amor y los sueños prohibidos y cercanos que sin embargo nunca se hicieron realidad.

El mar que es el final del enfermo y febril Gustav von Aschenbach que halla La muerte en Venecia de Thomas Mann, mientras contempla al joven Tadzio entre la bruma del Adriático. No hay bruma, sino desolación y tragedia en el final de La carretera de Cormac McCarthy. Desolación y tragedia y aún así esperanza en la grisura de un mundo devastado por el apocalipsis que también está en el mar.

El final de algo y el principio de algo. Una familia acoge al niño en esa playa donde yace el padre tras la despedida terrible y maravillosa:

«–Dijiste que no me abandonarías nunca.

–Lo sé. Perdona. Te llevo en mi corazón. Como te he llevado siempre. Eres el mejor que conozco. Siempre lo has sido. Aunque yo no esté tú puedes seguir hablándome. Puedes hablarme y yo te hablaré a ti. Ya verás...». El mar último, el Mediterráneo, que de otro modo también indica a Tom Ripley, el gran personaje de Patricia Highsmith, quien se da cuenta, a pesar de todos sus intentos, de que nunca podrá dejar de ser él mismo.

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