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Las tres claves del éxito de la ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao

El Museo de Bellas Artes de Bilbao recupera metros cuadrados. Se reinventa. Pero lo hace con criterio y sin estridencias

Act. 12 oct. 2026 - 13:34

Imagen del nuevo atrio Arriaga del Museo de Bellas Artes de Bilbao

Imagen del nuevo atrio Arriaga del Museo de Bellas Artes de BilbaoEuropa Press

Quizá muchos atribuyan el éxito de la ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao a la elección de Norman Foster y Luis María Uriarte para llevar a cabo los trabajos. O a la dirección de Miguel Zugaza y su equipo. Y visto el resultado me atrevo a decir que no se equivocan.

Una intervención discreta –desde mi punto de vista– pero muy efectiva, y que vuelve a situar a la institución en el lugar que se merecía tras la soberbia irrupción del Guggenheim. Pero una vez inauguradas las salas, me permito hacer una reflexión sobre otras razones del acierto y de su gran acogida por los visitantes y bilbaínos. Se me ocurren tres motivos:

1. Mantener el museo abierto a pesar de las obras. No ha resultado nada fácil y así lo comentó el propio Foster durante la rueda de prensa previa a la inauguración. Hay ejemplos de todo lo contrario en Europa. Cierran durante años y, cuando reabren sus puertas, casi nadie recuerda lo que fueron y lo que hoy quieren ser.

Norman Foster junto a la ampliación del museo

Norman Foster junto a la ampliación del museoEuropa Press

2. Combinar el arte contemporáneo con el antiguo. Cada museo es hijo de su tiempo, pero si un museo se precia de abarcar desde el arte antiguo al contemporáneo, es todo un reto la exhibición. El Bellas Artes de Bilbao lo ha conseguido incluso en las exposiciones en curso. Trufar la muestra de la familia Arango con piezas contemporáneas, o la de la colección de Patricia Phelps de Cisneros con la instalación de Asier Mendizábal ha resultado magnífica. Por no hablar de las nuevas salas y la terraza. Y tres:

El arquitecto Norman Foster durante la presentación de la ampliación del Museo de Bellas Artes

El arquitecto Norman Foster durante la presentación de la ampliación del Museo de Bellas ArtesEuropa Press

3. Recuperar el espíritu fundacional de la institución: su apuesta por el coleccionismo. Una de las características del museo bilbaíno es que, desde sus inicios, la sociedad vizcaína la sintió como propia y donaron una parte importantes de sus colecciones. La reapertura no solo ha integrado préstamos extraordinarios como el Bodegón de San Diego de Sánchez Cotán, o la Niña de Velázquez de la Hispanic de Nueva York, sino que también exhibe otras piezas de particulares como el Bodegón de nueces de Pereda de los Achúcarro; o esculturas contemporáneas de Anthony Caro: Toronto flats; Low line flats (donadas ambas por la familia Foster); o África (perteneciente a la Colección Arango). Por no hablar de la Pila de libros Safo (Sappho), la escultura de Anselm Kiefer donada también por los Foster e instalada junto a la entrada del museo.

El museo recupera metros cuadrados. Se reinventa. Pero lo hace con criterio y sin estridencias. Respetando un entorno, el bello Parque de Doña Casilda Iturrizar, pulmón verde del centro de la ciudad. Y no solo hemos recuperado una de las pinacotecas más importantes de España, sino que la serenidad de su entorno -jardines, estanques y paseos- van a seguir haciendo de Bilbao una ciudad que mira al futuro sin complejos y con apuestas de enorme calidad.

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