Ramiro de Maeztu en una imagen de archivo
Ramiro de Maeztu, 90 años después: así murió asesinado a manos de milicianos republicanos
Instantes antes de su muerte, el intelectual católico expresó que moría para que los hijos de sus asesinos fueran mejores que ellos
De entre los muchos asesinatos por motivos ideológicos, rencillas personales o puro afán asesino durante la Guerra Civil, el del intelectual Ramiro de Maeztu, del que se cumplen 90 años, es uno de los más deleznables.
Quizás no sea Ramiro de Maeztu un personaje tan popular como Lorca o Pedro Muñoz Seca –de cuyos asesinatos se cumplen también 90 años en este 2026– pero su pérdida fue igualmente irreparable para la cultura y el pensamiento español, además de tratarse de un crimen de una enorme inhumanidad.
Ramiro de Maeztu fue uno de los principales pensadores del concepto moderno de Hispanidad y a él le debemos una de las obras esenciales para la construcción de un espacio común entre España y sus antiguos virreinatos donde se comparte no solo lengua y cultura, sino también una misma espiritualidad y vocación civilizacional.
En ese sentido, su obra Defensa de la Hispanidad, publicada en 1934, sigue siendo hoy un referente de primer orden.
Ramiro de Maeztu fue detenido por las brigadas mixtas (formadas por milicianos y carabineros) el 31 de julio de 1936 cuando se encontraba refugiado en la casa de José Luis Vázquez Dodero, uno de sus alumnos.
Las razones de su detención, como en tantos otros casos, siempre fueron difusas. ¿Acaso se necesitaba una razón para que los milicianos detuvieran a un católico y monárquico tradicionalista? Ramiro de Maeztu era director de la revista tradicionalista Acción Española, y esa circunstancia era razón más que suficiente para acabar en una checa.
El 2 de agosto los chequistas trasladaron a Ramiro de Maeztu a la cárcel de Ventas y, según señala la Fundación Disenso en un artículo de Juan Manuel Sayago, el encarcelamiento fue «por fascista» y se le acusó falsamente de pertenecer a Falange.
El odio de los republicanos de izquierda hacia Ramiro de Maeztu venía de lejos. El académico de la RAE y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas era un firme crítico de la República, un ferviente monárquico y católico que, sin embargo, no participó en la conspiración contra el Gobierno republicano ni tuvo ninguna relación con los conspiradores.
La única razón por la que fue encarcelado y, posteriormente fusilado, era el ser un relevante intelectual de derechas.
Según testimonios de amigos cercanos recogidos por la Fundación Disenso, el propio Ramiro de Maeztu era consciente del destino que le esperaba ante el creciente odio ideológico que se estaba instalando en España durante los años de la República: «Me matarán. Me doy por muerto. Me pegarán cuatro tiros en una esquina», declaró.
Tras una serie de gestiones infructuosas por parte de su esposa por medio de diferentes canales diplomáticos, en la madrugada del 29 de octubre de 1936, milicianos de las checas de Bellas Artes y Fomento se presentaron en la cárcel de Ventas con una orden de traslado de 32 prisioneros a la cárcel de Chinchilla, entre ellos, Ramiro de Maeztu.
Los prisioneros, sin embargo, no fueron trasladados a Chinchilla, sino al cementerio de Aravaca. No hubo condena para ninguno de ellos, ni siquiera juicio. Ramiro de Maeztu y los otros prisioneros (entre los cuales estaba Ramiro Ledesma) fueron fusilados contra la tapia del cementerio tras pronunciar su famoso epitafio: «Me matáis, pero no sabéis por qué me matáis. Yo sí sé por lo que muero: ¡para que vuestros hijos sean mejores que vosotros!».