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19 de abril de 2024

La restauradora Eleonora Pucci limpia el David de Miguel Ángel

La restauradora Eleonora Pucci limpia el David de Miguel ÁngelAFP

Cuidar el David de Miguel Ángel, «el trabajo más bonito del mundo»

Cada dos meses, Eleonora Pucci se sube a un andamio de más de seis metros desde donde puede mirar a los ojos a la escultura más famosa de la humanidad

Con una brocha de fibra sintética en la mano, Eleonora Pucci se mueve con soltura por una torre de andamios mientras levanta cuidadosamente el polvo que retira con una pequeña aspiradora que carga en su espalda. La suya es una de las profesiones más singulares que existen: se ocupa personalmente del mantenimiento y la conservación del David, la icónica escultura de Miguel Ángel Buonarroti y quizás una de las más hermosas que existe.
La extraordinaria estatua, de más de cinco metros de altura, se puede admirar en la Galería de la Academia de Florencia, donde es la atracción estrella de la pinacoteca con más de un millón de visitantes anuales.
«Me importa más cuidar de esta obra de arte que de mí misma porque el David es más delicado que un hombre de carne y hueso», explica la restauradora, quien es incapaz de olvidar aquel primer encuentro cara a cara con el David. «Una emoción que revivo cada vez que lo restauro y que me recuerda por qué elegí, a pesar de los muchos sacrificios que implica, hacer este trabajo», comenta Pucci.
Cada dos meses, –siempre los lunes, cuando el museo cierra sus puertas al público–Pucci se queda a solas con el coloso de Miguel Ángel. Ella es la única autorizada para realizar los controles y la limpieza de la figura. «Es importante tener una sola persona que haga la restauración de la pieza porque al conocer muy bien la estatua la puede controlar mejor», explican desde la dirección de la Galería de la Academia.
Cada dos meses, la escultura se somete a una cuidadosa limpieza

Cada dos meses, la escultura se somete a una cuidadosa limpiezaAFP

El joven Buonarroti logró una hazaña increíble, pero la fragilidad del material de su escultura aún persiste, y de hecho tiene muchas grietas y agujeros que la hacen vulnerable a los agentes externos. En este punto es donde entra en escena Pucci, quien se sube a un andamio de más de seis metros de altura para recorrer la superficie de la escultura centímetro a centímetro, asegurándose de que no ha entrado polvo ni otras impurezas en los taroli (imperfecciones) de la pieza de mármol.
La delicada y minuciosa labor de la restauradora italiana comienza con un primer plano fotográfico que sirve para observar el desgaste de la obra y comprobar, en dimensiones microscópicas, cuánto polvo e impurezas se han depositado desde la última restauración. El resultado depende y varía en función de diversos factores, como por ejemplo, la temporada o el número de visitantes que ha recibido la escultura.
La restauradora Eleonora Pucci toma fotografías durante la limpieza de la estatua del David

La restauradora toma fotografías de la estatua del DavidAFP

Si todo va bien, 'asear' al David puede llevar fácilmente una mañana (de 8.30 a 1.30 horas). La zona más difícil de limpiar del David, según explica Pucci, es el cabello. Los surcos que el joven presenta entre sus exuberantes rizos se obstruyen con polvo, pero también con telarañas e insectos muertos.
Contemplar al David tan de cerca para un experto en arte es una oportunidad única: «Se puede admirar la técnica de Miguel Ángel, las marcas que dejó su cincel», comenta Eleonora Pucci, quien se enorgullece de poder contribuir, aunque sea «en una pequeña parte» en la preservación de la belleza del David. «Hace que mi trabajo sea el más bonito del mundo», agrega.

Una obra imposible

En la época de Buonarroti, la escultura del David se consideraba una obra imposible, ya que aquel enorme bloque de mármol blanco de Carrara presentaba numerosas grietas. De hecho, durante mucho tiempo aquella mole permaneció abandonada en el patio de la Ópera del Duomo de Florencia después de que numerosos escultores fracasasen en la labor de esculpir algo en ella... hasta que en 1501 se le encargó a Buonarroti una empresa sin precedentes en el arte renacentista. El objetivo era crear una estatua de proporciones grandiosas del rey David, –de aproximadamente 80 metros de altura– que se colocaría sobre un contrafuerte de la catedral de Santa María del Fiore.
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