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Dalí llevó el surrealismo a su nivel más extremo con este cuadro expuesto en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar plasma las teorías freudianas de multiplicidad de significados de los sueños, aunque reformulada con los criterios dalinianos.

Salvador Dalí es uno de los artistas del Thyssen empleados para promover el compromiso afectivo con el planeta.Museo Thyssen-Bornemisza

El Thyssen vende «amor planetario» en una nueva exposición que demuestra su falta de ideas

El Museo Thyssen-Bornemisza presenta Terrafilia, una exposición donde se emplean las obras de arte del Thyssen para promover una relación afectiva con el planeta

El Museo Thyssen-Bornemisza no pierde ocasión para profundizar un poco más en su deriva woke ante una absoluta falta de ideas para sacar más partido a una colección permanente que, por su excepcional calidad, no debería necesitar de artificios ideológicos para mantenerse como una de las referencias museísticas europeas.

Y, sin embargo, el Museo, con su director artístico Guillermo Solana (de la órbita de Podemos), ha dado un nuevo giro a su alienación con los artefactos ideológicos del progresismo con una exposición titulada Terrafilia que se define como un «acto de amor planetario» (en palabras de su comisaria Daniela Zyman recogidas por Efe) y que contiene todos los elementos del medioambientalismo ideológico.

La muestra, explica su comisaria, ofrece una visión alternativa al paradigma antropocéntrico, proponiendo una tierra compartida por múltiples mundos más allá del humano.

Zyman ha definido esta iniciativa como «un acto de amor planetario» que invita a reconsiderar las relaciones entre los seres humanos, la naturaleza y otras entidades, apelando a un compromiso ético, espiritual y afectivo con el planeta.

La exposición reúne piezas procedentes de distintas épocas y estilos, en un diálogo entre obras clásicas y contemporáneas: Francisco de Goya se encuentra con los lenguajes del arte actual más audaz, Salvador Dalí se vincula con el vídeo arte y Pieter Brueghel el Viejo se relaciona con cerámicas del Museo Arqueológico.

Con esta apuesta, el museo busca que el visitante reflexione sobre el estrecho marco del antropocentrismo y contemple la existencia de diversos mundos simultáneos: geográficos, mitológicos, ecológicos o espirituales.

La exposición se articula en seis secciones que funcionan como escenarios narrativos diseñados para explorar formas distintas de habitar el planeta. Entre los temas abordados se encuentran los cosmogramas, las relaciones simbióticas, el universo onírico, la mirada racional o las dinámicas extractivas.

«Existe una única tierra, pero muchos mundos conviven en ella. En algunos de esos mundos las máquinas son vistas como inteligentes, mientras que en otros las montañas son consideradas parte de la familia», ha explicado Zyman, quien subraya que en el mismo planeta coexisten «el mundo humano, espiritual, animal, de los sueños y los mitos». Por ello, ha animado al público a abandonar su zona de confort y cuestionar la supremacía humana en la jerarquía del ser.

La exposición exhibe cerca de un centenar de obras de arte realizadas durante los últimos cinco siglos, procedentes de tres importantes fondos: la colección del propio museo, la colección de Carmen Thyssen y las piezas de arte contemporáneo pertenecientes a TBA21, la fundación impulsada por Francesca Thyssen-Bornemisza.

Lo más preocupante es que Guillermo Solana aseguró en la presentación que Terrafilia es «el futuro del Museo Thyssen», lo que elimina toda esperanza de que en el Thyssen vuelvan a verse exposiciones centradas en el arte y no exposiciones donde el arte su usa para hacer ideología.

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