26 de septiembre de 2022

Retrato de Antonio Maura

Retrato de Antonio MauraKaulak

«Ideario político». Maura sólo hay uno

La biografía de Antonio Maura es ejemplo de superación, coherencia y de entrega a su país. Su pensamiento inspiró a toda una generación de políticos españoles

Mauras hay muchos. Casi todos meritísimos. En esa lista cabe el propio director de opinión de este periódico. Pero me sucede que cuando escucho ese apellido no puedo más que pensar en Don Antonio. De ahí el título con el que encabezo estas líneas dedicadas a la reedición de su Ideario Político.
Mis años de tesis doctoral me sirvieron para aprender de él y de sus seguidores, los mauristas, que modernizaron e incluso refundaron la derecha española contemporánea durante la Restauración. Me gusta recordar que el Estatuto Catalán, aprobado durante la Segunda República, lo discuten dos de ellos, desde puntos de vista contrarios: Antonio Goicoechea y Ángel Ossorio y Gallardo.
Ideario político de Antonio Maura

frontera / 227 págs.

Ideario político

Antonio Maura

Antonio Maura (1853-1925) fue presidente del consejo de ministros cinco veces. Sólo Cánovas del Castillo, que lo fue en seis ocasiones, y Ramón María de Narváez y Práxedes Mateo Sagasta, que lo fueron en siete, le superaron. Como todos ellos, es poco conocido por el gran público. Victoria Ortega Benito, consejera del Consejo de Estado, presidenta del Consejo General de la Abogacía Española y de la Asociación Unión Profesional, le mencionó no hace mucho en el Parlamento para recordar que con él nació el sistema público de pensiones. Siendo presidente fundó el Instituto Nacional de Previsión.
Afortunadamente contamos con magníficas biografías para seguir su trayectoria. Recomiendo las de María Jesús González Hernández y José María Marco. Los estudios sobre las derechas españolas son minoritarios dentro de la profesión. La mayoría de los dedicados al maurismo datan de los noventa. En los últimos años destaca la proliferación de biografías. Me permito citar las más recientes: Antonio López García sobre el citado Ossorio y Gallardo (Editorial Reus), y Antonio Cañellas y Alfonso Pérez-Maura sobre Miguel (Ediciones FAES/Gota a Gota) y Gabriel Maura Gamazo (Ediciones Cinca), los hijos del político balear.
Muchos aspectos de la vida de Antonio Maura han llamado la atención de éstos y otros investigadores: sus orígenes mallorquines y las dificultades que le comportaron, su raíz liberal, su autonomismo como ministro de Ultramar, su regeneracionismo, su ingreso en el partido conservador de la mano de Gamazo, la relación con Alfonso XIII, su liderazgo discutido, las reformas que emprendió, la relación con el catalanismo, la crisis de la Semana Trágica, su política en Marruecos, la amenaza de Pablo Iglesias y el atentado que sufrió… la lista sería inacabable.
Maura tenía una pose seria, pero era dado a los gestos efectistas y teatrales y a las frases geniales, en consonancia con su fama de brillante orador parlamentario. Sus sentencias han servido para titular muchos libros de historia: «para gobernar no necesito más que luz y taquígrafos»; aspiro al «descuaje del caciquismo»; «el pensamiento no delinque»; «el derecho público no es católico ni protestante»; «la revolución desde arriba» para evitar la revolución desde abajo; «la masa neutra», etc.
Probablemente sólo José Ortega y Gasset ha dejado tantas ideas que han terminado incorporándose al acervo político de nuestro país. Fueron como un eslogan que marcó a la generación que vivió la etapa final de la Restauración. Mientras sus adversarios gritaban «¡Maura, no!», sus jóvenes seguidores esgrimieron el grito contrario y repitieron estas ideas machaconamente como esqueleto de un programa de gobierno que el propio líder sólo pudo poner parcialmente en práctica.

Maura no fue un intelectual, pero sí catalizó muchas de las corrientes que habían surgido en el pensamiento conservador

De ahí que se popularizasen en su momento folletos, a modo de breviario político, que intentaban condensar su pensamiento, como el que aquí nos ocupa, cuya primera edición data de 1918. El ideario servía como lectura frecuente, organizada por temas, para que los seguidores dieran la batalla en su entorno. Son textos que no siempre son fáciles de entender, por su estilo recargado, aunque permiten una lectura episódica y no lineal. Fueron discursos y por eso no pueden compararse a los escolios o notas marginales de algunos intelectuales que se han popularizado en las últimas décadas. Maura no fue un intelectual, pero sí catalizó muchas de las corrientes que habían surgido en el pensamiento conservador durante el siglo anterior y también en la Europa de su tiempo.
La tarea más compleja es contextualizar esos pensamientos. Por ello, las páginas de Federico Martínez Roda son un prólogo necesario, aunque creo que a muchos lectores les quedará corto si realmente quieren entender qué se significaron los textos escogidos.
Ahora que las aguas conservadoras andan revueltas tiene todo el sentido la recuperación de Maura, igual que en los ochenta y noventa, cuando se afianzó el Partido Popular, la derecha de entonces hizo un esfuerzo por rescatar a Cánovas del Castillo y lo que representó en la España del siglo XIX.
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