07 de diciembre de 2022

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Portada de «Tarzán de los Monos» de Edgar Rice BurroughsNórdica Libros

‘Tarzán’: la historia del rey de los monos antes de que Hollywood lo mancillara

Nórdica Libros nos trae una nueva edición del clásico de Edgar Rice Burroughs, una novela que vale la pena redescubrir

Hay personajes literarios que han llegado al gran público, para bien y para mal, distorsionados por la visión que de ellos se ha dado en las adaptaciones cinematográficas.
No siempre sucede, pero con mucha frecuencia la imagen común que nos hacemos de determinadas historias de ficción -y sus protagonistas- que tienen su origen en una novela es la interpretación que se ha hecho en un estudio de Hollywood.
Eso mismo es lo que sucede con Lord Greystoke, más conocido como Tarzán de los monos. La idea que del personaje nos hacemos todos es la del apuesto, galán, rubio y engominado Tarzán de la serie producida por la Metro Goldwyn Mayer e interpretado por Johnny Weissmüller.
Acompañado por su inseparable mona Chita y su leal Jane, y al son de su operístico grito de guerra, Tarzán vive higiénicas aventuras en la selva africana balanceándose entre lianas para regocijo del escrupuloso público estadounidense.
Sin embargo, el verdadero Lord Greystoke que imaginó Edgar Rice Burroughs en su Tarzán de los monos, de 1912, -que ahora reedita Nórdica Libros- es muy diferente.
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Nórdica Libros / 356 págs.

Tarzán de los monos

Edgar Rice Burroughs

Tarzán es, como Burroughs repite, una bestia, es un «animal antropomórfico» -porque en ningún lugar de la novela se señala que los animales que adoptan al niño-bestia sean exactamente monos- que no duda en matar a animales y hombres.
Es un ser despiadado embadurnado en barro para no contemplar su blanca piel que le da asco, envidioso de sus «congéneres» simiescos por su aspecto animal, y que debe luchar frente a la tentación del canibalismo.
«Matar era la ley del mundo salvaje que conocía. Pocos eran sus placeres primitivos, pero el mayor era acosar y matar», dice Burroughs en su novela. «Tarzán de los monos era asesino de hombres y bestias».
En ese sentido, la versión cinematográfica más cercana al Tarzán literario es la ofrecida por Hugh Hudson, director también de Carros de Fuego, en la película Greystoke, de 1984.
Tarzán de los monos de Edgar Rice Burroughs es una clásica novela de aventuras inspirada en las narraciones de Rudyard Kipling y con ecos de Robert Louis Stevenson, pero visto todo ello con un sarcástico prisma que el escritor estadounidense sitúa sobre la pomposa aristocracia europea.
Burroughs no deja pasar la oportunidad para divertirse a costa de los anacrónicos ritos de los Lords ingleses y sitúa a uno de ellos, Tarzán, asalvajado en una jungla africana viviendo entre simios y comiendo carne cruda de animales que mata con sus propias manos.
Porque la historia de Tarzán es la de un noble, John Clayton (Lord Greystoke) que viaja junto con su mujer embarazada a la localidad africana de Freetown para cumplir con una misión que le ha encomendado la corona británica.
De camino, la tripulación de su barco se amotina y la familia queda abandonada en la selva. Logran sobrevivir un tiempo, pero finalmente, el matrimonio muere y el pequeño Lord Greystoke, con poco más de un año, es adoptado por una tribu de simios.
De ese modo, Burroughs nos presenta a un Lord inglés que se pasea desnudo por la selva o, en el mejor de los casos, en taparrabos.
Frente a sus «iguales» de la aristocracia británica que pronuncian pomposos discursos en la Cámara de los Lores, Greystoke habla con los sonidos guturales del reino animal en un claro de la selva donde su tribu de simios ha ejecutado al líder de una tribu rival y proceden a devorarlo.
Si la aristocracia británica disfruta de una taza de té en los exclusivos clubes londinenses, Tarzán-Lord Greystoke corta a cuchillo trozos de carne de una leona que ha ejecutado con sus propias manos; o trata de entender por qué no es ético comer la carne humana.
Burroughs busca el contraste, lo explota y se divierte con ese ejercicio que repita en varios momentos de la novela.
La historia de Tarzán empieza con fuerza, tanta fuerza que al lector le costará soltar la novela. Toda la primera parte en la que se narra la infancia de Tarzán, su educación animal en la selva y su ascenso hasta convertirse en rey de los monos, es brillante.
Burroughs alcanza la cima de su maestría narrativa cuando describe cómo Tarzán aprende a leer y a escribir en inglés él solo, en medio de la selva, sin haber tenido jamás contacto con ningún humano, sólo con los libros que sus padres abandonaron en la improvisada cabaña que construyeron como hogar en la selva.
También es interesante el modo en que se plantea el debate antropológico interno que sufre Tarzán cuando descubre que no pertenece a la especie de los simios, sino a la de los hombres: «¿Podía Tarzán guiarse por las leyes de las bestias? ¿No era un hombre? Aunque ¿qué hacían los hombres? Estaba confundido, todo aquello le era desconocido».
En cambio, la narración pierde fuelle cuando los primeros humanos procedentes de Europa y Estados Unidos hacen aparición en la novela. Se trata de un evento inevitable y necesario pero que, por desgracia, rompe la magia de la novela como si se despertara de un profundo sueño.
Tarzán de los monos es una novela que merece ser redescubierta por el lector libre de prejuicios por el modo en que se ha maltratado el personaje.
Un maltrato del que participó el propio Burroughs que, azuzado por el éxito de la novela, dio continuidad al personaje en 23 continuaciones que desvirtuaron a su personaje y lo sumergieron en las profundidades del submundo literario pulp.
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