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21 de febrero de 2024

Portada de «Himno de retirada» de David Mamet

Portada de «Himno de retirada» de David MametDeusto

'Himno de retirada': lamento esperanzado ante la destrucción cultural woke

David Mamet, guionista de Los intocables de Eliot Ness, ofrece una contestación vital e intelectual a la restricción de libertades que vive Estados Unidos y el mundo occidental por culpa de una ola fanática que cancela todo lo que no es «puro»

Es autor de una treinta de obras de teatro, una docena y media de ensayos, y en torno a una treintena de guiones cinematográficos, aparte de algunos libros de poesía y novelas. Su destreza es evidente en los guiones de Hannibal (Ridley Scott, 2001), El cartero siempre llama dos veces (1981), Los intocables de Eliot Ness (Brian de Palma, 1987), la magistral La cortina de humo (1997), o Ronin (1998). Además de escribir el guion, también dirigió una película portentosa, sugestiva e inteligente, pero muy injustamente infravalorada: La trama (The Spanish Prisoner, 1997). Cuenta con dos nominaciones al Oscar, cinco galardones del Festival Internacional de Cine de Venecia, un premio Pulitzer de Teatro, entre otros reconocimientos. Hablamos, por tanto, de un autor con un talento fuera de cualquier duda. Es David Mamet (Chicago, 1947), un hombre que lamenta la deriva cultural de Estados Unidos y de Occidente, por culpa de una corrección política que ha traspasado los límites del mero debate y se ha convertido en una religión fanática que pretende destruir los cimientos de todo cuanto había antes del «Despertar» –a eso alude el fenómeno woke–.
De este libro se pueden destacar muchos rasgos, empezando por la reivindicación de sus raíces religiosas —judías— y de las enseñanzas de la Sagrada Escritura —Antiguo y Nuevo Testamento— como una guía moral y antropológica. Sin embargo, no hay nada beatorro, no hay nada de «Bible Belt and gun» en estas páginas. Hay, sobre todo, un recuerdo vital y un profuso recorrido por las fuentes literarias y culturales de su país. En medio de la elegía por el declinar cívico y civilizatorio, Mamet nos habla de la artesanía del antiguo periodismo, de cómo los chicos de las generaciones previas lidiaban el acoso de los matones del colegio, y de cómo Dios sigue siendo fuente de esperanza para las naciones que aspiran a un orden justo y libre en sus sociedades. Es un libro de gratitud, de celebración del libre albedrío, de dignidad humana sin consideraciones raciales o sexuales, de responsabilidad personal, de afirmación del «derecho a existir» frente al totalitarismo woke. Es un libro también atrevido, rabioso, contestario, en que se critica la inquina contra Trump, y en que se aborrece del influjo que han tenido figuras como Margaret Sanger —fundadora de Planned Parenthood— y John Dewey —pope del pedagogismo.
Portada de «Himno de retirada» de David Mamet

Deusto / 224 págs.

Himno de retirada

David Mamet

Mamet no es paleto, no es un reaccionario, no es un conspiranoico. Su judaísmo no es de kippá las veinticuatro horas y de escrúpulo ante un sándwich de jamón de pavo con queso. Muchos lectores se van a reconocer en Mamet. En su hartazgo, en su intenso amor por la cultura y en su enorme capacidad de diálogo, precisamente a través de la cultura. Una cultura que el mundo woke pretende borrar, aniquilar, condenar. Un mundo woke cuya evolución aparece descrita a lo largo de estas páginas. Porque este es un libro vital, testimonial, de observador que va contando los pasos que se han dado durante dos y tres generaciones. Da la impresión de que Mamet vislumbra que Occidente se levantó para luchar contra la arbitrariedad de los déspotas, la crueldad de los nazis y los comunistas, y ahora se está convirtiendo en todo eso que había derrotado. Con una redacción chisposa, caleidoscópica, aguda, de fuerte control del ritmo, este guionista nos cuenta qué ha sucedido en Occidente. Y nos lo explica como un intelectual que habla de tú a tú, despojado de pedanterías y exento de tono académico. A base de capítulos breves que funcionan como pequeños ensayos, densos y sabrosos.
Estas líneas son quizá un buen resumen que el propio Mamet ofrece: «Dentro del grupo, el individuo aterrado sumerge su razón en la unanimidad. Tras haber perdido la mente, es reducido a un estado cuasi animal y preferiría la extinción en compañía antes que la exclusión … La izquierda hace listas negras, anula y condena cualquier opinión contraria … No lo hace contra el disidente, sino como medida disuasoria frente al motín … La izquierda identifica al grupo con la humanidad, pero, al final, se trata sólo de la izquierda».
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