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24 de abril de 2024

La deshumanización del arte

La deshumanización del arte

Análisis, en carne viva, de cómo la estética mostraba los grandes cambios antropológicos de la civilización

«El arte de que hablamos no es sólo inhumano por no contener cosas humanas, sino que consiste activamente esa operación de deshumanizar», asegura Ortega y Gasset

Hace un siglo (1925), el pensador madrileño Ortega y Gasset publicó la pieza principal de este ensayo, el cual, con el paso del tiempo, iría completándose con otros opúsculos de temática similar. No era, sin embargo, el primer texto que Ortega dedicaba a la cuestión. Por eso, los editores, desde hace medio siglo, suelen ofrecer al público este análisis sobre el arte moderno, acompañado de otros artículos o conferencias, como «Ideas sobre la novela» o «El arte en presente y en pretérito». En todo caso, el peso principal parece que sigue recayendo sobre «La deshumanización del arte». El título es tan magnético como afortunado, puesto que da en la clave de cómo ha cambiado la mentalidad estética desde finales del siglo XIX, y ha acabado definiendo nuestra cultura.
La deshumanización del arte

Alianza (2019). Páginas: 232

La deshumanización del arte

José Ortega y Gasset

Hace un siglo, cuando los parámetros culturales eran muy distintos de los que hoy llevan tiempo asentados, Ortega disecciona qué es lo que estaba pasando. Qué había de radicalmente distinto en lo nuevo. En cierto modo, el suyo es un testimonio sobre el final de una manera de concebir el arte, y la relación del arte con la sociedad. Supone un análisis de las formas artísticas que hoy son corrientes, pero que entonces irrumpían de una manera revolucionaria. Habla de la diferencia nueva que se crea entre el artista y el público, y de conceptos como «gustar el arte», «entender el arte» –por eso, los «entendidos», los «iniciados» acusan al vulgo, que detesta el arte moderno, de «no saber comprenderlo»–. Asimismo, el texto incluye varios de los planteamientos meramente sociales y sociológicos del propio Ortega. Nos cuenta el filósofo: «El arte nuevo tiene a la masa en contra suya, y la tendrá siempre. Es impopular por esencia: más aún, es antipopular. Una obra cualquiera por él engendrada produce en el público automáticamente un curioso efecto sociológico. Lo divide en dos porciones: una, mínima, formada por reducido número de personas que le son favorables; otra, mayoritaria, innumerable, que le es hostil».
En este ensayo, Ortega nos indica el germen del arte nuevo y cómo este arte constituye una evidencia de que algo se ha quebrado en la civilización. El arte, al igual que la filosofía y la política, ha roto con los cánones de la tradición. Ya no es un arte que dependa de la naturaleza y de la condición humana; es un arte que depende de un proyecto de la voluntad. «El arte de que hablamos no es sólo inhumano por no contener cosas humanas, sino que consiste activamente esa operación de deshumanizar», asegura Ortega. Y prosigue: «El intento de deshumanización es clarísimo… Al mismo tiempo se advierte ejemplarmente la dificultad del gran público para acomodar la visión a esta perspectiva invertida… Al gran público le irrita que lo engañen y no sabe complacerse en el delicioso fraude del arte, tanto más exquisito cuanto mejor manifieste su textura fraudulenta».
Uno de los intelectuales que mejor entendió la enorme aportación de este ensayo fue John Senior, que lo cita de manera explícita varias veces en La muerte de la cultura cristiana (1978). Senior traslada un par de párrafos completos de «La deshumanización del arte», para explicar varias de las claves de la Modernidad –el triunfo de la sospecha sistémica y el subjetivismo– que han acabado conduciendo a lo que ahora denominamos «deconstrucción». Aunque Senior se aparta en algunos puntos de Ortega –Senior advierte que, a fin de cuentas, Ortega no deja de ser un moderno–, anota lo siguiente: «Ortega ha observado que la cultura es algo integral. Como crecimiento orgánico que es, todas sus partes (música, pintura, literatura, ciencia, política, filosofía, religión) se mueven y funcionan como una sola». A tenor de esta percepción, en La restauración de la cultura cristina (1983), Senior afirmará: «¿Qué es la cultura cristiana? Es, básicamente, la Misa. La cristiandad, lo que la secularidad denomina Civilización occidental, es la Misa y la parafernalia que la envuelve y hace posible. Toda la arquitectura, el arte, las formas políticas y sociales, la economía, el modo como la gente vive, siente y piensa, la música, la literatura… todas estas cosas, rectamente ordenadas, son formas de fomentar y proteger el Santo Sacrificio de la Misa».
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