Abordaje del Kent, de Robert Surcouf
Las patentes de corso de la Monarquía Hispánica
La arqueóloga e historiadora mexicana Vera Moya se adentra en la participación de los corsarios en las principales campañas de la Monarquía Hispánica, desde el medievo hasta las guerras napoleónicas
Cornelis Weus, Michel Jacobsen, Jan Jacobsen, Jacob Collaert… Son muchos los nombres de los corsarios flamencos que se batieron el cobre bajo la bandera de la Cruz de Borgoña durante la Guerra de los Ochenta Años, el conflicto que desangró entre los siglos XVI y XVII las arcas hispánicas en su frente europeo más septentrional. Y de entre todos ellos fueron los corsarios dunkerqueses los más destacados, caso de los cuatro arriba citados, llegando a comandar escuadras de la Monarquía Hispánica. Ciudades marítimas de antiquísima tradición marinera, como Dunkerque u Ostende, dotaron a los Habsburgo españoles de extraordinarios aliados en el mar legitimados para el combate legal con patentes de corso por parte de la Corona. Por desgracia sus nombres han caído en el olvido de la memoria española, que ahora pretende ser dirigida hacia otros derroteros. No ocurre igual en el caso dunkerqués, por ejemplo, en cuyo ayuntamiento se pueden contemplar hoy algunas de las estatuas de estos afamados personajes, como Michel Jacobsen.
Desperta Ferro (2025). 536 páginas
Reyes del corso. Historia de los corsarios españoles
Seguramente muchos no conozcan a los Jacobsen, a los Van der Walle (Adrien y Jacques), a Collaert, amén de muchos otros que participaron del corso español, y para esos muchos, precisamente, está escrito este libro: Reyes del corso. Historia de los corsarios españoles, de Vera Moya Sordo (Desperta Ferro, 2025). Pero lo primero de todo, un necesario apunte: con «corsarios españoles» la autora no se refiere a aquellos nacidos en suelo hispánico, sino a los que lucharon bajo pabellón de Austrias o Borbones españoles, ya fueran castellanos, vascos o valencianos, ya fueran flamencos, portugueses o ingleses (católicos, claro). Pues bien, la autora, arqueóloga e historiadora mexicana especializada en las armadas europeas y el uso por estas del corso, ha condensado prodigiosamente toda la historia del uso español del mismo, desde el medievo hasta el siglo XIX.
A lo largo de nueve capítulos, completados por un prefacio y un epílogo, Vera Moya presenta una abundante historia desde las «las negras naves de los aqueos» que zarparon hasta las playas de Troya hasta comienzos del siglo XIX, cuando la eclosión del nacionalismo haga poco recomendable la utilización de fuerzas navales no nacionales «a sueldo» y el romanticismo idealice terriblemente la labor del pirata como el último exponente de la libertad humana al margen de los fuertes límites de los estados, con ejemplos paradigmáticos como el de José de Espronceda y su Canción del pirata, poema aparecido en 1835.
Se puede decir, ya señalado lo anterior, que la verdadera chicha del volumen la encontrará el lector a partir del capítulo cuatro, titulado «Guerra suprema. Escuadras reales y corsarios de los años dorados», y hasta el nueve, «El principio del fin: la era de las revoluciones», desde el comienzo de la Guerra de los Ochenta Años hasta la finalización de las Guerras napoleónicas. El primero de los capítulos, aunque evocador, con los fragmentos homéricos, el ethos de las poleis griegas, el ius bellum romano y las recopilaciones de tratados medievales sobre conflicto naval, podría «hacerle bola» para aquellas mentes deseosas de llegar al núcleo del asunto; además de que resulta ciertamente peligroso establecer algunos paralelismos entre casos de la edad antigua y la moderna. Cuestión, por supuesto, sujeta a la subjetividad.
Y por supuesto, no podríamos acabar sin señalar el genial capítulo cinco, titulado «Navegantes de fortuna», donde el tablero de juego americano trae a la mente la más popular y conocida faceta de los corsarios (también de bucaneros, filibusteros y piratas): el Caribe, donde la Isla de la Tortuga (actual Haití), más conocida como Tortuga para toda una generación gracias a la película Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra (Gore Verbinski, 2003), que nos llevó al mundo de la piratería y el corso durante el siglo XVIII antes, incluso, que el Sandokán de Salgari. Compañías de Indias (Francesas, Inglesas, Holandesas), armadas de las grandes potencias (España, Francia, Gran Bretaña, Provincias Unidas…) y un sinfín de banderas libres o a sueldo, piratas y corsarios, en el contexto de un mar con más leyendas en su haber que extensión geográfica en su horizonte.
Un libro de enorme interés cuya imagen se ve considerablemente ensombrecida por la confusa –y en ocasiones equívoca (e.g. «cometían ultrajes infligiendo [sic] las reglas», p. 9)– prosa de la autora, único elemento negativo del volumen.