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La escritora Marta Jiménez SerranoPenguin Random House

'Oxígeno': la muerte dulce de Marta Jiménez Serrano

La autora narra el episodio de negligencia que le pudo costar la vida en un libro al que le falta pulso

A toda corriente le surgen rápido críticos o impugnadores, que con el tiempo acaban siendo mayoría. Es entonces cuando una 'moda' declina. Después de años de euforia, a la autoficción le han crecido los enanos y ya hace un tiempo que se viene hablando del agotamiento del género, cuando no del hartazgo.

Lo cierto es que la autoficción no está finiquitada e incluso goza de buena salud en las mesas de novedades. No obstante, además de una creciente consideración (reconsideración) de la pura fantasía como reacción a la ola autoficcional, sí se puede constatar que los libros testimoniales han ido derivando cada vez más en lo puramente biográfico, ya sin la máscara novelesca. En 2017, Manuel Alberca subtituló un ensayo con una frase que traza este recorrido: «De la autoficción a la antificción».

Alfaguara. 160 páginas

Oxígeno

Marta Jiménez Serrano

Oxígeno, el nuevo libro de Marta Jiménez Serrano, entraría en esa categoría de crónicas biográficas en la que lo relevante es la fuerza del testimonio (lo que se cuenta) o el acercamiento al mismo (cómo se cuenta) y donde el papel de lo literario-novelístico es menor, sin esa ambigüedad sobre los propios presupuestos narrativos que cultiva la autoficción.

Hay que reconocer que este tipo de literatura biográfica, que en la mesa de novedades pasa a menudo por novela, funciona casi siempre a través de una voz autorizada. Así, un libro como Oxígeno sería difícilmente publicable por alguien que no fuera Marta Jiménez Serrano, que ya se ha ganado un hueco en el panorama de la narrativa española. La propia Marta Jiménez Serrano no podría haber debutado con este libro.

Oxígeno es la historia de cómo en noviembre de 2020 la autora estuvo a punto de perder la vida por una fuga de monóxido de carbono debida a una negligencia por parte de su casera. «He aquí una frase extraña: supe qué es estar muriéndose», escribe. Esta experiencia con la 'muerte dulce' es algo que sabemos desde el inicio del libro e incluso desde la contraportada, por lo que el quid de la cuestión es de qué manera la narradora nos va a interesar en su desgracia.

La estrategia de la autora es envolver la anécdota, alargarla de ese modo en que en las películas se congela una escena para retomarla más adelante. Así, mientras Marta yace en el suelo del baño tras desvanecerse por la acción del monóxido, asistimos a su romance con el que acabaría siendo su novio, el también escritor Juan Gómez Bárcena; a una serie de consideraciones sobre la ingravidez de la existencia («lo raro es vivir», decía Carmen Martín Gaite); o a un recorrido por los pisos –muchos pisos, como buena millenial– en que ha vivido la autora y que delatan el 'mal del siglo': la precariedad y la inestabilidad crónicas.

A partir del suceso, o tomándolo como eje, Marta Jiménez Serrano desvela partes de su vida que estarían conectadas más o menos emocionalmente con aquel noviembre de 2020 en que casi pierde la vida, al tiempo en que lo proyecta hacia los siguientes años a través de un «trauma» que le costó sacarse de encima y añade pliegues de denuncia social. Recortes de prensa de sucesos similares, datos y entrevistas con las personas implicadas aquel día abrochan esta narración a modo de puzzle, con piezas breves engarzadas que facilitan una lectura fluida.

El problema de Oxígeno, que no es un libro aburrido, es que tampoco es apasionante. El testimonio de la autora se agota en sí mismo, no trasciende hacia nada ni tampoco transforma de ninguna manera (ni en ningún grado) al lector, ni para bien ni para mal. Es un libro que simplemente se constata, una dramática anécdota bien contada, administrada sabiamente por una autora que conoce su oficio y sabe sostenerlo hasta las 160 páginas.