Gregorio Luri en El Debate
Luri nos interpela: ¿y si lo imperfecto también fuera valioso?
Un ensayo que invita a pensar despacio y a reconciliarnos con nuestra propia imperfección
El libro, de 194 páginas y publicado en la colección Nuevo Ensayo, se presenta de un modo poco habitual en filosofía. Gregorio Luri lo construye como un mosaico de textos breves: pequeñas piezas que invitan a leer con calma, a detenerse y a dejar que cada fragmento despierte una idea nueva o conecte con la siguiente. Sin embargo, estos textos son de gran envergadura intelectual, filosófica y cultural, y ayudan a enriquecer la tarea educativa, que viene acompañada de una gran burocracia y de la inmediatez del momento actual.

Encuentro (2025). 194 páginas
La dignidad del mediocre. Pequeña filosofía de lo inacabado
El autor quiere recoger la importancia que tiene lo discreto, lo incompleto, aquello que todavía no se ha cerrado, ya que, como indica, «Somos seres mediocres pero que poseen, como dice Pessoa, la semilla de sí mismo». Palabras de gran rigor donde se aprecia la grandeza de nuestro ser, ya que la condición humana se sitúa entre la animalidad y la divinidad, entre el ser y la nada. Esta es la tensión que nos anima Luri a plantearnos y, sobre todo, a detenernos para reflexionar. Para este planteamiento, el autor realiza un recorrido por algunas de las grandes tradiciones del pensamiento occidental –de Demócrito a Heidegger– para mostrar cómo la historia de la filosofía ha reflexionado sobre lo inacabado, lo dinámico, lo indefinido. Asimismo, aprovecha para incorporar también referencias teológicas, culminando en la figura del apóstol san Juan, para destacar con sus palabras «la hermosa fragilidad de lo humano». En el fondo, el autor parece querer recordarnos que la luz y la sombra conviven en toda búsqueda sincera de sentido.
Como indica el título, La dignidad del mediocre ofrece una reflexión filosófica que interpela al terreno educativo, donde se percibe la trayectoria pedagógica de Luri, tras haber sido docente en todas las etapas educativas –desde primaria hasta universidad–. Nos aporta una profundidad poco frecuente en los debates pedagógicos actuales, ya que actualmente vemos modas pasajeras o dicotomías simplistas en la educación. Otro de los logros del libro es la defensa de una mirada reconciliada consigo misma. El autor propone así una pedagogía de la humildad, un recordatorio de que la madurez personal no pasa por alcanzar un ideal imposible, sino por aceptar que el camino es, en sí mismo, formativo.
Además, Luri sugiere, en cierta manera, que educar es acompañar a seres inacabados y que solo desde esa comprensión se puede cultivar un verdadero crecimiento humano, pero matizando el acompañamiento del discípulo-maestro, en el que indica: «Acompáñame y yo te llevaré a otro lugar». Aquí habría que detenerse en el acompañamiento: de quién y hacia dónde.
Cuando vamos finalizando la lectura, la sensación que puede percibir el lector es la de haber recorrido un camino que no concluye, ya que la propia estructura fragmentaria del libro busca este mensaje subliminal: que el propio autor anima, o parece que quiera, que entendamos la imperfección como parte del proceso cuando estamos leyendo el libro. Es un gran reto lo que persigue Luri, pues podemos detectar que lo que quiere es que nos paremos a pensar, a reflexionar sobre la imperfección o, como bien indica en su subtítulo, «pequeña filosofía de lo inacabado».
El autor matiza que todo ser humano debe buscar la excelencia, y lo indica literalmente así: «La andreia es la fogosidad metódica y bien encauzada puesta al servicio de la virtud. Es imprescindible para llevar a cabo todas las actividades humanas que aspiran a la excelencia (…) La andreia es la virtud del cazador». Con ello nos indica cómo la virtud combina la atención cuidadosa, la determinación para perseguir el bien, la paciencia para esperar el momento oportuno y la firmeza para decidir y actuar.
En un panorama cultural dominado por la búsqueda del éxito inmediato, Gregorio Luri nos ofrece un ensayo que invita a la pausa y a la reflexión. La dignidad del mediocre se podría decir que es una llamada a reconciliarnos con nuestra propia humanidad. Una obra necesaria, exigente y con gran rigor, que requiere tiempo, libreta y bolígrafo para integrar el contenido que nos transmite el autor.