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Cubierta de 'Sinsonte'Impedimenta

'Sinsonte': regresa una novela distópica que sorprende por su vigencia

Una sociedad que ha olvidado leer y pensar: desde esa inquietante premisa arranca esta distopía que dialoga directamente con nuestro presente

En un tiempo previo a la era de Internet, el autor percibe, como profesor de universidad, que sus alumnos cada vez leen menos. Es decir, en el fondo, no siguen adecuadamente sus lecciones (del latín legere, leer). La falta de lectura atenta contra la misión del «estudio» medieval, como en origen se decía en Salamanca. Docentes y discentes, unidos buscando la verdad, es lo que necesitamos para fortalecer al débil en su lucha contra el fuerte. En definitiva, para superar cualquier totalitarismo viviendo en libertad.

Traducido por Jon Bilbao. Impedimenta (2022), 352 páginas

Sinsonte

Walter Tevis

El pensamiento debería fluir del mundo más académico al conjunto de la sociedad. En ese sentido, la editorial Impedimenta reconoce en Sinsonte ecos de clásicos del género distópico, en cuyas tramas abunda la falta de pensamiento crítico. En Un mundo feliz, de Aldous Huxley, John el Salvaje, gracias a que aprende a leer, escapa de su ambiente gracias a un hecho que ha pasado a ser excepcional. En Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, los libros están prohibidos y los bomberos se encargan de quemarlos porque, en vez de apagar fuegos, los provocan.

Tevis recoge esta tradición literaria que venía a defender el papa Francisco en su Carta sobre la importancia de la Literatura en la formación (17/07/2024). Lo cierto es que la lectura sirve de antídoto contra el aislamiento y favorece la apertura a la alteridad. Por su parte, Paul Bentley y Mary Lou, protagonistas de Sinsonte, exploran temas como la cultura, la soledad y la libertad. En sus páginas sorprende encontrar afirmaciones como «Leer es algo muy íntimo –dijo–, te acerca demasiado a las emociones y a las ideas de los demás. Te altera y te confunde.»

A quien nada le debería turbar es a Robert Spofforth, androide de «nivel nueve», puramente modélico, salvo por su falta de vulnerabilidad, que coarta su deseo de morir. En Sinsonte, los tres personajes experimentan el significado más profundo de la historia: preguntarse qué significa ser auténticamente humano. El propio robot experimenta una crisis existencial anómala para una inteligencia artificial diseñada para la eficiencia y el control. Una mente algorítmica, que ocupa el puesto de rector de la Universidad de Nueva York, pasa a verse desnortada por la decadencia tecnocrática.

¿Es la emoción una locura? Para el racionalismo, sí. La obra estremece al detallar una sociedad donde el amor ha desaparecido, no solo como experiencia, sino también como palabra. Paul se sorprende al pensar en la expresión «enamorarse», porque nadie la usa y ni siquiera forma parte del lenguaje común. En cambio, se enseña que el sexo debe «ser rápido y sin compromiso», una experiencia narcotizada. Esto refleja una sociedad vacía, donde los vínculos han sido eliminados para evitar el dolor, pero también se ha perdido el sentido de las relaciones humanas. Se pasa del abuso de las drogas al nihilismo, que acaba desembocando en suicidios colectivos normalizados.

«Cuando murió la alfabetización, también murió la historia. Y la idea del yo, la noción del alma, todo desapareció». El libro refleja cómo los humanos corremos el riesgo de convertirnos en huecas campanas, repicando una vida funcionalista. De ahí el sinsonte o ruiseñor, con su ser animal, conocido por imitar sonidos sin comprender su significado. El inmanentismo no lleva al florecimiento de la persona, sino a un repliegue sobre sí misma. Todo ello hace que carezca de sentido que pueda aportar algo al mundo: no me puedo entregar, pero tampoco espero recibir.

Descubrir la lectoescritura permite a los protagonistas reconocerse como personas con pensamiento propio. En esa línea, la ética narrativa (H. Brody, en España D. Moratalla) propone actuar conforme a una síntesis entre los principios personales y los recibidos colectivamente. En la novela se reivindica la capacidad de leer y narrar historias como constituyente de sujetos morales. La pérdida de la alfabetización representa una forma de violencia estructural que mina la identidad personal. Esto vulnera la justicia distributiva al crear una sociedad desigual en términos de conocimiento.

Paul descubre con gran emoción que está consiguiendo «memorizar su vida» gracias a recurrir al diccionario. El traductor destaca cómo, en la edición original, se habla de to learn by heart, aprender de corazón. En español podríamos hablar de «recordar», volver a pasar por el corazón. Volver a sabernos humanos frente al totalitarismo, el inmanentismo y el consumismo. Se priva a las personas de su dimensión relacional de manera programática en la educación. El compromiso y la fidelidad son como un pecado mortal que se combaten con la «Autosuficiencia».

En realidad, nuestra sociedad, heredera de Mayo del 68, se calibra en términos similares en torno al liberalismo radical. Sin embargo, la verdadera libertad está adecuadamente unida a la responsabilidad. Estamos llamados a manifestar lo que somos dando una respuesta al sentido de nuestras vidas. Sinsonte, sin duda, ayuda a ponerse en camino con la compañía de un magnífico autor que no da puntada sin hilo.