Cubierta de 'Señor de su ánimo'
‘Señor de su ánimo’: un escritor rescatado por las mismas leyes que pretendían sepultarlo
Una novela vibrante que demuestra que Pemán sigue más vivo más allá de cualquier polémica política artificial
Llevo un cuarto de siglo en el mundo editorial y he de confesar que este sigue siendo para mí un terrible desconocido. O mejor dicho: es ese amigo indisciplinado y estridente a quien le tengo afecto aunque en muchas ocasiones no logro entenderlo.
Homo Legens (2026), 376 páginas
Señor de su ánimo
Pero si usted, querido lector, sí comprende este mundillo, explíqueme, por ejemplo, por qué un autor resurge cual ave fénix como respuesta a cierta tendencia revanchista dirigida desde instituciones y grupos políticos que han querido borrarlo de la faz de la tierra y solo han conseguido —la cancelación cancelada, por así decirlo— reavivar su figura personal y literaria cuarenta y cinco años después de su muerte.
El autor es José María Pemán (1897-1981), poeta, dramaturgo, novelista y articulista, y la paradoja la recoge Enrique García-Máiquez en el prólogo de Señor de su ánimo, cuya segunda edición Homo Legens ha editado en febrero de 2026.
Por ese espíritu socarrón que a pesar de los años aún me asiste —o quizá acentuado precisamente por la edad—, no he podido dejar de sonreír mientras leía en la citada introducción que, después de que retiraran bustos de Pemán de teatros y jardines, nombres de calles y de colegios —llegaron a arrancar de su casa natal una placa escultórica de José Luis Vassallo, en la que se conmemoraba su nacimiento—, el escritor gaditano ha experimentado un revival en la prensa, se han editado libros suyos e incluso se han filmado documentales. Y sentencia García-Máiquez, por si alguien tuviera alguna duda, «las mismas leyes que pretendían sepultarlo han terminado por rescatarlo».
No tiene mucho sentido nada de esto, ni el revanchismo ni el contrarrevanchismo, teniendo en cuenta que hablamos de un primer espada de la literatura española del siglo XX, pero ya sabemos que todo lo que toca la política lo emponzoña.
En fin, ¿y qué encontramos en Señor de su ánimo, publicada por primera vez en 1943? El personaje principal es Patricia, hija del marqués de Somorrostro, una joven privilegiada y despierta que, contrariada por la ruptura sentimental con el militar Pablo Martín de Cela, decide marcharse a Tetuán en compañía de una prima. Allí, en calidad de enfermera voluntaria, mientras intenta recuperarse anímicamente de un noviazgo fallido, conocerá al recio pero íntegro capitán de infantería Lope de Cantos, con quien, después de unos primeros encuentros desconcertantes, acaba por casarse.
La novela no se limita a lo estrictamente personal; muy al contrario, gracias a ella conocemos los últimos años de Miguel Primo de Rivera —el padre de Patricia se tiene por amigo suyo— y la guerra del Rif, así como el tramo final del rey Alfonso XIII y el inicio de la Segunda República. Y como la imaginación de lector es libre, he encontrado en estas páginas salones aristocráticos a lo Proust y amores de hospital a lo Hemingway, que ya son ganas de mezclar churras con merinas.
La narración nos lleva a diversas localizaciones (Madrid, Tetuán, París, Roma…), y nos va mostrando a una Patricia cada vez más madura, muy lejos de esa joven frívola de la alta nobleza que se nos presentaba al inicio.
Con el paso de las páginas, nos sumergimos a través de su mirada en una historia de amor que aborda temas como la lealtad, el patriotismo y la fidelidad, todo ello en una España que, como apunta el capitán Lope de Cantos en una página cuyo número no recuerdo, está enferma. La novela podría ser, si nos ponemos exquisitos, un canto a la responsabilidad y a la templanza de carácter.
Mi recomendación: olvídense de las rencillas políticas que convierten a los escritores en héroes o villanos y lean esta estupenda novela con sana curiosidad. Su prosa excelsa, su tensión narrativa y su hondura clásica hacen de Señor de su ánimo la herramienta perfecta para repensar nuestra literatura y nuestra historia de la mano de un escritor memorable al que los buenos lectores —no busquen aquí a los políticos rencorosos— deberían regresar cada cierto tiempo.