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Hasta su abuelo, lámina 39 de «Los Caprichos», 1799

'Hasta su abuelo', lámina 39 de Los Caprichos, 1799Francisco de Goya

'Allegro ma non troppo': el ensayo satírico que convierte la torpeza ajena en placer literario

O cuando el humor y la inteligencia nos elevan a la reflexión sobre los otros y nosotros mismos

Abrir este ensayo satírico de Carlo Maria Cipolla para deleitarse con su lectura, es como abrir una botella de Brunello di Montalcino para degustarla con un parmesano mientras, escuchamos a un amigo italiano dotado de enorme sabiduría, humor e inteligencia. Todo un placer.

Cubierta de 'Allegro ma non troppo'

Booket (2026). 112 páginas

Allegro ma non troppo. Las leyes fundamentales de la estupidez humana

Carlo M. Cipolla

El libro se compone de dos textos, el primero titulado El papel de las especias (y en especial de la pimienta) en el desarrollo económico de la Edad Media. Yo soy consciente de la vital importancia de la pimienta negra en la elaboración de la salsa carbonara. Pero no tenía ni idea de sus supuestos poderes afrodisíacos. Lógico. El texto es una parodia de las síntesis académicas de Historia económica, y surgió como broma privada del autor en los años 70.

Cipolla se mofa de la comunidad académica y sus ensayos sesudos que no dicen nada de nada. Pero él es todo finezza frente a la impostura. Como el buen diseño italiano o el buen gusto en la mesa. Y su humor, elegante, refinado e incisivo como el asesinato con stiletto veneziano o daga veneciana.

Terminada la lectura de la primera parte, se puede llegar a pensar que va a ser uno de esos libros breves y lectura rápida, mientras esperamos ante el retraso de un ser querido, o nos tomamos la tarde de dolce far niente. Falso.

Con la segunda parte del libro, Las leyes fundamentales de la estupidez humana, el texto nos cautiva para tomarnos nuestro tiempo; a estar retrocediendo una y otra vez a las páginas ya leídas, a interrumpir la lectura para pensar en hechos y gente de nuestro pasado y presente; a clasificarles entre incautos, inteligentes, malvados y estúpidos. Y volveremos a reír con lo que nos hemos previamente reído.

Y en mi caso voy a más. El texto me ha logrado poner de tan buen humor, que pienso dedicar mi día no solo a Cipolla. Voy a dedicar la jornada entera a Italia y a todo lo que me ha regalado; a escuchar a la Callas y cocinar unas berenjenas a la parmesana o, parmigiana di melanzane.

Stultorum infinitus est numerus, o, «el número de estúpidos es infinito»; una frase bíblica que aparece en el Eclesiastés (Ecl. 1.15). Dato metafórico aunque matemáticamente incorrecto. El número de seres humanos es finito, como bien refuta el autor antes de introducirnos en materia. Su primera ley enuncia que cada uno de nosotros subestima la cantidad de gente estúpida que habita en el planeta.

La segunda ley concluye que la probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica que posea esa persona. Suena lógico; se puede tener un cociente de inteligencia alto y ser rematadamente estúpido. ¿Quién no ha conocido a alguien así?

Las personas razonables se plantean cómo gente tan estúpida alcanza puestos de poder. Cipolla nos da una explicación más que lógica. La evolución de las clases y castas preindustriales ha sido sustituida por los partidos políticos, la burocracia y la democracia. Ahora, piense usted en personas concretas del gabinete ministerial o del parlamento.

Y mientras escancio otra copa de Brunello, qué podría decir telegráficamente del autor. Carlo María Cipolla (1922 - 2000) fue catedrático de Historia económica en las universidades de Pavía y Berkeley, California. Y debió tener que vérselas con mucho cantamañanas con aires de sunny boy.

En español tiene varios libros favoritos fundamentales que me atrevo a recomendar; Tres historias extravagantes, para continuar en la línea con juicios agudos y sabrosos. La decadencia económica de los imperios; ojo, que esta lectura a todos nos puede venir bien, y para quienes busquen el conocimiento junto al rigor intelectual, Historia económica de la población mundial.

Contemplando alguna foto de Carlo Maria Cipolla, con su mirada penetrante y su sonrisa de Gioconda, se deduce una personalidad enigmática, sofisticada y poliédrica, con múltiples capas como una cebolla, que es lo que en italiano significa su apellido.

Su tercera ley viene a decir que una persona estúpida es aquella que causa perjuicio al prójimo sin obtener ningún beneficio propio. Todo lo contrario que la persona inteligente, que es aquella que provoca el bien al prójimo, obteniendo un beneficio propio.

Por cierto y hablando de hacer el bien al prójimo; la albahaca fresca para las berenjenas a la parmesana, siempre, y escribo enfatizando el siempre, ha de ser napolitana, jamás albahaca genovesa. Il diavolo si nasconde nei piccoli dettagli.

La cuarta ley afirma que las personas no estúpidas subestiman y olvidan siempre el peligro potencial de los estúpidos. Tratar con gente estúpida es un error que siempre sale caro.

La quinta y la última ley nos dice que la persona estúpida es la persona más peligrosa que existe. Incluso más peligrosa que el malvado. Y bien cita Cipolla al poeta del romanticismo alemán, Friedrich von Schiller; «contra la estupidez hasta los mismos dioses luchan en vano».

El anexo final del texto concluye con unas gráficas, que no deben ser tomadas demasiado en serio, pero sí son una manera lúdica de preguntarnos sobre la gente de nuestro entorno y nosotros mismos. Y desde luego, con posibilidades de que nuestra media sonrisa se nos quede helada. Como la copa de limoncello que se sirve congelada para que, antes de las berenjenas, abramos el apetito.

Si todo esto que le he comentado es una pequeña parte de las muchas cosas que he aprendido leyendo este libro, imagínese lo que puede aprender usted. Disfrute de la lectura.

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