Cubierta de 'El club de las indomables'
`El club de las indomables': otra historia deslumbrante de mujeres rebeldes del sur de Estados Unidos
La segunda novela de Kathryn Stockett nos traslada a los difíciles años de la Gran Depresión para retratar a tres mujeres muy diferentes dispuestas a desafiar los obstáculos de su tiempo y tomar las riendas de su vida
En el Mississippi de 1933, en plena Gran Depresión, los caminos de tres mujeres muy distintas se cruzan en un momento en el que la pobreza y las convenciones sociales condicionan sus vidas de forma implacable. Meg es una huérfana de once años recluida en un orfanato, que aún espera confiadamente en que algún día regresará su madre. Birdie es una joven mujer enviada a la mansión de su hermana, que está casada con un rico y respetable banquero, para pedirle el dinero que evite la ruina de su familia. Y Charlie, la madre de Meg, está dispuesta a todo para recuperar a su hija y darle una vida mejor. El convencimiento de no tener ya casi nada que perder es lo que las une para enfrentarse a los obstáculos y convertirse en las mujeres indomables del título.

Traduccion de Claudia Conde Fisas.
Planeta (2026). 896 páginas
El club de las indomables
Sin duda, uno de los puntos fuertes es su trío protagonista: Meg, Birdie y Charlie. Teniendo conflictos muy diferentes y estando separadas en principio tanto de forma argumental como geográfica, acaban convergiendo argumentalmente de manera natural. La voz narradora es compartida entre Birdie y Meg, a lo largo de largos capítulos (o más bien, bloques narrativos) que se alternan. Resulta especialmente interesante la voz narrativa de Meg, una niña de once años que, pese a estar marcada por el abandono, la soledad y los malos tratos, resulta una narradora inteligente, perspicaz y divertida.
El tema de la solidaridad femenina (o sororidad, como se ha dado en llamar últimamente) está muy presente. Y en este caso no nace solo como respuesta al machismo para cambiar la rivalidad entre mujeres por la unión. Los personajes femeninos se necesitan porque les ha tocado vivir y sobrevivir en una sociedad que les ofrece pocas alternativas o que, directamente, se esfuerza por ponérselo realmente difícil, ya sea por su clase social, su color de piel, su profesión o sus raíces familiares. Primero por necesidad e interés, y luego por verdadera amistad, tejen una red de apoyo entre ellas que se convierte en uno de los rasgos más importantes y cálidos de la novela. Y lo más interesante es que son mujeres muy diferentes entre sí, con muy poco en común en apariencia, pero unidas por el deseo de sobrevivir con dignidad y de conseguir la vida que desean, aunque para ello tengan que alcanzar límites morales ambiguos. También asoman personajes masculinos bien desarrollados cuyo papel es importante en la trama, pero sin duda el protagonismo queda reservado para ellas.
La ambientación, sobresaliente, condiciona profundamente la vida de las protagonistas y es uno de los grandes aciertos de la novela. El sur de Estados Unidos, que ya era un personaje más en Criadas y señoras tiene tanto peso narrativo que el lector se ve realmente transportado a él. Si su primera novela transcurría en los años 60, la dimensión histórica de El club de las indomables, que es la Gran Depresión de los años 30, actúa como mucho más que un decorado. La pobreza y el desempleo ayudan a entender muchas de las decisiones de los personajes. El Mississippi rural, marcado por las desigualdades y las apariencias, es recreado como un lugar a la vez cruel y en cierto modo encantador. Los orfanatos, instituciones y «hospitales» mentales aportan una dura visión del destino que afrontaban las personas abandonadas o fuera de los modelos sociales más convencionales: huérfanos, madres solteras, homosexuales, prostitutas... Incluso algunos acontecimientos que podrían parecernos fruto de la imaginación de la autora por su dureza, como la esterilización forzosa de los llamados «débiles mentales», son hechos históricos amparados por leyes que, en el presente, nos parecen imposibles.
Además de la excelente ambientación, otro punto a destacar es el perfecto equilibrio que la autora consigue entre dureza y humor: muchas de las situaciones que narra (y el contexto en que ocurren) podrían describirse como desgarradoras, pero el tono ligero que utiliza, casi humorístico, crea un contraste delicadamente perfilado, una simbiosis mágica: no es una novela sombría, sino llena de luz, incluso divertida. Algo muy difícil de conseguir y que enamora al lector desde el principio.
Son casi novecientas páginas, y este detalle podría convertirse en un punto en su contra. ¿Podría haberse contado la misma historia en la mitad de páginas? Es posible que algunos lectores lleguen a esa conclusión... Pero, incluso siendo una novela tan larga, no puede dejar de leerse. No es solo que sea muy entretenida, sino que Stockett inocula en el lector una desesperada necesidad por averiguar el destino de los personajes.
Si Criadas y señoras convirtió a Kathryn Stockett en una autora imprescindible para quienes disfrutan de las historias protagonizadas por mujeres fuertes y vulnerables que viven en tiempos de desigualdad, El club de las indomables demuestra que el éxito de ese universo no fue casual. El lector se adentrará en el mismo territorio narrativo, pero no en otro Criadas y señoras. Los temas que en su novela anterior se centraban en el racismo aún imperante en los años 60, en la creatividad femenina y en la falsedad social, ahora resultan en una exploración profunda y emotiva de la maternidad, la pobreza, el abandono y todo lo que una persona decidida a recuperar lo que más ama está dispuesta a hacer. Es una nueva y original historia con luz propia y personajes inolvidables que no extrañaría ver convertida en película o serie dentro de un tiempo.