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Cubierta de 'Barrabás'Encuentro

‘Barrabás’, el bandido que quería creer

Un relato oscuro y profundo sobre la soledad del hombre y el escándalo de la cruz

¿Lectura de Semana Santa? ¿Un típico relato complementario a la Pasión? Ni lo uno, ni lo otro, sino mucho más que todo eso. Barrabás es una atípica novela, basada en el relato evangélico pero dirigida a hombres de toda confesión; breve pero hondamente profunda; narrativa pero de gran calado filosófico; muy humana pero sumamente trascendente. También en su autor, Pär Lagerkvist se acumulan las paradojas. Poco conocido por el público, fue reconocido con un Nobel al año siguiente de la publicación de la novela (1951). Su tono existencialista de brochazos expresionistas da forma a una novela de contenido religioso que cautivó incluso a un agnóstico André Gide. Este escritor francés afirmó: «No dudemos: el Barrabás de Pär Lagerkvist es un libro extraordinario».

Encuentro (2007). 144 páginas

Barrabás

Pär Lagerkvist

Un diálogo sigue a otro y las escenas también se suceden dinámicas; la novela avanza con agilidad, pero deja un poso pesado, que cala hondo. El autor sueco tiene la capacidad de percutir sin hacer ruido pero horadando nuestro corazón a golpe de preguntas. El relato es oscuro; el propio Barrabás vio cómo todo se eclipsaba aquella tarde en el Gólgota. Pero, transcurrida la hora de nona, las tinieblas no se despejaron tan fácilmente en su interior. Del calvario del Mesías condenado al del delincuente indultado. El via crucis del protagonista también cuenta con caídas, con encuentros, con una carga muy pesada, ¿con una esperanza final? La oscuridad de los ojos que rechazan la luz; la carga de quien se resiste a quedar libre de culpa; las caídas de quien quiere creer pero rehúsa al mismo tiempo.

La película de 1961 con la que Richard Fleischer llevó esta novela al cine pudo reflejar muy oportunamente esta ausencia de luz. El 15 de febrero del año de su lanzamiento tuvo lugar un eclipse total de sol, semejante a las tinieblas sobre el Gólgota descritas en el relato de la Pasión. Anthony Quinn interpreta a un Barrabás que se ha visto forjado por la violencia del mundo romano y que ha sido testigo del horror alegre de los primeros en entregar su vida por Cristo. Vemos a un hombre que ha sufrido, mucho, y que, presenciando este nuevo estilo de dolor, no cesa de preguntarse: «¿Cómo es posible querer sufrir, cuando no es necesario y nadie obliga a uno a sufrir?»

La pretendida indiferencia y la necesidad de olvidar se ven interpeladas, sin quererlo él, por el arma más poderosa: el Amor más grande. Aquel que exhortó a dar la vida por los amigos, cumplió su mandamiento con creces al entregarla también por sus enemigos, también por los que lo habían condenado a muerte. Presenciar esto y quedar impasible es impensable, también para el más duro de los delincuentes, también para Barrabás.

Barrabás ha estado al pie de una condena singular, ha presenciado el mayor de los milagros. La mirada de aquel hombre y el posterior encuentro con aquellos que lo conocieron parecen ir moldeando el sentir y el vivir del que se había granjeado fama de bandido. «El ternero y el león pacerán juntos» y la bestia obrará con dulzura. «Los ciegos ven, los cojos andan (...) los muertos resucitan»… y los paganos, como Barrabás, confiesan «yo quisiera creer». Las palabras del bandolero no alcanzan a explicar, los ojos de los que lo conocieron antes de aquella histórica noche quedan igualmente confundidos ante su nueva actitud.

Una historia del pasado, de los orígenes de la fe cristiana, pero tan íntima que es eterna. Barrabás es el drama de la soledad del hombre que quiere desentenderse de Cristo, pero no sabe cómo no toparse con su mirada de misericordia. No aspira a recrear lo que pudo ser, ni a inventar historias verosímiles en torno al texto evangélico. La historicidad o la falta de ella, la fidelidad a las tradiciones o la traición a las mismas son detalles secundarios y, de existir, son solo en aras de reforzar la profundidad. Pues, si algo pretende Lagerkvist, es apuntar con acierto al corazón del misterio. O, más bien, del doble misterio: el del Amor de Dios, el de la soledad del hombre.