Fundado en 1910

Cubierta de 'La subasta del lote 49'Tusquets

‘La subasta del lote 49’: no apto para obsesivos

Menos de doscientas páginas le bastan a Pynchon para contagiarte la paranoia… y que encima lo disfrutes

Pocos autores son tan influyentes en la alta literatura y en la cultura popular y, a la vez, tan desconocidos como Thomas Pynchon. Y lo de desconocido es literal: apenas se conservan unas pocas fotografías suyas de hace más de sesenta años, no concede entrevistas y de su vida privada se sabe tan poco como de la de J. D. Salinger. De hecho, una teoría muy extendida en los setenta sostenía que ambos eran la misma persona. Sabemos que no es así porque Salinger murió hace quince años y Pynchon sigue sacando libros.

Si el misterio que envuelve al hombre es voluntario, el que rodea a sus novelas tiene otros motivos. Su obra más célebre, El arco iris de gravedad, se ha comparado con Ulises de Joyce por su complejidad, por su extensión y también por el contraste entre lo mucho que se habla de ella y lo poco que se ha leído. Pero igual que Ulises tiene en Retrato del artista adolescente una puerta de entrada más cómoda al universo joyceano, Pynchon fue piadoso con sus lectores y escribió La subasta del lote 49, que condensa su estética y sus obsesiones en una novela de menos de doscientas páginas.

Traducido por Antonio-prometeo moya
Tusquets (2025). 192 páginas

La subasta del lote 49

Thomas Pynchon

Antes de entrar en el libro, merece la pena detenerse en el impacto de Pynchon, un autor al que muchos conocen sin haberlo leído y cuya huella desborda su propia obra: el último éxito de Paul Thomas Anderson, Una batalla tras otra, está libremente basado en su novela Vineland.

Uno de los rasgos de la literatura posmoderna, de la que es uno de los padres, es la mezcla de registros cultos y populares: los dibujos de Hanna-Barbera y canciones pop conviven con teorías cuánticas e imitaciones de dramas isabelinos. El propio Pynchon ha sabido reírse de sí mismo al aparecer en dos episodios de Los Simpson con su voz real (y una bolsa de papel en la cabeza).

La subasta del lote 49 parte de una premisa sencilla. Oedipa Maas es nombrada albacea del testamento de Pierce Inverarity, magnate inmobiliario y antiguo amante suyo. Para cumplir con su cometido, debe viajar a San Narciso, una ciudad ficticia de California. Estamos en los años sesenta y eso se nota. A partir de ahí, Oedipa empieza a reconocer patrones allá por donde va, símbolos que se repiten (la corneta con silenciador, las siglas W.A.S.T.E.), sellos falsos, tragedias isabelinas manipuladas, huesos humanos utilizados como filtros de cigarrillo…, todo ello en torno a las posesiones de su difunto ex-amante y a un nombre que engloba ese mundo misterioso: Trystero.

La albacea de nombre precioso no se amedrenta: con la impulsividad y el arrojo de un híbrido entre detective clásico y de novela negra (Holmes y Marlowe con cuerpo de mujer), pregunta, conoce a gente y se mueve por el mundo contracultural de la música pop y el LSD, con Vietnam y la Guerra Fría como telón de fondo. La gente muere a su alrededor. Cuanta más información reúne, menos certezas tiene, hasta el punto de no saber si se encuentra ante una conspiración secreta con siglos de historia, ante una trampa que Inverarity le tendió antes de morir o si simplemente está cayendo en la paranoia más profunda.

Es mérito de Pynchon está en sumergir al lector en el mundo alucinado de sus personajes. La trama atrapa por su opacidad y por su exigencia: la información y los acontecimientos se agolpan en sus páginas, y reconocerlos y digerirlos requiere una atención digna de un lector de Kant. No es un libro fácil, pero sí satisfactorio.

Pynchon no resuelve problemas: plantea preguntas. Detrás de toda su obra, y también de esta, late la gran cuestión de la entropía: ¿tendemos al desorden, al caos?, ¿o es el caos lo que nos ordena? La novela indaga en la casualidad y la causalidad, en la búsqueda de sentido en un mundo construido con escombros ideológicos. Hay quien dice que esa época está superada; otros, que seguimos empantanados en ella. A unos y a otros, si tienen ganas de un tour de force intelectual, les recomiendo esta novelita.