José Ortega y Gasset, en su despacho
'La deshumanización del arte': un ensayo polémico sobre el arte impopular
El filósofo español no solo define con palabras. Tan intelectual como creativo, es capaz de pintar con ingeniosísimas imágenes que prueban la pertinencia de las metáforas bien aplicadas
Impopular. Impopulares son el arte nuevo, los artistas jóvenes y… este ensayo de José Ortega y Gasset. Corren los años 20 del pasado siglo y Europa palpita con ritmos de vanguardia. Rompedores e incomprendidos, así son los creadores de estas nuevas expresiones de arte moderno. Así son también sus obras, pues han sido concebidas para una minoría que entiende, una élite capaz de hacer experiencia de verdadero goce estético. Paralelamente, un gran observador, el director del diario El Sol, analiza la marcha artística y también da sus pinceladas conceptuales. Sintéticas pero claras, sus ideas aparecerán publicadas en su versión definitiva el año 1925 en la Revista de Occidente.

Alianza (2016). 240 páginas
La deshumanización del arte
¿Cuál es la clave para descifrar el enredo del arte nuevo? La deshumanización del arte. Este es el título del ensayo y un conocido concepto orteguiano. Su vigencia no se ha perdido; el análisis que desveló las líneas de comprensión del entonces «arte moderno», sigue arrojando luz sobre las preguntas que suscita el arte actual, hijo del primero.
Dicen que sobre gustos no hay nada escrito, y saltan los profesores de estética. Ortega renuncia, ya de primeras, a escribir sobre aquellos. El arte no va de gustos, va de goce, de verdadero goce estético. Para comprenderlo, el filósofo desmonta tópicos pero no pretende derribar por completo. Su deseo es depurar, purificar, desvestir al arte del adorno de la ficción, el efectismo, la pasión humana, el realismo… ¿Qué queda entonces? Puramente el arte, el arte puro, el arte deshumanizado. El camino hasta él es, precisamente, el de la deshumanización. Un juego de términos y todo un ejercicio de precisión conceptual de los que tanto gustaban a Ortega.
No obstante, el filósofo español no solo define con palabras. Tan intelectual como creativo, es capaz de pintar con ingeniosísimas imágenes que prueban la pertinencia de las metáforas bien aplicadas. Qué decir de las referencias a la cultura en todas sus vertientes: música, pintura, poesía, novela… ejemplos concretos y nombres conocidos. Ortega tiene el don de la claridad y la síntesis, con la palabra y la imagen. Parece poner en práctica lo que él mismo describe de sus contemporáneos del mundo del arte: plasmar la idea de las cosas y no las cosas. Aunque parezca ante todo teorizar, en realidad, también enseña a contemplar. ¿Cómo situarnos ante la escena? ¿Observamos al hombre agonizante como lo hace la mujer, el médico, el pintor o como el periodista? Y, al ponernos ante la ventana ¿fijamos la mirada en el paisaje o en el vidrio que filtra esa imagen? ¿Buscamos la percepción de la realidad humana o la de la forma artística? ¿Vivimos o contemplamos? Una vuelta del revés y una perspectiva invertida parecen haberse instaurado. El arte nuevo impone sus propias reglas; el juego, nunca mejor dicho, ya ha comenzado.
Irónico a la par que auténtico, tan inteligente como lúdico. Así describe Ortega el arte moderno. Frente a la mímesis y la repetición, los jóvenes artistas tratan de «pintar un hombre que se parezca lo menos posible a un hombre» y, con todo, conseguir que este hombre «posea alguna substantividad». Conviene, por lo tanto, improvisar otra forma de trato con la realidad, por medio de la cual, el poeta, cuando poetiza, «se propone simplemente ser poeta». De este modo, consigue que su obra no necesite ser sentida, pues no habrá en ella nada humano.
Descriptivo y metódico a lo largo del ensayo, Ortega y Gasset interviene con un tono más subjetivo en la conclusión. El que parecía haber ensalzado el logro de quienes han alcanzado un arte puro sin más pretensión, parece exigente al evaluar la relevancia de sus obras… y exclama «¡quién sabe lo que dará de sí este naciente estilo!» Un punto y seguido desde el que retomar, aún hoy, la reflexión orteguiana sobre el arte de nuestro tiempo.