Jim Morrison junto a The Doors
La canción maldita de los Doors que nunca fueron capaces de grabar en estudio
En el año del 60 aniversario de la creación de los Doors, la canción Celebration of the Lizard se erige como el gran legado de Jim Morrison a la música y a la poesía
La canción de los Doors Celebration of the Lizard es tan rara, complicada de grabar e incluso de interpretar que más que una canción se ha considerado un espectáculo a mayor gloria de Jim Morrison en donde el cantante estadounidense podía dar rienda suelta a su vena chamánica entre gritos y contorsiones en los conciertos en directo de la banda californiana.
Lo cierto es que The Doors nunca fue capaz de grabar el tema completo en sus discos de estudio. Únicamente existen grabaciones en directo, y ninguna completa, sólo fragmentos.
Celebration of the Lizard, de resonancias claramente chamánicas que hace referencia al sobrenombre con el que se refería Jim Morrison a sí mismo, The Lizard King, el Rey Lagarto, se compone de siete partes en las que se alterna música con poesía.
De esas siete partes destacan Wake Up!, Names Of The Kingdom y Not to Touch the Earth, la única grabada en estudio para el álbum Waiting for the Sun.
The Doors, banda de rock psicodélico de la que el próximo julio se cumplirán 60 años de su creación en la playa de Venice Beach de Los Ángeles durante el encuentro entre Jim Morrison y el teclista Ray Manzarek, trató de grabar en varias ocasiones la canción, pero desistieron al darse cuenta de que ocuparía más de una cara completa de un LP.
Con todo, Celebration of the Lizard es la canción que mejor explica lo que pretendía ser The Doors y lo que pretendía hacer Jim Morrison con la banda, resumida en la frase inicial de Names Of The Kingdom: «I am the Lizard King. I can do anything» (Soy el Rey Lagarto. Puedo hacer lo que quiera).
Porque Jim Morrison no se veía como una simple estrella del rock, siempre quiso ir más allá, abrir esas puertas de la percepción y adentrarse por las sendas de la poesía más lisérgica, tomar el testigo de Arthur Rimbaud, ser absolutamente moderno, y seguir el camino trazado por poetas beat como Allen Ginsberg o Jack Kerouac que con el Aullido del primero y el Mexico City Blues del segundo derribaron los muros de la poesía tradicional y pusieron los pilares de un nuevo discurso lírico.
Por eso dejó la banda en 1971 tras el último disco de estudio de los Doors, L.A. Woman, y se marchó a París con su novia, Pamela Courson, donde como poeta maldito que era, encontró la muerte de forma trágica e inesperada para dejar un bonito cadáver de tan solo 27 años.
Hoy la obra poética de Morrison no es tan conocida como sus discos con los Doors, pero los pocos poemas que dejó, malescritos en cuartillas arrugadas que aparecieron en los cajones de su piso parisino y en los bolsillos de su chaqueta (otros grabados en un magnetófono), muestran a un incipiente gran escritor que quién sabe adónde habría llegado de no haber muerto de forma prematura fruto de sus adicciones.
Jim Morrison está enterrado en el parisino cementerio del Père Lachaise. Su tumba, lugar de peregrinación de amantes de la música de los Doors, de la obra de Morrison y del personaje del Rey Lagarto, está llena de grafitis con mensajes de los fans.
Finalmente, en París, con su trágica muerte, para muchos aún no del todo aclarada, Jim Morrison haría realidad esa profecía que lanzó en Names Of The Kingdom y terminaría «escalando los valles en la sombra».