Xabi Alonso, subiendo al autobús del Real Madrid
Xabi Alonso tendrá total libertad para sentar a quien quiera, tras un año en blanco ya no hay jerarquías
El entrenador posee la potestad de elegir a los jugadores que hagan bien su sistema de presión desde arriba
El central que podría fichar el Real Madrid para terminar de reforzar su defensa
C'est fini. Se acabó. Un entrenador del Real Madrid no puede ser políticamente correcto cuando las cosas no van bien o se ponen feas. La semifinal del Mundial ya ha pasado, pero fue un examen perfecto de lo que un responsable deportivo del Real Madrid debe hacer y no debe hacer. Xabi Alonso no fue Xabi Alonso cuando llegó la hora de la verdad, un gran partido, ante el PSG, el mejor equipo en la actualidad. Alineó una delantera de tres hombres con Gonzalo, Vinicius y Mbappé para no tener el problema de elegir, pero la propia decisión delataba que Gonzalo debía estar en el once y que sobraba Vinicius.
Utilizó tres puntas cuando no es su sistema. Se traicionó. Pagó la novatada de dirigir al Real Madrid y no querer enfrentarse a nadie. Los hechos le confirmaron que está en el Real Madrid para ser valiente, elegir y tomar decisiones drásticas, porque el club necesita títulos y no le importa quién juegue.
Para Alonso es mejor recibir esta lección de realidad en julio. Lo sucedido fue un mensaje para el futuro que el guipuzcoano ha asimilado inmediatamente. A partir de ahora ya no será políticamente correcto, no puede serlo, porque eso le llevará al fracaso. Lo ha comprobado. Si las cosas no funcionan hay que tomar determinaciones contundentes sin mirar nombres ni caché.
Tiene el respaldo de la entidad para ser valiente, para ser él mismo, que es lo que quieren, porque para eso lo han fichado. La cúpula desea ver a Xabi Alonso en estado puro, el Xabi que revolucionó el Leverkusen a su imagen y semejanza, y no un técnico que contente a los gallos. Eso puede estar bien cuando los gallos funcionan. Pero si los gallos solo han ganado la Supercopa de Europa y la Copa Intercontinental, ya son gallos pelados.
Han perdido la jerarquía. Y el responsable deportivo de la plantilla tendrá total libertad para sentar en el banquillo a quien quiera y para alinear a quien quiera, porque casi nadie puede levantar la voz pidiendo un sitio en el once. Solo Courtois, Fran García, Valverde, Huijsen, Gonzalo, Tchouaméni y Güler han hecho méritos. El resto están mejor calladitos.
Xabi Alonso dirigiendo el partido ante el PSG
La dirección deportiva desea que el nuevo preparador elija a los futbolistas que ejecuten bien ese sistema de presión total desde arriba que tanto ha gustado en la casa. Sean quien sean. La reflexión interna es clara. Y el ejemplo de la transformación de Dembélé es un espejo. Una figura que trabaja como Valverde y que camina hacia el Balón de Oro por méritos propios en un fútbol moderno que exige que las estrellas corran como quienes no lo son.
Siempre ha habido egos
El análisis de la dirección de deportiva y del cuerpo técnico es un baño de realismo. El Real Madrid no puede permitir que haya jugadores que deambulen por el campo mientras un rival te va ganando por tres goles de margen y te remata con el cuarto. La foto crítica obtenida en el Mundial es un examen para aprobar en el futuro inmediato, dentro de cuarenta días. Esto no puede repetirse. Se ha contratado a Xabi para que cambie todo esto.
El análisis tranquilo es concienzudo. El ADN de este club lo inventó el Real Madrid de la leyenda, el de Di Stéfano, Santamaría y Gento, y no puede admitirse que los egos impliquen que varios futbolistas no lleven a cabo la presión que exige Xabi Alonso. La contestación interna es rotunda: hace tres cuartos del siglo también había egos y Di Stéfano, que era el mejor jugador del mundo, era el que más corría y el que azuzaba a los demás con el látigo.
El problema actual es conciso y está marcado en la diana. El defecto principal que rompe el trabajo táctico del vasco es la falta de compromiso de dos delanteros, Vinicius y Mbappé. Si ellos no creen en ello y no lo hacen, toda la estrategia se desmorona. Es así de sencillo. Y ellos lo saben. Gonzalo, que anotó cuatro goles y se mató en el campo, dejó en evidencia a las dos figuras. Y por eso mereció ser titular siempre.
Kylian Mbappé se lamenta tras un gol del PSG
El cuartel general de Valdebebas lo tiene todo bien estudiado. El responsable deportivo también. Es mejor hablar claro y atacar las deficiencias de raíz, con vistas a la próxima campaña. Esto acaba de empezar con Xabi. Frente a la Juventus y el Borussia Dortmund no se acusó el problema de la carencia de pressing arriba porque los blancos fueron superiores y dominaron. El sufrimiento llegó cuando fue el PSG el que tuvo el mando. Entonces se vieron las goteras. Mientras Valverde, Fran García, Tchouaméni y Gonzalo mordían, otros paseaban como pollos sin cabeza.
Una cosa que desagradó sobremanera a la cúpula del Real Madrid fue observar a varios futbolistas haciendo gestos a otros, quejándose. Cuando las discusiones son internas es que las cosas van mal y encima no se reacciona. Unos se miran a otros y nadie toma el testigo y exige sacrificio general. Valverde intentó liderar al grupo en el campo, sin éxito. Pocos respondieron a su petición de esfuerzo conjunto, solo respondieron los de siempre, los que ya lo hacían. Esto tampoco puede repetirse. El club y el entrenador dialogarán con varios futbolistas para analizar qué sucede.
El Mundial ya ha pasado, pero sucedieron cosas que sacaron a la luz situaciones de emergencia para atajarlas con vistas al futuro. Incidiendo en el mismo dilema, no puede ser que el Real Madrid comenzara a ser más agresivo cuando Militao y Carvajal entraron al campo y se sumaron a Valverde. Tchouamení y Fran García en una brega desequilibrada por la falta de respaldo de otros hombres. Militao y Carvajal salían de graves lesiones y son hombres de fuste que dejaron en evidencia a otros compañeros. La dirección deportiva y el cuerpo técnico han tomado nota. Aviso para navegantes, ahora que pueden perder el puesto.
La competencia interna
Alonso tiene señalados con una cruz los puntos débiles y el alta competitiva de varios jugadores será una ayuda para el cambio que pretende. Militao aspira a ser titular en el centro de la defensa al lado de Huijsen. Va a poner firme a Rüdiger. Carvajal le va a poner complicada la titularidad a Trent. El inglés también puede jugar como interior derecha. En la misma dirección, el regreso de Camavinga será otra inyección de lucha interna para tener un lugar en el centro del campo.
Endrick ha recaído de su dolencia en un tendón, pero obtendrá el alta en septiembre. Será otro rival en el ataque. La pelea por jugar será el mejor examen para la estrategia de robo de balón desde el área contraria. Alonso tiene varios frentes abiertos y conoce las soluciones. Pues tendrá que aplicarlas.