Un hombre coloca una vela encendida en el altar improvisado de Maradona en Nápoles
Fútbol internacional
Cinco años sin Maradona, el mito que no descansa
Diego Armando Maradona falleció en Buenos Aires el 25 de noviembre de 2020, a los 60 años recién cumplidos
La hija de Maradona señala a los médicos en el juicio por su muerte: «Se pudo haber evitado»
Han pasado cinco años desde aquel 25 de noviembre de 2020 en el que el corazón de Diego Armando Maradona se detuvo para siempre. Y sin embargo, el mundo todavía no ha aprendido a vivir sin él.
El astro que hizo del fútbol un acto de arte y de rebeldía sigue presente en cada mural, en cada camiseta con el número diez, en cada niño que grita su nombre al pegarle a una pelota en una calle polvorienta. En Argentina, en Nápoles, en México o en Barcelona, el recuerdo de Maradona no ha envejecido: se ha transformado en un mito que no descansa.
Aficionados rinden homenaje a la figura del futbolista tras su muerte
El día de su muerte, la noticia corrió como un relámpago. Diego había fallecido en su casa de Tigre, víctima de un paro cardíaco, pocas semanas después de haber sido operado de un hematoma subdural. La conmoción fue inmediata. En la Casa Rosada, el velatorio público se convirtió en una marea humana: miles de personas desfilaron para despedirlo. Cantando, llorando, agradeciendo. Las calles de Buenos Aires se llenaron de banderas, lágrimas y canciones.
Cientos de velas y estampas recuerdan al jugador en Nápoles
En Nápoles, la ciudad que lo adoptó como hijo eterno, los balcones se iluminaron con velas y los aficionados corearon su nombre toda la noche. En el estadio Azteca, donde firmó su obra maestra en 1986, las pantallas repitieron sus goles con la voz de Víctor Hugo Morales retumbando como una plegaria: «¡Barrilete cósmico, de qué planeta viniste!».
El legado del 10: entre la gloria y la calle
Maradona fue mucho más que el mejor jugador de su tiempo. Fue la voz de los sin voz, el chico de Villa Fiorito que conquistó el mundo con una pelota. En el Mundial de México 86 escribió su evangelio personal. «La mano de Dios» y «el gol del siglo» ante Inglaterra son aún, cuarenta años después, actos de arte y desafío político. Su vida fue la metáfora de un país: brillante, caótica, contradictoria.
Mural en recuerdo a Maradona en Nápoles
Su paso por Nápoles profundizó ese vínculo con los marginados. Allí, en el sur pobre y humillado de Italia, el argentino les dio dos títulos y una dignidad que parecía prohibida. Los napolitanos lo veneran todavía como a un santo pagano: en los altares improvisados, su foto convive con estampas de la Virgen. «Maradona es uno de los nuestros», dicen, como si fuera un apóstol del pueblo. Su rostro, en mosaicos y murales, aparece entre vírgenes, santos y grafitis que rezan: «D10S vive».
Portada del periódico italiano 'Corriere dello Sport'
Entre escándalos y adicciones
Sin embargo, detrás del ídolo hubo un hombre marcado por sus propios demonios. Adicciones, escándalos, enfermedades, traiciones, reconciliaciones. Diego vivió con la intensidad de quien sospecha que no tiene mucho tiempo. Esa vulnerabilidad, lejos de disminuir su figura, la volvió más humana, más cercana.
Mundial del 86, Maradona celebra la victoria de Argentina frente a Alemania
Ahora, cinco años después de su muerte, la figura de 'El Pelusa' no se ha apagado, se ha multiplicado. Se le sigue amando, discutiendo, rezando.
Su número diez se ha convertido en un símbolo universal, su nombre en una palabra sagrada del lenguaje del fútbol. Y aunque la justicia aún busque respuestas, en la memoria popular Diego ya ha sido absuelto. Porque más allá de sus errores, fue quien les enseñó a millones de personas que un chico pobre podía desafiar al mundo y ganarle.
La justicia que no llega
Pero el mito convive con la controversia y entre la luz también asoman las sombras. Desde su muerte, la justicia argentina investiga si hubo negligencia médica. Ocho profesionales –médicos, enfermeros, psicólogos– están acusados de «homicidio simple con dolo eventual». La causa avanza lentamente, con un juicio previsto para 2026.
Las preguntas siguen abiertas: ¿fue una muerte inevitable o el resultado de un entorno que lo dejó solo? ¿Cuánto de responsabilidad hay en quienes lo cuidaban, y cuánto en el propio Maradona, atrapado por los excesos y las adicciones?
Maradona junto al vicepresidente argentino, Daniel Scoli
Cinco años después, el pulso de su leyenda sigue latiendo. Maradona no está. Pero está en todas partes. En un campo de fútbol de tierra, en un mural en Nápoles, en un televisor viejo que repite su gol eterno. Vive en los que lo vieron jugar y en los que solo lo conocen por las historias de sus padres. Vive en el grito del gol que atraviesa a todas las generaciones.
Vive, porque los mitos, cuando son verdaderos, no mueren: se transforman en historia. Y la historia, en el caso de Maradona, todavía está jugando su segundo tiempo.