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¿Por qué merece Gerard Piqué una sanción ejemplar como propietario del Andorra?

Gerard Piqué, en una imagen de 2019, con la camiseta del FC Andorra

Gerard Piqué, en una imagen de 2019, con la camiseta del FC Andorra

El comportamiento del exjugador del FC Barcelona y ahora propietario del Andorra, Gerard Piqué, no puede quedar impune. Su comportamiento el pasado viernes con el colegiado del encuentro disputado en el estadio andorrano, Alonso de Ena Wolf, a la conclusión del partido ante el Albacete fue inaceptable.

Durante el descanso, tuvo un primer lance. Pero la caja de Pandora se destapó a la conclusión del choque que acabó con derrota por la mínima del equipo que dirige Carles Manso.

Gerard Piqué se dirigió al colegiado «en actitud amenazante, persiguiéndome a escasos centímetros de mi cara y a lo largo del túnel hasta la entrada del vestuario arbitral, protestando y realizando objeciones sobre mi actuación». Y justo antes de entrar al vestuario le espetó: «¡Ahora, si queréis, ponedlo en el acta!».

Pero no quedó ahí la cosa. Su actitud antideportiva continuó cuando el trío arbitral abandonó el municipal andorrano y les dijo: «Salid escoltados no os vayan a agredir. En otro país os reventarían, pero aquí en Andorra somos un país civilizado».

Reincidente desde principio de temporada

Lo de Piqué no puede quedar impune porque este tipo de actitudes y comportamientos vienen siendo una constante durante la presente temporada. Sin ir más lejos, hace menos de un mes recayó sobre él una multa de 12.000 euros a la conclusión del encuentro ante el Málaga.

Entonces, al descanso «se dirigió en actitud agresiva al asistente número 1, a voz en grito y señalándole con el dedo índice a escasos centímetros de la cara, empleando los siguientes términos de forma retirada: 'Es un robo histórico' y 'lo voy a subir a Twitter» y tuvo que ser separado por los miembros de seguridad del Andorra.

Piqué, en una rueda de prensa con el Andorra

Piqué, en una rueda de prensa con el AndorraCFA

Una actitud incomprensible más cuando ya le habían multado con 9.000 euros por otra conducta denunciable ante el Deportivo de La Coruña. Ese día, Eder Mallo dejó escrito que «una vez finalizado el primer tiempo y mientras estaba entrando en el túnel de vestuarios, pude identificar a D. Gerard Piqué Bernabéu, el cual se acercó a mi persona recriminando una de las decisiones que tomé en la primera parte manifestándome lo siguiente: 'Qué fácil es pitar a los pequeños'. Todo ello, mientras era sujetado por miembros de su club».

Estos comportamientos vienen siendo una constante desde que empezó esta temporada de Segunda División. Y es por eso que el Comité de Disciplina de la RFEF está ante una oportunidad histórica para imponerle a Piqué una sanción que sea ejemplar. Porque, además, sobrevuela desde septiembre una amenaza del propio órgano disciplinario, donde anunció que si repetía este tipo de actitudes que ya realizó en las primeras jornadas, se exponía a tres sanciones muy duras. Empezando por una inhabilitación de un mes a dos años, pasando por una clausura parcial o total del estadio y terminando con la pérdida de puntos.

A la espera de la decisión, llama la atención que el máximo propietario del club andorrano calificara como una «vergüenza» que el CTA designara a Alonso de Ena Wolf cuando hace un mes le pidió al colectivo arbitral que no lo hiciera.

Un Gerard Piqué que ya provocó una modificación en la Ley del Deporte. Es la llamada 'Ley Anti Piqué' para que no se repitiera que un jugador en activo pudiera participar en una actividad comercial de la liga donde participa, como hizo el exfutbolista azulgrana como mediador de la RFEF en la operación de la disputa de la Supercopa de España en Arabia Saudí y con la compra de la participación de un club.

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