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El Leicester City ganó la liga inglesa en 2016©GTRESONLINE

La caída a los infiernos del Leicester: de sorprender con la Premier a luchar por no bajar a Tercera

Poco queda ya del Leicester City campeón de la Premier League en 2016: el título en sus vitrinas, los recuerdos por el estadio y las anécdotas de aquella época. Pero con la salida en verano de Jamie Vardy, una de las grandes estrellas del equipo, el último reducto de la victoria más inconcebible en la liga inglesa se esfumó por completo.

Ahora corren tiempos oscuros para los 'Foxes'. El verano pasado se consumó el descenso a la Championship (la categoría de plata del fútbol inglés), provocado en parte porque el equipo sólo fue capaz de ganar un partido entre el 3 de diciembre y el 3 de mayo y, aunque este curso cuenta con uno de los mayores presupuestos de la categoría, volver a la Premier se presenta como una auténtica utopía.

Este jueves, el Leicester fue sancionado con la pérdida de seis puntos por incumplir con las reglas financieras en la temporada 2023-24. El club superó en más de 20 millones el límite de pérdidas que establece la EFL (la institución que rige las divisiones inferiores), no entregó la documentación necesaria a tiempo y no cooperó con la investigación.

Y lo peor de todo es que esta sanción deja al Leicester al borde de los puestos de descenso, a los que aún no ha entrado gracias a la diferencia de goles que le tiene ganada tanto al Blackburn Rovers como al West Bromwich Albion, dos equipos que también jugaron en la Premier en el siglo XXI.

La caída a los infiernos

Pero, ¿cómo puede ser que un club que hace una década celebraba una Premier League con Andrea Bocelli cantando en su campo, esté ahora peleando por no descender a League One?

Tras el título de hace diez años, el Leicester no se derrumbó inmediatamente. Pese a la salida de estrellas como Riyad Mahrez y N'Golo Kanté, y poco después de la de Claudio Ranieri, el club siguió compitiendo varias temporadas. Ganó la FA Cup en 2020, llegó a los cuartos de final de la Champions League en 2017, sumó la Community Shield en 2021 y escaló hasta las semifinales de la Conference League en 2022. Además, dos años consecutivos acabó quinto en Liga, a escasos puntos de volver a meterse en Champions.

Ahora, sabemos que esas casi clasificaciones a la máxima competición europea jugaron una parte importante a la hora de desequilibrar las cuentas de los 'Foxes'. De haber conseguido ese cuarto puesto, se habrían justificado muchos de los gastos de aquella época y quizás el club no habría incumplido el 'fair play' financiero correspondiente a las temporadas 2021-22, 2022-23 y 2023-24, lo ha provocado la deducción de seis puntos.

Acabada la campaña 2021-22, cuando terminaron octavos en Premier, la edad de oro del Leicester llegó a su fin. En los despachos, el club no supo gestionar los 70 millones que ingresaron por Wesley Fofana, gastando la mayoría de ellos en Wout Faes, Viktor Kristiansen y Harry Souttar, mientras que en el campo la situación se volvió insostenible. Pese a tener a jugadores como Jamie Vardy, Ayoze Pérez, Youri Tielemans, Harvey Barnes y James Maddison, no ganaron ningún partido en las siete primeras jornadas, Brendan Rodgers, el técnico de los últimos éxitos, se marchó en abril de ese año y el equipo acabó descendiendo en la última jornada.

Dos descensos y problemas financieros

De vuelta a la Championship, el club tuvo la visión para contratar a un técnico de élite, Enzo Maresca, que los devolvió a la Premier sin titubear y tras apenas un año en el pozo. No en vano tenían el mayor presupuesto de la categoría y la mejor plantilla, en parte porque muchos de los jugadores más importantes tenían contratos suculentos firmados en la Premier y no querían marcharse.

Sin embargo, Maresca duró poco y no dirigió al grupo en la temporada siguiente. El italiano se fue al Chelsea, con el que ganó la Conference y el Mundial de Clubes, y el Leicester confió en un Steve Cooper que repitió la terrorífica 2022-23, solo que ahora con peor equipo. En noviembre fue despedido, con un triunfo en doce jornadas, y se contrató a Ruud Van Nistelrooy, que completó uno de los peores periodos como entrenador que se recuerdan en la máxima división del fútbol inglés.

Su Leicester no marcó en casa entre el 8 de diciembre y el 12 de abril y con el descenso más que asegurado, la única razón para no despedir al neerlandés fue el poder computar su finiquito al curso siguiente, tratando de aliviar la presión del 'fair play' financiero.

Este curso, el español Martí Cifuentes trató de revitalizar una plantilla que pide a gritos una oxigenación, pero fue despedido hace escasas semanas, lejos de los puestos de playoff y con una perspectiva más de sufrir por no descender que de volver a la Premier.

A los problemas deportivos hay que sumar también los extradeportivos que ha sufrido este Leicester desde la pandemia. El club está en manos de la familia Srivaddhanaprabha, dueños de King Power, una empresa de 'duty free' que sufrió los estragos de la imposibilidad de viajar durante el impacto de la Covid. La pandemia golpeó, además, a un Leicester en ascenso y con vistas a asentarse entre los candidatos a entrar sí o sí en Europa cada año. Se firmaron grandes contratos y se gastó dinero sin tener en cuenta que la pandemia arañaría muchas de esas esperanzas.

Ahora, el Leicester afronta 16 jornadas por delante en las que solo tiene dos opciones: mantenerse, caer a la League One o convertirse en el último juguete roto del fútbol inglés, condenado por sus malas finanzas y sus erróneas perspectivas. Un final cruel para el club que en 2016 hizo soñar a todo el fútbol que incluso lo más difícil a veces se hace realidad.