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Por qué Mourinho es (casi) la única opción viable para el banquillo Del Real Madrid

Reúne todas las condiciones que se le exigen al técnico blanco y podría llegar antes del verano, mientras que sus rivales para el cargo tendrían que incorporarse tras el Mundial

José Mourinho, en un entrenamiento del Real Madrid en 2010GTRES

El Real Madrid tiene que afrontar su decisión más difícil de los últimos años. Tras dos temporadas en blanco, el club no puede fallar este verano. La elección del entrenador –y de parte de la plantilla– será decisiva, porque el margen de error se ha agotado. A partir de agosto, cualquier fallo será analizado con lupa y una concatenación de malos resultados haría que las miradas no se dirigieran a los jugadores ni al banquillo, sino a los despachos. Por eso el elegido tiene que ser alguien de experiencia y de máxima confianza.

Con esa primera exigencia se descartan por completo los entrenadores jóvenes. La elección de Xabi Alonso –y más tarde de Arbeloa– ha sido asumida como un error en la directiva, por lo que en la planta noble se busca un entrenador contrastado para paliar la crisis. Quedan fuera, entonces, opciones como Nagelsmann, Arteta o Cesc Fàbregas, dando por hecho que estuvieran dispuestos a cambiar de aires y fichar por el Real Madrid.

El técnico ideal, tanto para la directiva como para los aficionados, sería Jürgen Klopp. El alemán tiene el aval de los títulos conseguidos con el Borussia Dortmund y el Liverpool, carácter suficiente para poner firme a una plantilla rebelde y sobrada experiencia para ganarse la confianza de la directiva. Pero lleva años alejado de los banquillos y se ha autodescartado, por lo que, si no cambia de opinión, el Madrid tendrá que seguir buscando.

Que el elegido goce del respaldo del presidente es esencial para que triunfe en un año tan difícil. El precedente de Xabi Alonso y el acto de rebeldía de Vinicius en el clásico demuestran lo importante que es que en el banquillo haya alguien que cuente con el respaldo absoluto del club. Una plantilla llena de figuras como la del Real Madrid se aprovecha de entrenadores blandos a los que les tiembla la mano. Y sin el apoyo de arriba, la autoridad del técnico tiende a debilitarse.

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Por eso es importantísimo, independientemente del estilo por el que se opte, que el próximo entrenador sea alguien con personalidad. Se habla de Pochettino, un nombre que ha sonado varias veces, aunque su llegada al conjunto blanco nunca ha terminado de concretarse. Entrenó a Mbappé en el PSG y llevó al Tottenham a una final de Champions, pero se duda de si podría cuajar en el banquillo blanco. Lo mismo ocurre con Scaloni, alguien que, por mucho que haya ganado un Mundial con Argentina, nunca ha entrenado a ningún club y su rendimiento sería una incógnita.

Didier Deschamps y Kylian Mbappé, durante el Mundial de QatarEFE

Otro campeón del mundo parece estar mejor posicionado. Didier Deschamps sí presume de ese carácter que se busca en el futuro entrenador blanco, y juega a su favor el hecho de que su etapa como seleccionador francés termine tras el Mundial. También que se entiende bien con Mbappé, pero surgen dudas sobre cómo sería su adaptación tras catorce años sin entrenar a ningún club.

Un malo conocido

Ante este panorama, son muchos los que optan por el «mejor malo conocido que bueno por conocer», por lo que sobrevuelan nombres de antiguos técnicos con cierto éxito en el banquillo blanco. Zidane tiene la vista puesta en tomar el testigo de Deschamps al frente de Francia y Ancelotti acaba de empezar su andadura con Brasil, por lo que ambos quedan, en principio, descartados, por mucho que tengan bastantes valedores en la planta noble. Y entonces surge el nombre de un deseado por algunos y denostado por otros: José Mourinho.

El portugués reúne todas las condiciones que se le exigen al próximo entrenador. Tiene carácter (incluso demasiado), éxito contrastado para ganarse el respeto del vestuario y, sobre todo, el aval de la directiva. Es el técnico predilecto de Florentino Pérez entre todos los que ha tenido y uno de los pocos que no salió despedido del Real Madrid en los últimos años. Tendría una salida fácil del Benfica a final de temporada y dispondría de todo el verano para planificar el próximo año, algo que no podrían hacer Pochettino, Scaloni ni Deschamps.

José Mourinho, Florentino Pérez y Fernando Fernández Tapias, en una comida de Navidad, en 2011GTRES

Por eso parece que el dedo señala hacia Mourinho como antaño lo hacían las pancartas del Bernabéu, en referencia a su incidente con Tito Vilanova. Ahora falta convencer al portugués, que no termina de atreverse a afrontar el reto de volver a la casa blanca. Segundas partes nunca fueron buenas (excepción hecha de Ancelotti) y su etapa en el banquillo del Madrid fue demasiado intensa para todos, incluso costosa para él a nivel personal.

También habría que convencer a algunos sectores de la planta noble, que consideran que la carrera de Mourinho ha entrado en decadencia. Sus últimos clubes no han sido de la élite europea y en ninguno de ellos terminó de forma especialmente brillante. Aun así, se ha publicado que Florentino Pérez tratará de convencerlo esta semana en Lisboa, porque es su favorito y no tiene margen de error. Tras dos años desastrosos, el Bernabéu necesita volver a ilusionarse.