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Kylian Mbappé, durante el partido de la última jornada de LaLiga ante el AthleticEFE

Mbappé admite por fin que para ser leyenda debe comprometerse con el Real Madrid

Ha tardado dos años en comprenderlo. Para entrar en la leyenda del Real Madrid tienes que demostrar compromiso con el club. No vale ser solo un gran futbolista, debes entrar en el corazón de la afición que más títulos importantes ha visto ganar en la historia, de Di Stéfano a Cristiano, pasando por Puskas y Hugo Sánchez. Kylian Mbappé acaba la temporada con unos datos personales magníficos y, sin embargo, no convence al seguidor blanco.

El francés suma su segundo Pichichi en España y también es el máximo goleador de la Champions, pero un sector del madridismo le pita porque observa a un jugador egocentrista y egoísta en el césped, que dispara a puerta cuando hay compañeros mejor colocados esperando el pase para rematar. El parisino finaliza el curso con 42 goles y una porción de la grada le silba por borrarse del Camp Nou tras enojarse con Arbeloa. En realidad, protestan contra él porque sus 86 dianas en dos años no han producido títulos. Pero eso ya no es solo culpa suya, sino de un plantel roto por las lesiones que además no ofrece el nivel augurado, como dijo Xabi Alonso al ser despedido.

Ha tardado dos temporadas en entender lo que el club, Carlo Ancelotti, Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa le han dicho en diversas fases de estos dos años en blanco y de blanco. Aquí no sirve únicamente hacer goles, hay que vencer. Y si ves que no gana debes tomar la batuta y levantar al grupo, que para eso eres el estandarte de la entidad. El dilema es que Mbappé no es un líder que levante a las masas y a la plantilla, pero la afición le pide serlo.

No es un líder de grupo, pero entonces el madridismo le pide ser un ejemplo de comportamiento y eso es lo que ha aprendido a fuerza de silbidos en varios partidos. Muchos de ellos injustos, porque Mbappé soporta como abanderado mediático el enfado de los seguidores que suman dos cursos suspendidos por sus ídolos.

Lo bueno es que Mbappé ha aprendido para el futuro. Para septiembre. La mujer del César no solo tiene que ser honrada sino parecerlo. Kylian ya no hará más viajes televisados con una novia mientras sus compañeros vuelan a la ciudad Condal para enfrentarse a los españolistas en Cornellá y agotar sus últimas opciones de no perder matemáticamente una Liga que ya estaba perdida.

Silbidos desagradables

Frente al Athletic marcó un gran gol, el 25 del campeonato, el broche de su segundo Pichichi en dos temporadas, pero durante el primer tiempo sufrió pitos por su mal juego. La grada pagaba con esos silbidos toda una campaña en la que observó cómo el francés marcaba 42 tantos y faltaba en los envites importantes, ante el Benfica, City y Barcelona. Lo señalaba por borrarse hace unas semanas del clásico al escuchar que no sería titular. El madridismo protesta porque no puedes desaparecer por unas supuestas molestias del duelo más importante del año después de un desacuerdo con Arbeloa.

El artillero ha aprendido por fin una lección que ya le habían contado todos los entrenadores. Pero no les hizo caso. Ha tenido que ser el madridista de calle el que le ponga firme con abucheos en los dos últimos encuentros en el Bernabéu, frente al Oviedo y el Athletic. Las tribunas ya silbaron al número diez y a todo el equipo en jornadas precedentes, pero en las dos últimas citas se han concentrado sobre todo en el parisino.

Kylian Mbappé abraza a Álvaro Arbeloa tras marcar el 3-1 ante el AthleticEFE

La afición es soberana porque ha visto a los mejores futbolistas del mundo. Y ha silbado a Di Stéfano, Figo, Zidane, Benzema y Cristiano, máximo goleador del club con 451 dianas. Y los han silbado porque eran individualistas, porque no rendían en un momento de su carrera o porque no mostraban implicación con la institución y lo que significa.

El francés suma 86 dianas en dos cursos, 44 y 42. Ha celebrado dos Pichichis, con 31 y 25 aciertos. También es el artillero de esta Champions aunque el Real Madrid haya sido eliminado, gracias a sus 15 dianas. Ya es el artillero número 27 en la longeva historia de la casa, con 86 tantos. Y sin embargo nada de esto es suficiente si esos goles no significan trofeos importantes. Cristiano ganó cuatro Champions vestido de blanco. Benzema, 354 tantos, disfrutó de cinco Ligas de Campeones en el Bernabéu.

No es justo. Pero también es verdad que no le silbarían si su comportamiento fuera la foto de una dedicación total, como han demostrado durante lustros Modric y Karim, que levantaron personalmente sus últimas Copas de Europa en el ecuador de la treintena. Esa es la gran diferencia. Nunca se borraron. Modric y Kroos, por ejemplo, tuvieron que sufrir sustituciones y suplencias ya en la Champions ganada hace cuatro años y se enojaron, pero nunca se borraron. Esas rotaciones constantes las vivieron también en la Copa de Europa conquistada hace dos años, y tampoco se quejaron públicamente.

Mbappé tiene un espejo más cercano de implicación en su compañero del ataque, en ese jugador con el que le quieren enfrentar. Vinicius quiere jugarlo todo y explota cuando le quitan, como hizo en el clásico ganado con Xabi Alonso. Ese estallido pudo ser el detonante de esta temporada, es verdad, pero el brasileño no se desmarca de ningún encuentro y desea ser protagonista siempre.

Vinicius es madridista, se siente madridista y está comprometido. Nadie lo pone en duda. Mbappé debe aprender de los madridistas con solera, como Carvajal, Valverde, Rüdiger, Courtois y el brasileño. Siempre dispuestos. Fíjense, varios de ellos, Valverde y Vinicius, son criticados por diversos episodios. Por un exceso de madridismo, mal dirigido. La afición quiere que Mbappé se sienta madridista de verdad y se le note que le duelen las derrotas. Hay que decirlo: en el club estaban molestos por el comportamiento de Mbappé en los últimos meses, alejado del sentimiento del equipo, con desapego al club. Ha aprendido que todo debe cambiar. Ahora se marchará al Mundial.