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Jose Mourinho, en una imagen archivoGTRES

Mourinho toma el poder del equipo: ningún jugador del Real Madrid es intocable

está considerado uno de los mejores entrenadores del mundo porque tiene una faceta que es única. Se le puede igualar, pero nunca superar su mayor virtud: sacar el máximo rendimiento de jugadores normales hasta convertirlos en buenos. Es una de las razones por las que el Real Madrid le recupera. Profesionales como Bellingham, Güler, Brahim, Valverde, Tchouaméni, Carreras, Konaté, Trent, Fran García, Huijsen, Asencio, Dumfries y Lunin tienen una vuelta de tuerca en la cabeza de Mourinho. El portugués comienza a trabajar en su cuartel general de Valdebebas con el reto que le ha encomendado Florentino Pérez: inventar de nuevo un Real Madrid extremadamente competitivo para volver a ganar títulos.

Es el mismo objetivo que el presidente le pidió hace tres lustros, después de sufrir media docena de temporadas cayendo en octavos de la Champions. Ahora han transcurrido dos campañas con una Supercopa de Europa y una Copa Intercontinental como frugal balance y el dirigente del club le ruega que ponga firmes a los futbolistas para volver a conquistar el campeonato liguero y sobre todo la Liga de Campeones. El máximo responsable de la entidad le vuelve a pedir que haga lo que ya hizo con éxito hace quince años: apretar las clavijas a la plantilla para explotar su máximo nivel.

José Mourinho es buen jefe de hospital para recuperarse de los dolores físicos y mentales. Es un doctor ideal para superar las derrotas. Es un médico perfecto para dejar de lamerse las lágrimas y ponerse a pelear con entrega y sacrificio para que lloren los otros. El victimismo y la debilidad no casan con este entrenador.

Se ha marchado el Papa del Bernabéu y ha vuelto Mourinho al estadio que ama para dirigir al equipo más importante de su carrera, con el fin de hacer más historia en el Real Madrid. Y la piensa escribir con tres capítulos fundamentales. El reto: recuperar el territorio perdido. Esta es su trilogía para retornar al éxito.

El poder sentar a quien quiera

El nuevo jefe del equipo regresa al club blanco con una potestad que ni siquiera tiene que recordar, porque ha marcado su carrera. Florentino Pérez se la concedió sin dudar cuando le fichó por primera vez. Mou tiene poder absoluto sobre el régimen interno de la plantilla. Hay que explicar esta situación.

La dirección deportiva del club posee la autonomía de elegir y realizar los fichajes, escuchando por supuesto las peticiones del entrenador. Y el mando interno del plantel es prerrogativa del técnico. Eso significa que Mourinho aplicará su filosofía de funcionamiento: aquí no hay intocables. No habrá jugadores titulares por su mero nombre.

José Mourinho dirigiendo un partido de la AS RomaEuropa Press

Para ser muy claros: Mbappé, Vinicius y Bellingham, los más famosos del cuartel, serán relevados si no rinden. Vamos más allá: ya verán cómo el desplante de Vinicius a Xabi Alonso no se repite. Viene un preparador que impone respeto y que se gana el respeto. Y si un jugador fotocopia la escena de Vinicius con Alonso, que se prepare para el castigo de chupar banquillo durante tres o cuatro partidos. O para siempre. Avisados están. Mou sentó a Cristiano y a Ramos, sentó a Pepe y sobre todo a Casillas, al que dejó como suplente en la Liga.

Su lema de trabajo es lúcido: quien no rinda será sentado. No valdrán presiones de caché ni exigencias comerciales. Hay un argumento básico en la política de Mourinho: ha sido fichado para ganar, le han pedido que gane y entonces exige que le dejen trabajar y elegir a los futbolistas válidos para ganar. Desde la propia cúpula de la entidad se le ha dicho que lo importante es volver a los triunfos y no importa cómo lo consiga. Que quite y ponga a quien quiera.

Solucionar la debacle defensiva

El entrenador nacido en Setúbal ha estudiado al Real Madrid desde hace meses. Ha visto sus partidos y se ha enfrentado a él en tres ocasiones. El análisis final del portugués es que el hándicap principal del equipo es la debacle defensiva. Sí, es cierto que se necesita un centrocampista de peso y para ello se trabaja en un fichaje, desde Enzo Fernández a Joao Neves pasando por Vitinha y Mateus Fernandes, con Rodri y Mac Allister a la espera. Dicha esta verdad, Mou destaca en su diagnóstico definitivo que el Real Madrid no ha aspirado a los títulos por su sangría defensiva. Las lesiones lastraron la retaguardia: 58 bajas en una campaña. La dura realidad es que el Real Madrid sufrió esta temporada 64 goles en 56 partidos.

Hay un punto clave para alcanzar las grandes victorias: se tienen que recibir menos goles que partidos disputados. El conjunto blanco encajó ocho más que sus encuentros jugados. Hace dos cursos soportó cinco goles menos que sus duelos. Son trece de diferencia y esto le habría dado la Liga e incluso la Champions.

Para solventar este agujero ha pedido fichar a toda una línea defensiva. Ya tiene a Konaté y Dumfries. Le falta otro central y el lateral izquierdo. Los intermediarios de la cúpula madridista han dialogado con los agentes de Rúben Días, Calafiori, Bastoni y Gvardiol. Mourinho ha tenido un trato directo con Bastoni. Hay una opción más asequible: Calafiori y Gvardiol pueden ejercer de lateral izquierdo y de central zurdo. Una sola adquisición en vez de dos.

Desarrollar mejor a cada profesional. Es la esencia que más necesita de la calidad del entrenador. Puedes fichar una estrella, la que Florentino Pérez anunciará, pero lo más relevante de la labor de un jefe es sacar más jugo de sus empleados. El objetivo de Mourinho es que todos sus pupilos rindan al máximo. Piensa que la mayoría de los futbolistas del Real Madrid pueden dar más de sí. Ya hemos dado la lista al principio. Opina que Mbappé y Vinicius deben rendir mucho más en un fútbol conjuntado. Y que Bellingham está por explotar y no ha sido aprovechado con sus mejores virtudes. Quiere que Jude sea su Lampard, el hombre que marcó 70 goles y dio 61 como nuevo líder de aquel Chelsea grandioso.