Gianni Infantino, presidente de la FIFA, junto a Aleksander Čeferin, presidente de la UEFA
En qué consiste la privatización de la FIFA que propone Infantino y por qué la UEFA la rechaza de plano
La propuesta de Gianni Infantino ha generado un fuerte rechazo en Europa y ha reabierto el debate sobre el futuro modelo económico del fútbol
Infantino presiona a las federaciones con 53 millones por asociación para sacar adelante su plan para el Mundial
El proyecto presentado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para crear FIFA Forward Enterprise ha abierto un frente de confrontación en la estructura del fútbol internacional. La iniciativa propone agrupar los derechos comerciales de las principales competiciones del organismo, como la Copa del Mundo masculina y la femenina, así como el Mundial de Clubes, bajo una nueva sociedad corporativa valorada inicialmente en 20.000 millones de dólares.
Bajo los términos de la propuesta, la FIFA mantendría el control mayoritario y la autoridad exclusiva sobre la gobernanza deportiva, los calendarios y las normas de la competición; el plan contempla abrir las puertas a inversores privados mediante la venta de una participación minoritaria de hasta el 20 % con el objetivo de recaudar aproximadamente entre 4.000 y 4.200 millones de dólares en capital líquido.
Desde la perspectiva de la FIFA, esa inyección financiera busca sostener programas de desarrollo para sus 221 federaciones y ampliar los recursos destinados al fútbol base a nivel global. Como parte de los incentivos difundidos para conseguir el respaldo político, se ha señalado que cada federación nacional podría recibir pagos significativos, estimados en hasta 40 millones de dólares, destinados a mejorar la infraestructura local y potenciar el crecimiento del deporte en regiones con menores ingresos.
Por su parte, la UEFA y las ligas europeas han expresado un rechazo absoluto a la medida. Los dirigentes del fútbol europeo argumentan que la monetización de los activos comerciales a través de fondos externos desvirtúa los principios tradicionales del deporte e introduce graves riesgos de mercantilización excesiva del calendario. Las principales críticas europeas se centran en tres puntos.
En primer lugar, la UEFA y las ligas europeas critican la falta de transparencia en la gestión del proyecto, ya que consideran que su desarrollo se ha llevado a cabo sin contar con la participación ni el consenso previo de las ligas, los clubes y las asociaciones que forman parte de la estructura cotidiana del fútbol.
En segundo lugar, muestran su preocupación por el riesgo de una mercantilización excesiva del deporte, al entender que la entrada de inversores privados podría traducirse en una presión constante para ampliar el calendario y aumentar el número de partidos con el fin de maximizar la rentabilidad económica, incrementando así la carga física y mental de los futbolistas.
Por último, las instituciones europeas también alertan sobre posibles conflictos de intereses, al cuestionar quiénes serán los verdaderos beneficiarios a largo plazo de esta privatización parcial de los principales eventos futbolísticos y hasta qué punto los intereses financieros podrían prevalecer sobre los deportivos.
La tensión entre ambos organismos es máxima. Tanto es así que la propia UEFA ha emitido un comunicado en el que asegura que no participará en competiciones organizadas por la FIFA hasta que esta situación se resuelva. Asimismo, el organismo europeo ha asegurado que, mientras Europa tenga voz en la gobernanza del fútbol mundial, la Copa del Mundo nunca estará en venta.
A este enfrentamiento entre la FIFA y la UEFA también se han sumado organismos políticos y reguladores, como la Comisión Europea, que estudian si esta operación respeta las normas de competencia vigentes. De este modo, el debate ya no se limita únicamente al ámbito deportivo, sino que plantea una cuestión más amplia sobre el futuro del fútbol profesional. Por un lado, se encuentran quienes defienden que los grandes torneos deben seguir bajo el control de las instituciones deportivas tradicionales; por otro, quienes consideran que la entrada de capital privado puede abrir nuevas oportunidades de crecimiento.