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Vinicius Junior, durante un partido del Real Madrid en pretemporadaEFE

La intrahistoria de la renovación de Vinicius: el Real Madrid le dio lo que pedía y Mourinho le convenció

No se podía ir del Real Madrid. Tensó la cuerda hasta casi romperla y Mikel Arteta le ponía un trono en Inglaterra al lado del Palacio de Buckingham, con un arsenal de dinero en la cartilla, pero Vinicius verdaderamente no quería marcharse del Real Madrid. Todo era más sencillo de lo que parecía y las declaraciones del brasileño lo dejaban entrever. Necesitaba sentirse importante. Necesitaba sentirse querido. No es que no fuera querido, porque Florentino Pérez ha hecho por él lo indecible en defensa de su integridad y de sus derechos. Pero Vinicius deseaba sentirse mejor valorado económicamente.

Marcó dos goles en dos finales de Champions. Solicitaba ser reconocido con un contrato a la altura de su relevancia, aunque sus dos últimas campañas no fueron buenas. Al final, Florentino Pérez y José Ángel Sánchez le dieron casi todo lo que pedía. Y Mourinho remató su continuidad con razonamientos futbolísticos que le convencerían a usted y a mí, a todos. Y le convencieron a él, que es lo que cuenta. Miren que Arteta le llamó cien veces y le dio mil argumentos para ser el rey del Arsenal. Le decía lo que quería escuchar: ser importante. Pero Vinicius en verdad no deseaba irse. Fue Mourinho quien le dio razones cartesianas indiscutibles para inducirle a continuar en el Real Madrid y consolidar su carrera.

Le sedujo para agrandar su leyenda en el sitio donde se hizo una figura, quizá hasta el final de su trayectoria profesional. El responsable de la plantilla se ganó al futbolista desde que regresó a los entrenamientos después de las vacaciones y del Mundial. Atrás quedó su enfrentamiento dialéctico indirecto ante la expulsión de Prestianni en el duelo europeo entre Benfica y Real Madrid. En ese combate de Champions el técnico luso defendió al argentino, a su jugador. Y le dio a Vinicius un consejo que ahora le ha repetido estando en el mismo bando: no celebres los goles frente a la afición rival, sobra eso, celebra con tus compañeros.

Aclaradas las cosas, Mourinho ha conquistado a Vinicius. Y ha sido una persona fundamental en su decisión de firmar un excelente contrato por seis temporadas con el Real Madrid, nada menos que hasta los 32 años. Pocos jugadores reciben una confianza de esta magnitud.

Diomande no es rival

La travesía no ha sido de vino y rosas. Había espinas que caían de las rosas. El Real Madrid siempre mira al futuro y contrata a otros futbolistas con independencia de las negociaciones en marcha. Vinicius no había renovado, Arteta le tentaba desde Londres y el brasileño observaba cómo el club blanco fichaba a Diomande. Era otro extremo que también brillaba por la izquierda, aunque en realidad lo hace también por la derecha, por el centro y por todos los sitios. Mourinho fue rotundo. Le dejó claro al número siete que no se le buscaba sustituto. El marfileño venía para ocupar la banda derecha. Para formar un tridente ofensivo de ensueño: Vinicius, Mbappé y Diomande. El portugués fue conciso con el carioca: «Queremos que te quedes, contamos contigo».

Vini Jr. se sintió querido. Se sintió protagonista con el nuevo jefe. Dicho esto, Vinicius, como todos los componentes del equipo, saben que hay sacrificios innegociables para jugar en el once de Mourinho: deben defender y taponar a su par. El brasileño lo hizo ante el Schalke, bajando a pelear balones con su marcador como nunca lo ha hecho. Ha comprendido que el sistema estratégico está por encima de todo. La táctica se impone por encima de las individualidades

Vinicius Jr., en un partido con el Real Madrid la pasada temporadaEuropa Press

Mourinho ha hablado con su tridente. Quiere que Mbappé y Vinicius consigan la conexión perfecta que no han demostrado durante estos dos últimos años, porque si se coordinan su calidad alcanzará un mayor rendimiento en pases y combinaciones que deben ser letales, dada la clase que atesoran. Diomande será la tercera vía del ataque. El técnico les pide que jueguen como equipo y para el equipo.

Mourinho le ha explicado al brasileño que es un hombre clave en su esquema ofensivo y que pretende que saque todo su arsenal, nunca mejor dicho. Que exhiba su velocidad, su regate, su pase de la muerte y su remate. Pero sobre todo que mire por el interés del equipo. El futbolista se ha sentido mimado, querido. La frase que define esta sensación es: soy importante. Es lo que quería escuchar, no oír. Y hay un hecho verídico que hemos comprobado en los últimos ocho años con el suramericano en el Real Madrid: rinde mucho mejor cuando se siente a gusto. Es mejor jugador cuando luce su sonrisa. Entonces es peligroso para los rivales. Así le quiere Mourinho.

El portugués convenció al brasileño con sentido común, que habitualmente suele ser el menor de los sentidos. Le espetó una realidad empírica: viniste de Brasil, llevas ocho años en el Real Madrid y si dejas este club para irte a otro equipo europeo descubrirás entonces lo que significa el Real Madrid y formar parte del Real Madrid. Este análisis le hizo pensar mucho. Le vino a decir que no sabes dónde estás y te vas a dar cuenta cuando te vayas, si es que alguna vez te vas. Descuiden: no se fue. No quería lamentar una equivocación. Se acabó la historia. Real Madrid y nada más. Florentino Pérez y José Ángel Sánchez saben muy bien que Vinicius es madridista. Y dieron el golpe final para que firmara prácticamente de por vida.

El tira y afloja que perduró a lo largo de un año se acabó con el apoyo deportivo de Mourinho y el buen hacer institucional de Florentino Pérez y José Ángel Sánchez. El jugador rubricó un acuerdo por seis campañas, hasta sus 32 años, con un salario cercano a los 24 millones netos anuales. Solo Mbappé supera esas cifras, porque percibe una prima de fichaje al llegar libre desde el PSG, palabras mayores. El convenio ofrecido al brasileño es todo un reconocimiento de la entidad. El tridente formado por Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y José Mourinho consiguió que el brasileño se quedara y forme el otro tridente junto a Mbappé y Diomande. Los tres en raya en dos dimensiones.