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José Mourinho, en una imagen de archivoAFP7 vía Europa Press

El vestuario madridista, atónito con los «penaltis» que se pitaron y beneficiaron a Barcelona y Atlético

Los teléfonos del madridismo popular y del oficial echaban humo tras el polémico triunfo del Barcelona, se quemaron de indignación después de «la mano echada al Atlético» y explotaron de impotencia tras la ironía de Mourinho que denunciaba el silencio stampa ante estas ayudas arbitrales a los dos rivales directos del Real Madrid. Dos supuestos penaltis regalaron el camino hacia la victoria a los azulgranas y los rojiblancos como si fueran paquetes de Navidad adelantados tres meses por Amazon.

Dos jugadas que nunca habrían sido castigadas en el pasado y ahora se señalan por cambios legislativos muy discutibles y sobre todo por interpretaciones arbitrales bastante inquietantes, porque lo que el domingo fueron penaltis no han sido nada en otros partidos y no serán nada en otros campos y con otros colegiados. La arbitrariedad de las decisiones son las que marcan esta desconfianza. La comidilla del día después en Valdebebas fueron esos dos ¿penaltis? que colocaron viento en popa los puntos para Flick y Simeone a domicilio. Mourinho, su cuerpo técnico, sus jugadores, preparadores físicos, médicos, readaptadores, utilleros, todos, arriba y abajo, en la cocina y en los mentideros de Valdebebas, comentaban que la Navidad había llegado en septiembre para Joan Laporta y Miguel Ángel Gil.

En el cuartel general de Valdebebas y en el campo de entrenamiento número uno, diversos profesionales de la entidad destacaron la falta de polémica general ante «dos supuestos penaltitos» que si se señalaran a favor del Real Madrid «hoy abrirían toda la prensa nacional». La comparación es odiosa frente a lo sucedido en la visita del Real Madrid a La Cartuja, donde no se repitió el penalti lanzado por Mbappé. El conjunto blanco se sintió perjudicado. Hubo polémica general por esa decisión y el Comité Técnico de Árbitros salió a la palestra a defender a su juez de la contienda. Mourinho ironizó con la piña que hacen los colegiados. Todos se dan la razón de forma corporativa aunque en la distancia corta digan lo contrario. Que es lo que ocurre. Pero si el Real Madrid les critica todos se protegen en público, para decir en privado que muchos árbitros no dan la talla. Es exactamente lo que está pasando.

La cocina blanca considera que son decisiones gravemente preocupantes los penaltis «inventados» en favor de Barcelona y Atlético. Mucho más que el jaleo arbitral de La Cartuja, donde ni los jueces ni el VAR se sabían el Reglamento.

Silencio stampa y aquí no pasa nada

En los mentideros de Valdebebas, que son como los de Fleet Street pero adornados de blanco, se reflexiona con resignación y sin sorpresa el 'silencio stampa' de la prensa española ante dos jugadas que si llegan a beneficiar al Real Madrid dejarían en segundo plano Madring y Ceuta para abrir a toda pastilla con esas dos acciones. Pero los beneficiados son el Barcelona y el Atlético. Y nadie genera una polémica por ello. La metáfora es perfecta: todo O.K., José Luis. Todo O.K. para Barcelona y Atlético. En el Real Madrid denuncian que de O.K. nada. Todo lo contrario. Todo mal y al revés. Todo muy bien para Barcelona y Atlético, eso sí.

El análisis de los «dos regalos y la normalidad impuesta» alucinan al Real Madrid. Desde arriba hasta abajo, el club blanco constata que solo vende la polémica con el Real Madrid y se tapan los «escándalos» a favor de azulgranas y rojiblancos. En el vestuario madridista se hace una argumentación palmaria: «Si el penalti regalado a Lamine se lo pitan a Vinicius hoy tenemos una polémica nacional». En paralelo, otros profesionales de la casa que trabajan día a día con el equipo blanco subrayan otra situación virtual: «Si el penalti que regala el 0-1 al Atlético cerca del final del partido se lo regalan a Mourinho, ahora tenemos un escándalo en los medios. Los barcelonistas, los atléticos, los antimadridistas montarían un escándalo monumental. Pero se ayuda al Barcelona y al Atlético y no sucede nada. A los dos de golpe. Alucinante». La indignación se recalienta al pensarlo y contarlo.

Manu Sánchez pelea un balón con Lamine YamalAFP

El pensamiento pausado de los diferentes escalafones del Real Madrid se convirtió en incendio en la calle tras escuchar el dardo de Mourinho a la «prensa muda». El aficionado se fue enfadando más al ver el comentario del portugués, que destacaba el silencio stampa en España en comparación con el espectáculo mediático vivido tras la polémica de La Cartuja, el penalti no repetido y el apoyo oficial al colegiado. El portugués sabe que si las jugadas de Lamine en casa del Levante y de Job en Anoeta le hubieran beneficiado al Real Madrid, hoy ardería Troya y sin Brad Pitt.

Hay que decir una realidad. El 'silencio stampa' generalizado del domingo tras los triunfos de Barcelona y Atlético supuso que muchos aficionados al fútbol no hubieran visto las dos jugadas y no supieran lo sucedido. La mayoría de los madridistas fueron a ver las imágenes del Barcelona y del Atlético tras las palabras de Mourinho. Y el ojo crítico estalló. Las redes sociales y las llamadas telefónicas ardieron. Se comparaba el penalti a Lamine con el de Rodri ante los «malos» del Valencia. Se ayudó al Barcelona contra el Levante y en Mestalla al no señalar el penalti de Rodri, con el que «no fue suficiente» el empujón. Con Lamine sí fue suficiente el toquecito en la planta del pie.

El balance de cuentas es que el arbitraje es un problema en España. Los criterios cambian según los partidos y los equipos. En Valdebebas se auguraba otro mantra: «Rodri no hace penalti en Mestalla, pero a Lamine sí se lo hacen, dicen los árbitros. Cambian las varas de medir. Pero nunca pasa nada, nunca pasará nada. Saldrá el Comité Técnico de Árbitros y dirá que el toquecito en la planta del pie de Lamine es penalti clarísimo y que también es un penaltazo la mano involuntaria en Anoeta, en un balón muerto y sin peligro». Esa es la indignación del madridismo popular y del oficial. Hay criterios distintos y diferentes listones según se quiera aplicar y a quién y a favor de quién y en contra de quién. La arbitrariedad define la actuación arbitral cada jornada. «Pero siempre se ayuda al Barcelona», remata un veterano profesional de Valdebebas.