Elina Svitolina, en el Open de Australia 2026
El poder de ser madre: la hazaña histórica que han conseguido en el tenis tras el Open de Australia
Una vez que se ha actualizado el ranking WTA podemos ver a dos madres en el top 10, algo que no había pasado nunca antes
Rybakina se toma la revancha ante Sabalenka y reina en Australia
El tenis femenino vive desde hace años una transformación silenciosa pero profunda: la maternidad ha dejado de ser un sinónimo de retirada definitiva para convertirse en algunos casos, en el inicio de una segunda carrera igual de competitiva que la primera. Tras el último Open de Australia, la WTA volvió a poner el foco en un fenómeno que ya es histórico, el impacto de las madres en la élite del tenis mundial dentro y fuera de la pista.
En la Era Abierta, solo tres tenistas han logrado algo que parecía casi imposible durante décadas: ganar un Grand Slam después de ser madres. La primera fue Margaret Court, que en 1973 que conquistó el Open de Australia, Roland Garros y el US Open tras dar a luz. Años después Evonne Goolagong se proclamó campeona de Wimbledon en 1980 tras ser madre. La última en lograrlo fue Kim Clijsters, que ganó el US Open en 2009 y 2010 y el Open de Australia en 2011.
Además Serena Williams, merece un capítulo a parte quien perdió cuatro finales tras dar a luz a su hija Olimpia, y confesó que estuvo cerca de morir tras dar a luz a su hija. A pesar de no haber podido lograr un Grand Slam, compitió al máximo nivel en un contexto físico y mental extremadamente exigente. El dato más simbólico sigue siendo que su último gran título, lo conquistó estando embarazada, un detalle que resume la dimensión de su legado.
Más allá de los títulos, el tenis actual empieza a valorar la continuidad competitiva tras la maternidad como un logro en sí mismo. Ahí aparece el ejemplo de Tatjana Maria, que a los 34 años, alcanzó las semifinales de Wimbledon, tras dos parones por maternidad. Su historia marca rompe el relato clásico de la edad como límite y demuestra que el cuerpo femenino, con la preparación adecuada y el apoyo necesario, puede volver a rendir al máximo incluso después de largos periodos alejado de la pista.
En esta nueva etapa del tenis femenino, la maternidad ya no se presenta como un obstáculo, sino como una experiencia que muchas jugadoras describen como transformadora. Angelique Kerber, campeona de tres Grand Slams, ha explicado en varias ocasiones cómo ser madre ha cambiado su forma de competir: menos presión, mayor claridad mental y una motivación distinta, ligada al ejemplo que quiere dar a su hija. Kerber regresó al circuito tras su maternidad reivindicando que el equilibrio personal también puede traducirse en rendimiento deportivo.
Serena Williams durante el US Open 2022
Otra figura clave es Caroline Wozniacki, que volvió al circuito después de ser madre y ha hablado abiertamente de la conciliación, la gestión del calendario y la importancia de normalizar que una carrera deportiva pueda tener pausas sin perder legitimidad. Su mensaje conecta con una generación más joven que ya no concibe el deporte de élite como un camino lineal e ininterrumpido.
El cambio cultural también se refleja en las decisiones de las jugadoras que aún no han sido madres. Aryna Sabalenka ha reconocido que la maternidad forma parte de su plan vital y deportivo, planteando abiertamente la idea de parar, ser madre y volver. Un discurso impensable hace no tanto tiempo en un circuito que penalizaba cualquier interrupción prolongada.
Tras el Open de Australia, la WTA volvió a poner cifras y nombres a una realidad que ya no se puede ignorar: las madres no solo regresan, compiten, ganan partidos y marcan el rumbo del tenis femenino. Quizá los títulos tras la maternidad sigan siendo una excepción estadística, pero el impacto simbólico y deportivo es enorme. Porque cada regreso exitoso no solo desafía al reloj biológico, sino que amplía los límites de lo que significa ser atleta profesional