Aryna Sabalenka, en las semifinales del US Open
El tenis femenino, al borde de la quiebra: ¿está en riesgo su futuro?
La WTA, organización que rige el deporte rey de la raqueta en categoría femenina, prevé unas pérdidas de 23 millones de dólares para este año
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El US Open 2026 está a punto de conocer a sus campeones tanto en categoría masculina como en la femenina. La gran final del cuadro femenino se disputará este sábado y posiblemente sea el encuentro soñado, con una vibrante batalla que medirá a Aryna Sabalenka, número 1 del mundo, con Elena Rybakina, número 2 del ranking WTA aunque saldrá de Nueva York como la mejor del planeta independientemente de si vence o no en el duelo por el título.
Con este escenario que dibujamos y el gran partido que tendremos este sábado por delante, la lógica dice que el circuito WTA está gozando de buena salud. Tiene grandes campeonas como Sabalenka, Rybakina, Swiatek, Gauff o Andreeva además de leyendas que todavía siguen jugando algún torneo como Serena Williams y Venus Williams o Naomi Osaka, cada vez más cerca de regresar a la élite y una tenista de lo más popular en Asia.
Sin embargo, la realidad dice, tal y como ha adelantado The Telegraph, que económicamente la organización que rige el tenis femenino, Women's Tennis Association (WTA) está al borde de la quiebra. Tal y como ha informado el prestigioso diario británico, que señala que la WTA dispone actualmente de una liquidez de alrededor de 15 millones de dólares para afrontar el final de este curso. Las previsiones internas apuntan a que, si no se produce una reacción, la organización podría entrar en déficit en otoño de 2027.
Todo esto se debe a la ruptura del acuerdo para que las WTA Finals (Copa de Maestras) se disputaran en Riad. La organización del tenis femenino lograba grandes ingresos con este acuerdo que se terminó descartando por cuestiones con los derechos humanos y su situación en Arabia Saudí. La decisión fue moverlas a Indian Wells, lo que contará con una dotación económica mucho menor al no haber un inversor y ser la propia WTA la que asuma buena parte de los costes y premios del torneo.
A ello hay que sumar otro problema a medio plazo para la WTA, pues 2027 será el último año del acuerdo con CVC, por el que la WTA recibe alrededor de 30 millones de dólares. Perder esta otra fuente de ingresos ha llevado a Valerie Camillo, nueva presidenta de la WTA, a tener que meter la tijera desde sus primeros meses de mandato. Esto provoca que reduzca costes al máximo y que también baje los premios económicos del circuito, entregando menos dinero que a los hombres en eventos como las Masters 1000 de Miami o de Madrid.
La supervivencia del tenis femenino
Con este escenario tan complicado la formación necesita encontrar vías de ingreso y pese a que se renunció en su momento a Oriente Medio, ahora se vuelve a mirar hacia allá como gran forma de evitar la quiebra. De todos modos, ocurra lo que ocurra, el tenis femenino en absoluto está en riesgo porque los grandes torneos del circuito, que son los Grand Slams, funcionan de manera independiente y están atravesando su mejor momento económico. Por ese lado, no hay ningún problema, pero la WTA sí puede quebrar en 2027.
Esto, realmente, no afecta a las grandes estrellas que hemos mencionado antes y que además de recibir grandes cantidades de dinero en cada torneo tienen contratos millonarios con las grandes marcas. El drama real sería para las tenistas de la parte baja del ranking, pues ellas sí dependen casi en exclusiva de la WTA, por lo que las diferencias entre la élite y las tenistas de abajo podría ser todavía más grande.
Por el momento, y confiando en que evitarán la quiebra, la WTA no ha planeado una alternativa, pero ya vuelve a sobrevolar la idea de que la ATP absorba la WTA y se cree una organización 'One Tennis' que gestionaría ambos circuitos combinados. Esto sería muy positivo a la hora de vender en un único pack los derechos televisivos, pero podría ser un problema en la toma de decisiones de cada circuito y para los torneos pequeños como los WTA 250 o WTA 500, que podrían ser todavía menos rentables.