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Alexander Zverev celebra su victoria en el US OpenAFP

Gana el US Open y no se da cuenta: el surrealista momento de Zverev tras ser campeón

Momento surrealista el que se ha vivido en la final del US Open 2026. El partido que ha enfrentado a Alexander Zverev y Ben Shelton se ha saldado con victoria del alemán, lo que se traduce en su segundo título de Grand Slam, ambos conquistados esta temporada. Sin embargo, lo más curioso ha sido que en esta ocasión el número 2 del mundo no se ha dado cuenta de que había ganado el título.

Tan concentrado estaba en el partido que Zverev no se dio cuenta de que ya había ganado a Ben Shelton por 6-4, 7-6(2), 5-7 y 6-2. Y es que el alemán, que lógicamente sabía que estaba muy cerca de ganar el partido, pensó que en ese momento el marcador era de 5-1, pues sabía que había conseguido un doble break, pero pensó que todavía le quedaba un juego para coronarse como campeón del US Open.

No era así y, cosas de la vida, le benefició claramente, pues no sintió la presión de cerrar el partido. Sacó bien, puso el 15-0, luego Shelton hizo el 15-15 y a partir de ahí Zverev sacó a las mil maravillas y tres auténticos misiles le valieron para cerrar el partido. «Estuvimos trece años sin ganar un 'grande' y ahora hemos ganado dos en tres meses», dijo después Zverev en su discurso como campeón para dar valor a su victoria.

El alemán sanó así su herida abierta desde 2020, cuando perdió su primera final en Nueva York cuando iba dos sets arriba y llegó a servir para el título en el quinto y colapsó ante la remontada del austriaco Dominic Thiem. «Creo que Dios ha visto cuánto hemos trabajado, cuánto hemos sufrido, cuánto dolor hemos soportado, y creo que 2026 es el resultado de todos los años anteriores en los que hemos pasado por todo eso», añadió el alemán.

Así las cosas, seis años después, Zverev ha conseguido su primer título en el US Open y de paso ha dejado una de las anécdotas más curiosas tras ganar un Grand Slam. Había sucedido que un tenista no se diese cuenta de que había ganado un partido normal, pero nunca en una final de Grand Slam, donde normalmente están todos los sentidos puestos y los tenistas tienen el marcador en su cabeza en todo momento.