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El Gobierno quiere convencernos de que España es la locomotora de Europa. Ponen como punto de partida el 2020. En ese caso, es verdad: solo Chipre, dentro de la UE, muestra un crecimiento mayor del PIB. La trampa consiste en que, como el PIB español fue el que más se hundió en la pandemia, comparar con ese mínimo garantiza resultados mejores que la media.

Si se toma como base el 2015, el artificio sanchista se desvanece. Desde entonces hasta el final de 2024, los PIB de Irlanda y Malta crecieron más del 60 %, y los de Chipre, Polonia, Croacia, Rumanía, Lituania y Eslovenia, más del 30%. Por su parte, los PIB de Bulgaria, Dinamarca, Hungría, Portugal, Holanda y Eslovaquia, lo hicieron más del 20 %. Recién ahí, aunque también superada por Luxemburgo, aparece España, con un crecimiento acumulado de 19 %. Nuestro país está de mitad de tabla para abajo. Cierto: crece más que las economías esclerotizadas de Alemania, Francia e Italia, ahogadas por impuestos y regulaciones. Pero es como si el Real Madrid sacara pecho porque suma más puntos que el Valladolid.

El crecimiento del PIB desde 2019 se ha apoyado en solo dos patas: exportaciones de servicios (+27,8 %) y consumo público (+19,1 %). Esa debilidad del patrón de crecimiento se acentuó en 2024 porque cerca del 35 % del aumento del PIB tuvo su origen en un mayor gasto público.

El aumento nominal del PIB en 2024 fue de 94.800 millones de euros respecto a 2023. El consumo público creció 17.200 millones. El gasto en pensiones, que impulsa el consumo privado, creció 11.300 millones, por la mayor pensión media y el creciente número de pensionistas. Las Otras construcciones, que recogen fundamentalmente la licitación oficial, aumentó 3.600 millones. La suma de estos conceptos (a la que se podrían añadir otras prestaciones y subvenciones) equivale a más de una tercera parte del incremento del PIB.

Será imposible sostener indefinidamente este impulso gubernamental a la demanda

Será imposible sostener indefinidamente este impulso gubernamental a la demanda. Hay un compromiso con Bruselas para limitar el crecimiento del gasto público y la deuda pública, que supera los 1,6 billones, crece a un ritmo medio anual de 80.000 millones desde 2019 (más de 300 millones por día laborable).

No está claro qué parte de la demanda privada podría reemplazar el estímulo público. El uso de la capacidad instalada en la industria del cuarto trimestre de 2024 fue el más bajo, para un cuarto trimestre, desde 2013; no hay una presión para acometer nuevas inversiones. La nueva subida del salario mínimo, el continuado aumento de las cotizaciones sociales y la eventual reducción compulsiva de la jornada laboral, con mantenimiento de salarios, son todas medidas que encarecen los costes y reducen la rentabilidad de los proyectos de inversión.

El salario medio privado ganó capacidad de compra en los últimos dos años. Pero la mayor presión tributaria (por no haberse ajustado las escalas ni el mínimo personal del IRPF, y la subida de cotizaciones sociales) y el aumento del precio de los alimentos (34% más caros que en 2019), debilitan el impacto que eso pueda tener sobre el consumo.

La debilidad de la economía europea tampoco invita a pensar que ese pueda ser el origen de una demanda creciente

La debilidad de la economía europea, principal destino de las exportaciones españolas de mercancías, tampoco invita a pensar que ese pueda ser el origen de una demanda creciente capaz de sustituir el estímulo artificial del sector público.

Así, es el aumento de la población el principal elemento que apoyará el crecimiento de la demanda. Tras haber crecido apenas 0,2 % anual entre 2011 y 2021, la población residente aumentó 1,1 % anual en el trienio 2021-2024. En 2022 y 2023, el saldo migratorio anual superó las 600.000 personas, lo que más que compensó la reducción vegetativa de la población nativa. En 2023, el saldo migratorio favorable de 639.100 personas fue el mayor de la UE.

Sin aumentar la productividad por ocupado, la expansión del PIB por la creciente población no garantiza mayor bienestar, cuyo mejor termómetro es el PIB por habitante. En este terreno, la comparativa europea arroja flojos resultados: comparando los datos de 2015 con los de 2024, hay 18 países de la UE que lograron un mayor incremento del PIB per cápita que España.

Diego Barceló Larran es director de Barceló & asociados (@diebarcelo)