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Diego Barceló

Sánchez y el despilfarro: nunca el sector público gastó tanto en un momento de crecimiento

Si el gasto público no financiero sin intereses fuera el 30 % del PIB, cada ocupado en el sector privado contaría, en promedio, con casi mil euros más por mes para ahorrar o gastar en lo que quisiera

El gasto del conjunto de Administraciones Públicas, excluyendo los intereses de la deuda, ronda el equivalente al 43 % del PIB. Excluyendo los años de desplome del PIB (2009 a 2012, por el pinchazo de la burbuja de gasto de Zapatero-Solbes, y 2020 a 2022, por la pandemia), es el máximo nivel histórico. En otras palabras, nunca el sector público gastó tanto en un momento de crecimiento económico.

Como referencia, durante los ocho años de gobierno de Aznar, el gasto público no financiero, sin intereses de la deuda, promedió el 36,1 % del PIB. En los años de Felipe González, la media fue de 36,7 %. En el período de Suárez y Calvo Sotelo, el promedio alcanzó a 30,9 %, con un mínimo de 27,7 % en 1979.

Con Aznar el gasto público no financiero era del 36,1 % sobre el PIB; ahora estamos en el 43 %

Es decir que, en números redondos, las Administraciones Públicas gastan 13 puntos del PIB más ahora que en 1980. Trece puntos del PIB equivalen a 214.000 millones de euros, que cada año se gastan de más con relación a 1980.

El problema del gasto público es que hay que pagarlo. Como el gobierno no produce nada, todo lo que gasta lo tiene que quitar a la sociedad antes a través de impuestos. Si alguien puede sentir alguna satisfacción porque el gobierno gaste 214.000 millones más cada año, con relación al nivel de gasto de 1980 (hablando, obviamente, en euros con el poder adquisitivo actual), seguramente sienta otra cosa al saber que ese mayor gasto implica que ahora, cada uno de los que trabajamos en el sector privado, tenemos que pagar, de media, 11.400 euros más de impuestos cada año.

Si el gasto público no financiero sin intereses fuera el 30 % del PIB, cada ocupado en el sector privado contaría, en promedio, con casi mil euros más por mes para ahorrar o gastar en lo que quisiera. ¿Cuánto mejoraría su nivel de vida, estimado lector, con casi mil euros más por mes para cada miembro de su núcleo familiar que trabaja en el sector privado?

Si el gasto público fuera del 30 %, podrían eliminarse por compelto el IRPF y el Impuesto de Sociedades

Otra forma de verlo puede resultar aún más shockeante: si el gasto público fuera 30 % del PIB, podrían eliminarse por completo el IRPF y el Impuesto de Sociedades. ¿Se imaginan vivir en un país en donde la campaña de la Renta fuera solo un mal recuerdo?

Sé que puede parecer imposible, pero yo creo que no solo es factible, sino deseable, volver a un nivel de gasto público de 30 % del PIB. ¿Cómo? Suprimiendo las comunidades autónomas (con sus parlamentos, TV, embajadas y demás), eliminando todas las subvenciones a empresas, sindicatos y partidos políticos, auditando el fraude en las pensiones por invalidez, equiparando las condiciones de trabajo en los sectores público y privado (basta de moscosos y canosos que pagamos los demás) y mil ejemplos similares. En pocas palabras, suprimiendo el derroche obsceno, que empodera a los políticos y empobrece a la sociedad. No es cosa de un día para el otro, pero algún día habrá que empezar.

A medida que se avanzara (a medida que se fueran reduciendo el IRPF y Sociedades, hasta eliminarlos), sería tal la explosión de prosperidad general, que no podríamos entender por qué tardamos tanto en emprender ese camino. La rentabilidad de todos los proyectos de inversión aumentaría, por lo que habría una lluvia de inversiones, nacionales y del exterior, que aceleraría el crecimiento económico y permitiría acabar con el paro.

El colosal tamaño que ha alcanzado el estado (siempre con minúscula) nos cuesta mucho. Un coste que pagamos cada día con menor bienestar y menos libertad de los que podríamos tener.

Sin embargo, como dije antes, parece imposible de concretar. ¿Por qué? Por la mentalidad socialista que se ha ido incrustando en cada rincón de la sociedad, incluso entre muchos de los que no se consideran «de izquierdas». Mentalidad que hace que muchos vean una reducción del tamaño del estado con temor. Algo parecido al miedo del preso antes de salir en libertad.