La imperceptible prosperidad española
En España no estamos compitiendo en generar, sino que tenemos mucho empleo de poco valor añadido
Se extiende la percepción de que existe una desconexión entre las cifras macroeconómicas españolas y la cotidianiedad microeconómica. Se ahonda la percepción en casi todos los niveles de la población: consumidores, empresarios, académicos y políticos. ¿Cómo es posible entender esta paradoja?
En 2018, los datos del Banco Interamericano de Desarrollo indicaban que el grado de desigualdad en Chile no era diferente al que mostraban los países de la misma zona hispanoamericana. El promedio de la región para el índice de Gini era 0,48 y la mediana tenía el mismo valor. En este índice el valor 0 indica una situación de equidistribución (el 1 % de la población tiene el 1 % de la renta). El valor 1 indica una situación de máxima concentración de la renta. La versión más utilizada es el índice de Gini de renta disponible (después de impuestos y transferencias), ya que refleja la desigualdad real en el ingreso disponible de los hogares.
El servicio de estudios del mismo Banco señalaba que a comienzos del siglo XXI, Chile era uno de los países de la zona que más habían reducido la desigualdad entre sus ciudadanos tras un largo proceso que enlazaba la labor de los gobiernos militares con los posteriores gobiernos democráticos.
A pesar de lo anterior, la percepción de la desigualdad de la mayor parte de la población era muy marcada. Tanto que se produjo una violenta rebelión en 2019 que se llevó por delante con fuego la mayor parte de las infraestructuras de metro de la capital y numerosas sedes de empresas nacionales e internacionales. Varios cuarteles fueron cercados a punto de asaltarse y los comercios no abrían sus puertas hasta no contar con protección policial o militar que los protegiesen del pillaje.
Sebastián Edwards ha publicado recientemente el libro El proyecto Chile en el que cuenta con detalle las políticas que parte de los economistas formados en la Universidad de Chicago pusieron en marcha tras el derrocamiento del presidente Salvador Allende y cómo, el grueso de esas políticas fueron mantenidas por los posteriores gobiernos denominados «de la concertación» de partidos de izquierda.
Para Edwards hay tres razones que pueden ayudar a explicar el furioso desencanto de la población chilena a pesar de que los indicadores macroeconómicos seguían situando al país en la cabeza de los más desarrollados de Iberoamérica.
La primera era que mientras los economistas y estadísticos miden la desigualdad convencionalmente a través del ingreso, los ciudadanos tienen en su ánimo un concepto más amplio que incorpora muchos otros aspectos de su calidad de vida como el acceso a los servicios básicos y estos escapan a las estadísticas más divulgadas.
La segunda está en que el relato de la mejora económica chilena había sido capturado por los opinadores contrarios a las políticas neoliberales que –cito textualmente–, «recurriendo a las tácticas del pensador marxista italiano Antonio Gramsci», había instalado en el imaginario colectivo que la realidad económica chilena era mayoritariamente injusta.
La tercera razón era la impaciencia social, esto es, la sociedad reconocía los avances económicos pero consideraba que avanzaban de manera mucho más lenta que sus aspiraciones.
Sólo la pandemia y dos fracasos posteriores de reforma constitucional apaciguaron el descontento chileno que ha acabado por preferir al candidato conservador José Antonio Kast frente a la candidatura de la líder comunista Jeannette Jara.
Aunque las políticas redistributivas reducen la desigualdad en más de 11 puntos, el impacto del sector público español es menor que la media de la UE-15
En 2023, el índice de Gini para España era de 0,32; marcadamente por debajo del promedio iberoamericano. Aunque las políticas redistributivas reducen la desigualdad en más de 11 puntos, el impacto del sector público español es menor que la media de la UE-15. Cuidado porque es importante advertir de que el índice de Gini de la riqueza (patrimonio) es considerablemente mayor (67,2 en 2024) que el de la renta. Un dato extraordinariamente importante en un país con graves problemas de acceso a la vivienda como España.
Por otra parte, el indicador P80/P20 que mide la desigualdad de la renta comparando la suma de ingresos del 20 % de la población más rica (P80) con la suma de ingresos del 20 % más pobre (P20), tomaba el valor de 2,8 también para 2023 según el INE. Esto significa que significa que el 20 % más rico gana 2,8 veces más que el 20 % más pobre.
El sueldo medio era en 2021 –último dato que ofrece el INE– de 30.700 euros anuales para los hombres y 28.180 euros para las mujeres. El salario más frecuente no llegaba a los 19.500 para los hombres ni a los 14.500 para las mujeres. Frente a esto, los precios aumentaron acumulativamente entre diciembre de 2021 y finales de 2025 un 20% en la cesta general de la compra pero entre el 22 y el 26% en los alimentos y bebidas.
Por cada seis empleos que se han creado, solo se ha reducido un demandante de empleo
La mortalidad de los contratos indefinidos está disparada desde la reforma laboral. Seis de cada diez contratos indefinidos no superan el año. En la práctica se usan los contratos indefinidos para cubrir necesidades temporales. Según Valentín Bote, de Randstat, por cada seis empleos que se han creado, solo se ha reducido un demandante de empleo. Es preocupante que no se reduzcan los demandantes de empleos. Preocupante pero no inexplicable.
Por una parte recogemos la cosecha sembrada desde hace décadas de borrar del lenguaje las palabras mérito, esfuerzo y similares. Pero también hemos recogido la cosecha de sembrar la convicción de tener a la generación más preparada, repleta de grados de formación profesional, grados universitarios y posgrados pero sin apenas posibilidades de crecer en sus empresas o haciendo a cambio de mejoras salariales pírricas. Todos ellos tendrán además que ajustarse o competir con la Inteligencia Artificial. A todos ellos las cifras macro les resultan tan lejanas como la compra de una vivienda.
En España no estamos compitiendo por generar más valor, sino que tenemos mucho empleo de poco valor añadido. La evolución de esta variable medida por índices encadenados fue de un 6 % en 2021 y en 2022; muy por debajo de la subida de precios. Todo esto enfada y mucho.
- José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino