El futuro de los hermanos Escribano en Indra; ascenso y caída de una época empresarial
Una cosa es ser amigo del presidente y otra regalar Indra a un tornero fresador que fundó un taller en 1989 tras quedarse en paro
Ángel Escribano, presidente de Indra y fundador de EM&E
La fiesta empezó el miércoles por la tarde cuando Ángel Escribano, presidente de Indra, fue llamado a Moncloa para «analizar la situación actual por la fusión con EM&E y la fuerte caída de la acción en bolsa». Como viene ya siendo habitual, Manuel de la Rocha, Director de la Oficina Económica de Moncloa, fue el encargado de comunicar al presidente de una empresa privada –de la que el Gobierno es máximo accionista, eso sí– que ya se habían cansado de él y de sus tejemanejes. No habría fusión de su empresa Mechanical & Engineering (EM&E), propiedad de Ángel y Javier Escribano, con Indra. Y si no le gustaba, podía dimitir. El órdago de Manuel de la Rocha admitía poca negociación y Ángel Escribano reculó hasta donde pudo.
Un decir, pues nada más abandonar el complejo monclovita, el presidente de Indra emitió un comunicado a Bloomberg en el que desafiaba a su amigo Pedro Sánchez y defendía la compra de EM&E por Indra. A la vez remitía una información relevante a la CNMV asegurando que seguía adelante con los planes de fusión.
Pero una cosa es ser amigo del presidente y otra, regalar Indra a un tornero fresador que fundó un taller en 1989 tras quedarse en paro. Como dice un amigo mío, lo de Indra es como poner al mecánico de Talleres Martínez al frente de la Renault'.
En Moncloa sabían que con la fusión el Gobierno perdería el control de Indra y no tuvieron más que filtrar las alucinantes valoraciones de las compañías para cargarse la operación. Ese mismo día contaban en Moncloa que lo que pretendía el presidente de Indra era blindarse ante un previsible cambio de Gobierno. Escribano, por su parte, recordó a De la Rocha que ellos le habían nombrado presidente cuando Marc Murtra se fue a Telefónica. Y que su fidelidad seguía intacta. Quizá la fidelidad había cambiado, pero su patrimonio, mucho más.
En Moncloa manejaban otros datos. Aunque la SEPI controla el 28 % de Indra, la valoración que habían hecho los Escribano de su empresa –de traca– oscilaba entre 1.500 millones y los 2.000 millones y, al hacerse la operación en canje de acciones, estos pasarían a tener nada menos que un 27 % de Indra que, sumado al fondo Amber del presidente de Prisa, Joseph Oughourlian (7,24 %), serviría para controlar la empresa. Y no. En Moncloa no estaban por esa labor. Habían adjudicado a Indra la mayor parte de los Programas Especiales de Modernización que licitó el Ministerio de Defensa, lo que supuso la mayor subida en Bolsa de Indra el año pasado. Y el regalo era suyo. No de los Escribano.
Como dice un amigo mío, lo de Indra es como poner al mecánico de Talleres Martínez al frente de la Renault'
De la Rocha simplemente le recordó a Escribano que la decisión estaba en manos del Consejo de administración de Indra, donde la SEPI cuenta con tres consejeros, a los que se sumaría el de Sapa Placencia (7,945 del capital), que siempre se ha opuesto a la fusión. Y quizá tras esa advertencia no fue casual que se filtrara como recambio desde Moncloa el nombre del expresidente de Renfe Raül Blanco, hoy director de Estrategia de la compañía de los Aperribay (Sapa Placencia).
Filtraciones o no, el caso es que la acción de Indra, con toda esta movida, llegó a caer hasta un 15 % la semana pasada: hasta 45,7 euros, cuando hace solo unas semanas rozaba los 60. Y aunque la cosa se recuperó entre el jueves y el viernes, la pretendida fusión y el contencioso con la empresa Santa Bárbara han pasado factura.
El lío con Santa Bárbara no es menor. Implica que el 2 % en defensa que el Gobierno ha suscrito con Bruselas quede expuesto. Ángel Escribano —siempre Ángel— nada más llegar a la presidencia de Indra, se empeñó en comprar la antigua fábrica nacional de blindados de Santa Bárbara, argumentando que una empresa tan estratégica no podía seguir en manos del gigante norteamericano General Dynamics. Santa Bárbara no solo rechazó el intento, sino que recurrió al Tribunal Supremo por haber sido excluidos del Real Decreto 915/2025 del pasado 14 de octubre por el que el Gobierno concedía créditos al 0 % para desarrollar programas especiales de modernización del Ministerio de Defensa. 3.002 millones de euros a coste 0 que sí obtuvo Indra.
Hasta que Indra y EM&M no presenten resultados entre febrero y marzo no habrá solución contante y sonante
Santa Bárbara argumentaba que eran la empresa «líder de la industria española dedicada a la fabricación de vehículos de combate terrestre», conocimientos que –según la filial norteamericana– no tenían ni Indra ni la empresa de los Escribano. La resolución del Supremo, prevista para este mes de febrero, podría no solo complicar estas adjudicaciones económicas, sino todas las contempladas bajo el mismo decreto que superan los 14.000 millones. La operación para llegar al 2 % del PIB en defensa también quedaría tocada. Otro lío de Ángel Escribano; y es que no se puede poner a un pirómano a apagar un fuego.
Así las cosas, el presidente de Indra no tardó en recoger velas. Sabe que la amenaza de Raül Blanco es real. El hombre fuerte de la familia Aperribay (Sapa Placencia) podría ser una buena baza —por su relación con General Dynamics— no solo para desescalar las tensiones con los americanos, sino también para poner en marcha nuevos encargos de Indra con aquel país.
Y aunque la opción Blanco fallase, por verse salpicado en el caso Hidrocarburos por Víctor de Aldama, siempre le queda a Moncloa la opción Carlos Ocaña, vicepresidente de Telefónica, consejero de Indra y amigo personal de Pedro Sánchez. Otro de los personajes emergentes de esta etapa empresarial del sanchismo.
Pero volviendo al frente fusión, ayer mismo pareció que el acuerdo estaba más cerca. Los Escribano aceptaron estudiar una venta en lugar de una fusión: «Aunque se está todavía en una etapa inicial de las negociaciones, hay una sintonía total en la necesidad de llegar a un acuerdo que satisfaga a ambas partes y sacar adelante así la operación». Los Escribano reculaban y pactan –el negocio de su vida– que la SEPI compre el 51 % de su empresa. Una compra que implicaría la contrapartida de que, en ningún caso, superen a la SEPI en el accionariado, sino que esta pase a tener un 51 % de Indra.
Y aquí surge el tema de la valoración. Pues bien, hasta que Indra y EM&M no presenten resultados entre febrero y marzo, no habrá solución contante y sonante. Pero, ¡será por pasta! Nuestra pasta, claro. La suerte está echada.