Un enchufe, una bombilla y billetes en euros en una factura de electricidad.
El repunte de la luz en marzo en España desmonta el discurso del Gobierno: cae en Francia, Alemania y Italia
La factura sube un 4,3 % en España a pesar de la campaña gubernamental sobre las virtudes de nuestro sistema energético
España registró en marzo uno de los mayores repuntes de la inflación de la eurozona, impulsada precisamente por los precios de la electricidad. Mientras que en el conjunto de los Veintisiete el IPC subió 0,7 puntos hasta el 2,6 %, en España el incremento fue de 0,9 puntos, situando la tasa en el 3,5 %.
La principal causante de este repunte fue la factura eléctrica, que pasó de una tasa del 0,3 % en febrero al 4,3 % en marzo. Esta aceleración de cuatro puntos porcentuales es la segunda más elevada de toda la eurozona, solo superada por Finlandia. El dato desmiente el optimismo de Moncloa, que precisamente ese mes vinculaba la moderación de los precios exclusivamente a la generación eólica y solar.
La realidad es que el mercado minorista –el que pagan efectivamente los hogares– se ha visto golpeado por la reversión de las medidas fiscales, destacando el regreso del IVA del 10 % al 21 %.
Este impacto fiscal ha neutralizado cualquier ventaja del mercado mayorista. Mientras el Gobierno presumía de un «pool» eléctrico más barato que el de sus vecinos, la factura final que abonan los españoles ha subido, mientras que en Alemania, Francia o Italia los precios energéticos han experimentado descensos. En el conjunto de la eurozona, el precio de la electricidad es hoy un 2,1 % inferior al de hace un año; en España, es un 4,3 % más caro.
Además del aumento del IVA, el consumidor español carga en su recibo con los costes de la «operación reforzada» que Red Eléctrica está ejecutando para garantizar la estabilidad del suministro. Tras los incidentes registrados hace un año, el sistema ha incrementado sus costes de seguridad, un sobrecoste que algunos informes cifran en el entorno del 16 % anual para un hogar tipo.
Este escenario contrasta con el relato del Ejecutivo. Hace solo unos días, la ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, aseguraba en el Congreso que la política energética de este Gobierno estaba otorgando «precios asequibles y competitivos para todos los españoles» ya que «cada placa solar o aerogenerador» nos está alejando de la dependencia del petróleo, «y eso es patriotismo». Sin embargo, la estadística de Eurostat confirma que, hoy por hoy, ese patriotismo le sale más caro al ciudadano español que al alemán o al francés.