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Turistas en las inmediaciones de la catedral de Palma de MallorcaEuropa Press

España afronta el verano de 2026 en una posición excepcional. Nuestro país ya era una de las grandes potencias turísticas mundiales. Y se encamina ahora a superar, en 2026, la cifra simbólica de los 100 millones de turistas extranjeros. En parte porque este año hay un factor nuevo: la guerra en Oriente Medio está alterando los flujos turísticos internacionales. El resultado es que la demanda se desplaza hacia destinos percibidos como más seguros. Y ahí, casi sin buscárselo, España aparece como refugio turístico de estabilidad, en un mundo cada vez más incierto.

En consecuencia, muchos viajeros europeos que dudan entre Oriente Medio, el Mediterráneo oriental (Turquía, Grecia, Egipto) o destinos todavía más próximos al Golfo están mirando hacia España y Portugal. En el fondo, el turismo es un sector extremadamente sensible al riesgo percibido; no hace falta que el riesgo sea real, basta con que el viajero lo intuya o lo que es peor, lo tema. Reuters ha señalado un aumento de reservas aéreas y hoteleras hacia España y Portugal por el desvío de turistas que evitan Oriente Medio. En el caso español, algunas estimaciones apuntan a un incremento interanual de vuelos de verano del 32 %.

También las reservas hoteleras muestran fortaleza. Hosteltur, con datos de Travelgate, habla de diez semanas consecutivas de crecimiento de reservas hoteleras en España desde el inicio de la crisis en Oriente Medio. Y, en este caso, diez semanas empiezan a dibujar tendencia.

Además, Exceltur ha mejorado sus previsiones para el turismo español. Parte de los viajeros que antes elegían destinos del Mediterráneo oriental o próximos a Oriente Medio están desviando sus vacaciones hacia España. Sin embargo, advierte de que una parte de ese incremento podría verse reducido por el encarecimiento de la energía y del transporte aéreo, provocado por la propia crisis geopolítica.

La guerra en Oriente Medio puede convertir a España en uno de los grandes ganadores turísticos de 2026. Pero sería ingenuo pensar que este viento de cola es permanente

La ventaja para España es evidente. Frente a destinos como Turquía, Egipto, Chipre u otras partes del Mediterráneo oriental, España ofrece seguridad, conectividad aérea, infraestructura hotelera, sanidad, estabilidad institucional, diversidad territorial y una marca turística consolidada. Dicho de forma menos técnica: España es predecible, algo que el turista valora cuando el entorno internacional se vuelve más volátil. Canarias, Baleares, Andalucía, la Comunidad Valenciana, Cataluña y Madrid pueden beneficiarse de este desplazamiento de la demanda. Todo el mapa turístico español está bien posicionado para capturar este flujo adicional.

El problema del queroseno y de la masificación

Pero no todo es positivo. Y conviene subrayarlo con claridad para evitar el tono complaciente que a menudo acompaña a las cifras récord.
  1. La guerra también encarece el petróleo, el combustible aéreo y algunos costes de operación. Si el precio del queroseno sube, las aerolíneas pueden trasladar parte del aumento a los billetes de avión, lo que frenaría la entrada de turistas. Es decir, el mismo factor que impulsa la demanda puede, indirectamente, contenerla vía precios.
  2. Si el turismo se sigue concentrando aún más en zonas ya tensionadas, aumentarán los problemas conocidos: vivienda, saturación urbana, presión sobre el agua, congestión, rechazo vecinal y pérdida de calidad del destino. Y aquí España ya no está ante un riesgo futuro, sino ante un problema presente, que en algunos enclaves empieza a ser estructural.

Por tanto, España tiene una oportunidad, pero no debería interpretarla solo como una ocasión para recibir más turistas. De hecho, probablemente sería un error estratégico reducirlo a una simple cuestión de volumen. El objetivo debe ser captar más gasto por visitante, alargar la temporada, diversificar mercados y repartir mejor los flujos turísticos por todo el territorio. Dicho de otra forma: pasar de la lógica del «cuántos vienen» a la lógica del «qué aportan y cómo se distribuyen». La prioridad no es solo crecer en número, sino crecer mejor. Y esto, aunque se repite desde hace años, sigue siendo la gran asignatura pendiente.

La guerra en Oriente Medio puede convertir a España en uno de los grandes ganadores turísticos de 2026. Pero sería ingenuo pensar que este viento de cola es permanente. Más bien se trata de algo coyuntural. Y esa ventaja solo será duradera si el país evita caer en la complacencia. El turismo seguirá siendo una fortaleza extraordinaria de la economía española, pero también una fuente de vulnerabilidad si no se gestiona con inteligencia.

España no necesita únicamente más turistas; necesita un turismo que genere más ingresos, mejor empleo y menos conflictividad social. En última instancia, la cuestión no es si el turismo bate récords, sino si mejora de verdad el bienestar del país que lo acoge, es decir, España.

  • Rafael Pampillón Olmedo es profesor de la Universidad CEU-San Pablo y del IE Business School.