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Delenda est la Cuba castristaAlberto Recarte García-Andrade

La caída de la economía de Cuba (III): La Cuba soviética y el ahogo de la hiperregulación (1970 - 1991)

La economía pasa a estar regulada, sobrerregulada e hiperregulada al implantarse el modelo de la URSS, que estaba estrangulando ya a la economía soviética. Por supuesto, todas las estadísticas eran erróneas o falsas

Acto de repudio en La Habana, en 1980

Acto de repudio en La Habana, en 1980Efe

Castro entrega el control económico a su hermano Raúl, al partido comunista cubano y a los burócratas soviéticos que provocan, en ese periodo, la segunda catástrofe económica de Cuba.

La economía pasa a estar regulada, sobrerregulada e hiperregulada al implantarse el modelo de la URSS, que estaba estrangulando ya a la economía soviética. Se hacen planes quinquenales por la Junta Central de Planificación. Se fijan los salarios, los precios y los beneficios de las empresas públicas que se integran en la gran «Empresa Estatal Cuba».

Por supuesto, todas las estadísticas eran erróneas o falsas. El trabajo de la JUCEPLAN era conseguir para cada año una cifra de crecimiento del PIB, manipulando los precios lo suficiente para que se igualaran ingresos y gastos. A pesar de lo cual, los países de economía de mercado creyeron que Cuba se había convertido en un país serio, al que se podía financiar.

Por increíble que nos parezca ahora, los planes quinquenales soviéticos y de los otros países comunistas convencieron a muchos economistas occidentales de que las cifras eran ciertas y de que se hacían los esfuerzos necesarios para cumplirlos con reformas rigurosas cuando eran imprescindibles.

Cuando Cuba se sovietiza, se da por supuesto que habrá control de los déficits de balanza de pagos, de los déficits públicos y de la inflación. Y que las cifras de crecimiento serán reales. Los países occidentales, además de Japón, compiten entre ellos por ver quién es capaz de vender más bienes de equipo y plantas completas con créditos a largo plazo a Cuba. Además de que los bancos privados y los vendedores de bienes de consumo lo hacen sin garantías adicionales. Entre 1972 y 1986, en 14 años, los créditos a largo plazo de los países de economía de mercado, enmarcados en el Club de París, suman alrededor de 5.000 millones de dólares, sin tener en cuenta los de otros países. Ese es el tamaño inicial de esa segunda suspensión de pagos de Cuba en moneda convertible.

Esa cifra, los 5.000 millones (sin tener en cuenta los 8.500 millones de intereses), junto con otros 6.000 millones de rublos convertibles concedidos por la URSS hasta 1989, constituyen, entre ambos, una cifra aproximada de las importaciones de bienes de equipo y de plantas completas que se instalaron en Cuba desde 1959 hasta 1991 para modernizar su sector industrial. A esa cifra habría que sumar la posibilidad de invertir 3500 millones de dólares que la Rusia de Putin concedió a Cuba en 2014. Una cifra ridícula, que explica la falta de productividad de la economía cubana hasta hoy mismo.

En 1958, Cuba exportaba mercancías por valor de 733 millones de dólares, de los cuales 490 millones se vendían a Estados Unidos. Y se importaban bienes por un total de 777 millones, de los cuales 542 millones procedían de Estados Unidos. En 1975, con el embargo estadounidense en vigor, Cuba importa 3.133 millones de pesos convertibles y exporta 2.946 millones de pesos supuestamente convertibles en dólares. La URSS se había convertido en el principal socio comercial de Cuba. Nada menos que exportaba 1.250 millones e importaba 1.661 millones, siendo el azúcar lo más importante. Las exportaciones cubanas de azúcar se hacían a precios hiperinflados, mientras las importaciones cubanas, empezando por el petróleo y sus derivados, se hacían a precios devaluados.

Quiero resaltar igualmente que las importaciones de Cuba con el resto del mundo no Comecon sumaban en ese año de 1975 un total de 1.000 millones de pesos y las exportaciones alcanzaban los 1.600 millones; cifras coherentes con la realidad de un comercio exterior libre con el mundo no Comecon. El embargo norteamericano había dejado de notarse. Y el comercio se realizaba con los mismos países con los que Cuba tenía relaciones comerciales antes de 1959.

La planificación

Pero volvamos al mundo de la planificación. Los burócratas cubanos, felices en su aislamiento del resto del mundo no soviético, no paran de explicar cómo es el nuevo sistema económico y de las dificultades que para ellos supone.

El primer problema de los planificadores es cómo fijar los precios de todos y cada uno de los bienes que se producen, intercambian y se venden, a los cubanos y a los compradores en el exterior. La ley 1312 de 23 de agosto de 1976 dispuso que a partir del 1 de enero de 1977 regirían los precios vigentes a 31 de marzo de 1976. Se trataba de más de un millón de precios y tarifas oficiales.

Para que todos los gerentes de las empresas y los jefes de las administraciones supieran cuáles tenían que utilizarse, imprimieron 29 tomos de más de 300 páginas cada uno. Había muchos productos que tenían distintos precios. ¿Cómo conseguir que cada responsable los aplicara? Se hizo una edición de 200 ejemplares y se distribuyeron por los municipios, provincias, ministerios y otros órganos oficiales. No consta que nadie consultara esos precios ni que se resolvieran las dudas de que precios utilizar.

El régimen imprimió 29 tomos de más de 300 páginas cada uno con los precios intervenidos: cerca de un millón

Un ejemplo de cómo esos precios eran incompatibles con la realidad lo tenemos en relación con el producto más importante de Cuba en ese momento, el azúcar.

En una publicación oficial, sin tapujos ni temores, los responsables de la planificación explican sus dificultades: «Tenemos la situación de que, por ejemplo, los productos de importación del país, vendidos a la economía interna, tienen los precios del año 68. Es el caso, por ejemplo, del combustible, del petróleo, para empezar por uno». «Bien, se puede empezar a subir el precio a esos productos, porque ocurre ese fenómeno (…se refiere a la inflación). Pero al subir los precios a esos productos, a las empresas azucareras… si ahora les aumentamos los insumos de producción por ser de importación, y se los aumentamos a la agricultura – porque están el fertilizante, el pesticida y otra serie de productos en una situación similar – entonces, la agricultura y la industria azucarera, que ya en las condiciones actuales de precios son irrentables, les haríamos mucho más irrentables… Ahora, ¿Qué hacer con este problema de los precios? Se pueden dar algunos pasos antes de 1979 o 1980 o debemos esperar para dar los pasos en esos años (se refiere al Nuevo Plan Quincenal). Son cosas que están por decidirse…» En el mejor de los casos los precios de esos productos con el azúcar incluido estarían otros cuatro años congelados.

Nunca se decidió nada. Nunca hubo precios realistas. Todo estaba manipulado. En la realidad, para funcionar, se ajustaban cantidades. Cada responsable sabía la cantidad de electricidad, petróleo, cristal, papel, acero… que necesitaba para producir lo que fuera. Y llegaba a acuerdos de cantidades para producir y para vender. Un sistema, una práctica, que no soportaba los cambios. Ni mejoras, si suponían cambios en las cantidades. Imposible. La consecuencia, la imposibilidad de mejorar, de ajustar. La razón última del fracaso de la URSS y sus satélites. Anecdóticamente lo más «chungo» es lo que ocurrió con la economía de Alemania del Este. Los economistas occidentales se habían creído las estadísticas de Alemania de Este, creían que era un país bastante desarrollado lo que, quizá, animó al canciller Kohl, junto a consideraciones electorales, a cambiar los marcos orientales por occidentales al tipo de uno por uno, cuando en el mercado negro la relación era de ocho por uno.

La segunda suspensión de pagos (1986)

Finalmente, Cuba, un país bloqueado, según el gobierno cubano y sus fieles creyentes en todo el mundo, suspendió pagos con los países occidentales en abril de 1986. Las negociaciones entre los países acreedores – siendo España el más perjudicado – se alargaron a lo largo de los años 80, los 90 y los 2000. Hasta el 12 de diciembre de 2015, que en el Club de París se decidió la condonación de 8.500 millones de dólares de intereses. Quedaban pendientes 2.400 millones de España y otros 2.600 millones del resto de los otros 13 miembros del Club de París, que deberían pagarse en plazos hasta 2033. Los impagos de esa nueva negociación comenzaron nuevamente en 2019 y, por tercera vez, en 2021, Cuba suspende pagos. Otra suspensión ocurre en 2024, la penúltima ocurrió en 2025. Y la última tuvo lugar en febrero de 2026. Suman, por tanto, seis suspensiones de pagos.

El desprecio de Castro a los números

El desprecio de Fidel Castro por la situación económica interna la puedo exponer con dos acontecimientos que ocurrieron siendo yo jefe de la Oficina Comercial en La Habana. Las exportaciones españolas a Cuba en los años 70 se hacían en términos FOB, sobre barcos de bandera cubana. En 1975 durante al menos cuatro meses, las mercancías españolas con destino a Cuba se amontonaban en los muelles de los puertos españoles, sin que las empresas españolas pudieran cobrar. Los barcos cubanos no aparecían. Las autoridades cubanas insistían en que pronto llegarían sus barcos. Ante el impasse y junto al entonces Subsecretario de Comercio, Eduardo Peña, convencimos al ministro para publicar un anuncio llamativo en la Hoja del Lunes de Madrid, incitando a las empresas españolas a que protestaran, para poder exigir indemnizaciones al gobierno cubano. A los 15 días aparecieron los barcos. Luego nos enteramos de que la totalidad de la flota cubana estaba ocupada transportando armas y combatientes para la guerra de Angola. Y así siguieron todo el año.

La economía cubana se paró ese año. Pero no importaba, pagaban los rusos de buena gana y los cubanos lo soportaban lo mejor que podían.

Un segundo ejemplo del desprecio de Fidel Castro por la economía. En septiembre de 1978 Adolfo Suárez visitó Cuba durante dos días. Uno de los actos previstos era la visita a una gran planta de cemento en Mariel que había suministrado y construido una empresa española. En el último momento la visita se canceló. Junto con los empresarios españoles me acerqué a Mariel para saber que había pasado. El responsable de la fábrica nos contestó cariacontecido que la planta no funcionaba porque una parte de los equipos eléctricos se habían enviado a Angola y que no le habían dicho cuando se repondrían.

Hablando de contratos de empresas españolas con los ministerios cubanos correspondientes no quiero dejar de mencionar una cláusula que aparecía en todos los contratos de todos los exportadores de cualquier nacionalidad. Se decía expresamente que estaba «prohibido terminantemente quemar billetes del Banco Nacional de Cuba». Ocurría que los trabajadores extranjeros, a los que se les pagaba una parte de su sueldo en pesos cubanos no convertibles tenían la costumbre de quemar todos los billetes sobrantes pues nada se podía comprar con ellos ni eran convertibles al terminar sus contratos.

El control de la emigración y el desarrollo del turismo

Las nuevas exigencias de los planificadores soviéticos que Fidel Castro aceptó de mala gana para facilitar la financiación de Cuba en moneda convertible y el propio crecimiento económico eran el desarrollo del turismo y el control de la emigración de los profesionales y los universitarios.

Lo más importante era parar la emigración de los profesionales y universitarios cubanos. Lo que se hizo. Y lo que provocó un gran malestar entre los que querían huir del paraíso cubano. Un incidente protagonizado por seis nacionales cubanos que se colaron con un autobús en los jardines de la embajada de Perú y la negativa de los representantes peruanos a entregarlos a las autoridades cubanas provocó la ira de Fidel Castro, que decidió retirar la protección policial a la embajada peruana. Un estupefacto Fidel Castro tuvo que contemplar como en unas pocas horas más de 12.000 cubanos se refugiaron en los terrenos de la embajada. El conflicto que suponía esa concentración de cubanos que querían huir a cualquier precio, terminó con la autorización, en otro ataque de ira de Fidel Castro, a que todo el que quisiera irse podría hacerlo desde el puerto de Mariel. Miles de embarcaciones llegaron desde Florida. El éxodo alcanzó las 150.000 personas. Fidel Castro aprovechó para obligar a los capitanes de esas embarcaciones a llevarse a un gran número de presos por delitos comunes y enfermos de hospitales psiquiátricos. Un hecho que desarrolla Leonardo Padura en su último libro «Morir en la arena».

La desesperación de los cubanos apareció públicamente de nuevo en 1994 con la crisis de los «balseros». Mas de 35.000 cubanos fueron recogidos por embarcaciones procedentes de Florida.

Ni los burócratas soviéticos ni los castristas más exaltados pudieron ni imaginar que el millón de cubanos que logró salir de Cuba entre 1970 y el año 2018 tras la salida de los primeros 600.000 entre 1959 y 1965 y el otro contingente, de entre un millón y 1.5 millones que salieron de la isla entre 2020 y 2025 se convertirían en una fuente de divisas convertibles de la siempre arruinada República castrista de Cuba. Las cifras no son tan opacas como siempre, pues las transferencias desde Estados Unidos y desde otros países, como España, se han hecho por conductos bancarios y financieros del exterior de Cuba. Las cifras totales, que analizaremos posteriormente superan ampliamente, el valor de las exportaciones de bienes de Cuba, que siguen siendo las mismas que en 1959, excepto que ahora el azúcar ha desaparecido: níquel, cobalto, otros minerales, tabaco, ron, algo de azúcar y algunos productos farmacéuticos.

Una segunda iniciativa fue permitir el desarrollo del turismo. Para lo que se permitió la entrada de capitales extranjeros con lo que se pudo construir y explotar hoteles manteniendo el gobierno la mayoría, sin reconocer el derecho de propiedad sobre los inmuebles. El turismo se convirtió, poco a poco, en una fuente de divisas convertibles.

El ansiado vino español

No quiero dejar de contar, hablando de la visita de gobernantes españoles, lo que me ocurrió a mí personalmente cuando llegó Nemesio Fernández Cuesta, ministro del Gobierno de Arias Navarro a finales de 1974 cuando todavía Franco era el jefe del Estado español. Fue la primera visita de un ministro español a Cuba desde la independencia de 1898. La visita tenía por objeto firmar un nuevo protocolo en el que Cuba se obligaba a vender a España al precio pactado una gran cantidad de azúcar en un momento de gran escasez mientras España concedía créditos para la venta de bienes de equipo. Como tenía por costumbre, Fidel Castro pidió que toda la delegación española, entre los que me encontraba, se trasladará a una «casa de protocolo» del Gobierno de Cuba para encontrarse con el ministro de comercio español. Al margen del agradecimiento de Castro a Franco por haber mantenido abierto siempre el comercio y las comunicaciones entre España y Cuba, a pesar de las presiones de los estadounidenses. Castro apareció a las tres de la mañana, otra de sus costumbres. En un momento de la entrevista pidió que le trajeran vino español. Imposible en ese momento. Excepto que mi casa se encontraba a escasos 100 metros de la casa de protocolo, por lo que me ofrecí para llevar vino para todos. A duras penas, con seis botellas de vino tinto Cune en las dos manos lo llevé hasta la citada casa de protocolo. Sus gigantescos guardaespaldas me cogieron las seis botellas. Castro, mientras, seguía pidiendo su vino español. Ocurría que repentinamente me encontré con un camarero que me presentó seis copas de vino exigiéndome que las probara todas. Me negué. Le dije al camarero que yo probaría solo una. El jefe de seguridad no se inmutó. Yo me bebí una copa, el jefe de seguridad otra, una tercera el ministro de Asuntos Exteriores de Cuba, una cuarta el de Comercio y no recuerdo quien probó las otras dos. Y después todos esperamos media hora, al menos, para estar seguro de que nadie se había envenenado. Nada pasó y Fidel Castro, sin dar siquiera las gracias, vacío él solo una botella en unos escasos minutos.

Tráfico de drogas y GAESA

Desde 1986 Fidel Castro había dejado claro que no estaba de acuerdo con la perestroika y la glasnost de Gorbachov. Reiteró una y otra vez en sus discursos que esas políticas sólo servirían para debilitar su Revolución. En Cuba, entre 1986 y 1991, no hubo ninguna reforma. Castro, con su prestigio de líder antinorteamericano, apoyó a los miembros de la casi extinta URSS y de la KGB que estuvieron esos años urdiendo un complot contra Gorbachov.

Gorbachov sobrevivió al golpe de estado, dio libertad a los países del Este de Europa y permitió la separación de los estados miembros de la URSS que así lo quisieran. Entre los que se separaron estuvieron Bielorrusia y Ucrania, para desesperación de Putin, que en ese momento era un operativo de nivel medio en Alemania del Este. Y terminó con la relación especial de la URSS con Cuba, principalmente como castigo por su apoyo al golpe de Estado, en parte porque Rusia no podía sostener económicamente a Cuba más tiempo y, finalmente, porque la guerra fría había terminado y no necesitaban un brazo armado para enfrentarse a Estados Unidos en todo el mundo.

En julio de 1989 Fidel Castro ordena fusilar al general Ochoa – el general con más prestigio del ejército cubano - y a tres de sus más altos oficiales, acusados de narcotráfico. Nunca ha estado claro porque esa decisión, aunque los antecedentes de Fidel Castro, desde la Universidad hasta la liquidación de todos sus oponentes políticos antes y después de 1959, sugieren que se estaba preparando para tener poder absoluto no ya sobre el partido comunista sino, específicamente, sobre el ejército.

De lo que no cabe duda es de que Cuba traficaba con drogas. Lo que sería un incentivo más para el acuerdo con el narcoestado venezolano. No es posible creer que el ejército y las fuerzas de seguridad cubanas qué fortalecieron la dictadura venezolana durante 25 años no hayan sido actores principales de ese tráfico.

La consecuencia inevitable de la política de intervención militar en innumerables países fue el fortalecimiento del ejército. El ejército se convirtió en la espina dorsal del castrismo. En 1991 se había terminado el tiempo de los revolucionarios guevaristas, del partido comunista y sus planes quinquenales. Era el tiempo del ejército, que desde ese momento controla –y cobra- los ingresos por turismo y las transferencias de los cubanos en el exterior (hasta 2024) con GAESA, una sociedad controlada por los generales más próximos a Fidel Castro. Más adelante nos detendremos en la forma de operar de GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.).

  • Alberto Recarte es economista y fue agregado comercial en La Habana
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