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La realidad financiera al jubilarse suele ser muy distinta a la de la etapa activaEP

Vivienda

El motivo por el que una segunda residencia puede perjudicar a los jubilados

Un jubilado puede tener una vivienda valorada en cientos de miles de euros y, al mismo tiempo, sufrir para llegar a fin de mes

Durante décadas, el plan perfecto al dejar de trabajar consistía en mudarse a un apartamento frente al mar o a una casa en el pueblo. Era la recompensa tras una vida de esfuerzo. Sin embargo, la realidad financiera al jubilarse suele ser muy distinta a la de la etapa activa, y muchos asesores advierten ahora de que mantener una segunda propiedad puede convertirse en un verdadero lastre para el bolsillo de los pensionistas.

El principal problema de esta inversión es lo que en economía se conoce como la trampa de la liquidez. Un jubilado puede tener una vivienda valorada en cientos de miles de euros y, al mismo tiempo, sufrir para llegar a fin de mes porque no dispone de dinero en efectivo. Ante cualquier imprevisto de salud o una reforma urgente, las propiedades no se traducen en dinero de forma inmediata.

Vender un inmueble requiere meses de espera, negociaciones y, en ocasiones, asumir pérdidas si urge cerrar la venta, lo que resta mucha tranquilidad en una etapa de la vida donde la seguridad es lo primero.

A esto se suma que los gastos de mantenimiento de un inmueble no se jubilan. Aunque la casa pase vacía la mayor parte del año, los recibos de la luz, el agua, el seguro, las derramas y el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) siguen llegando mes a mes.

Un coste fiscal invisible muy importante

En España, además, existe un coste fiscal invisible muy importante: la imputación de rentas en el IRPF. Hacienda obliga a tributar por las segundas residencias vacías como si generasen un ingreso, lo que reduce aún más el poder adquisitivo de la pensión.

Aunque alquilarla parece la solución más lógica para cubrir costes, esta opción introduce quebraderos de cabeza, gestiones y obligaciones tributarias que chocan con el deseo de descanso de los mayores.

Al final, no se trata de que tener una segunda residencia sea un error absoluto si la economía personal es holgada, sino de entender que, con ingresos fijos y menores, el dinero inmovilizado en el ladrillo puede hacer mucha falta en el día a día.