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Miles de jóvenes marroquíes cruzan la valla de Ceuta.EFE

La última crisis migratoria de Ceuta ha venido acompañada de un argumento que merece más atención de la que aparentemente tiene. Desde Marruecos se está intentando extender la idea de que mantener Ceuta y Melilla resulta económicamente insostenible para España y que, tarde o temprano, la realidad acabará imponiéndose. Este razonamiento tiene un problema: no aporta una sola cifra que permita demostrar esa supuesta inviabilidad.

Conviene, por tanto, hacer las cuentas.

Ceuta tiene unos 84.000 habitantes y Melilla 87.000. Entre las dos representan apenas el 0,35 % de la población española. Su PIB conjunto ronda los 3.750 millones de euros. En 2024, el PIB por habitante fue de unos 23.200 euros en Ceuta y 21.100 en Melilla, claramente por debajo de los 32.600 euros de la media española.

Es decir, no estamos ante dos economías particularmente ricas. Presentan además tasas de desempleo muy elevadas, una presencia del sector público muy superior a la media nacional y escaso tejido industrial.

Hasta ahí, el diagnóstico marroquí tiene una parte de verdad. Lo que no tiene ningún sentido es el salto desde esa realidad hasta afirmar que constituyen una carga insostenible para España.

Los presupuestos para 2026 de las dos ciudades autónomas suman aproximadamente 845 millones de euros: unos 424 millones Ceuta y 421 millones Melilla. Pero esa cantidad no es el coste para España ya que se compensa, en parte, con los propios ingresos fiscales de esas ciudades autónomas.

Aun así, hagamos deliberadamente una comparación exagerada. Imaginemos que esos 845 millones fueran íntegramente un coste para el Estado español. Representarían aproximadamente el 0,05 % del PIB de España.

Difícilmente puede calificarse de insostenible una magnitud de ese tamaño para una economía como la española cuyo PIB en 2026 rondará los 1,7 billones de euros.

Hay, además, una confusión económica fundamental. ¿Desde cuándo un territorio de un Estado tiene que demostrar que es fiscalmente rentable para conservar su soberanía?

Todas las naciones redistribuyen recursos territorialmente. Las regiones más ricas financian parcialmente los servicios públicos de las regiones con menor renta. Los habitantes de Madrid, Cataluña o Baleares realizan una aportación fiscal neta, al conjunto del Estado, superior a la que reciben; otras regiones españolas presentan el patrón contrario.

Aplicado hasta sus últimas consecuencias, el argumento marroquí llevaría a una conclusión bastante extravagante: la soberanía nacional debería decidirse mediante una balanza fiscal.

Buena parte del coste extraordinario que soportan Ceuta y Melilla proviene precisamente de su condición fronteriza

Además, buena parte del coste extraordinario que soportan Ceuta y Melilla proviene precisamente de su condición fronteriza. Proteger la frontera, atender una llegada extraordinaria de inmigrantes o mantener fuerzas de seguridad tiene un coste. Pero ese gasto no demuestra la inviabilidad de las ciudades. Es el coste de proteger una frontera exterior española y europea.

Y aquí el razonamiento marroquí adquiere un curioso carácter circular: se somete a una frontera a presión y posteriormente se utiliza el coste de resistir esa presión como argumento para afirmar que mantenerla resulta demasiado caro.

Marruecos cerró en 2018 la aduana comercial de Melilla. Las restricciones posteriores al cierre fronterizo deterioraron un modelo económico que durante décadas había estado estrechamente vinculado al norte de Marruecos. La aduana de Melilla no volvió a operar hasta 2025 y la de Ceuta comenzó entonces a funcionar comercialmente por primera vez.

Es completamente legítimo que Marruecos desarrolle Tánger y Nador. Y España debe alegrarse de tener como vecino un Marruecos próspero. Pero es bastante más discutible contribuir al estrangulamiento económico de Ceuta y Melilla para presentar después su debilidad económica como prueba de que su futuro está necesariamente ligado a Marruecos.

Precisamente por su debilidad económica, el Gobierno debería facilitar la atracción de inversión privada

Precisamente porque su debilidad económica existe, el Gobierno español debería facilitar la atracción de más inversión privada. La economía digital ofrece algunas posibilidades. Ceuta y Melilla han conseguido atraer empresas gracias a sus ventajas fiscales y están demostrando que pueden desarrollar actividades que no necesitan un gran mercado local ni depender físicamente de la frontera marroquí.

Ese debería ser el debate: cómo transformar dos economías periféricas en dos pequeñas plataformas españolas y europeas de servicios, tecnología, logística y actividad digital en el norte de África.

Porque Ceuta y Melilla tienen un coste, por supuesto. Como lo tienen Canarias, Extremadura, las conexiones ferroviarias deficitarias, la defensa nacional, las embajadas o la vigilancia de las fronteras.

Pero tienen también un valor estratégico, geopolítico, histórico y, sobre todo, humano. Allí viven unos 170.000 ciudadanos.

Por eso Marruecos puede discutir la soberanía, presionar diplomáticamente o intentar demostrar que esas ciudades dependen económicamente de la Península. Ese no es el debate.

La verdadera cuestión no es cuánto cuesta mantenerlas, sino cuánto estamos dispuestos a invertir para que puedan prosperar.

  • Rafael Pampillón es profesor de la Universidad CEU-San Pablo y del IE Business School.