El rey de Marruecos, Mohamed VI, durante la ceremonia de inauguración de unas obras
Marruecos El Majzén, así funciona el poder en la sombra que rodea a Mohamed VI
El pasado miércoles, 23 de septiembre, los marroquíes estaban llamados a las urnas para elegir el gobierno que les representará durante los próximos cinco años. Los votantes contestaron a la convocatoria con una abstención récord, rozando el 62 %, la tasa más elevada registrada en el país en los últimos 20 años. La desidia y la apatía de los marroquíes hacia su propia política se reflejan en ese dato. La abstención se eleva aún más entre las generaciones jóvenes, que el pasado año salieron a las calles para exigir mayor inversión en servicios básicos como sanidad y educación.
Un año después de esas protestas, sus reclamos han sido completamente ignorados, y la conocida generación Z respondió con una participación en los comicios legislativos prácticamente nula. Tan solo un 4 % de los jóvenes de entre 18 y 24 años se inscribió en el censo para poder acudir a las urnas. De esa convocatoria salió ganador, como era de esperar, el Partido de Autenticidad y Modernidad (PAM), la formación más cercana al Palacio Real. De entre sus filas saldrá el próximo primer ministro de Marruecos, probablemente el presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol, Fouzi Lekjaa.
La escasa movilización de los votantes marroquíes es causa, principalmente, de la inmovilidad del régimen. Salga lo que salga de las urnas, el rey Mohamed VI se arroga el derecho de nombrar a los ministros de Interior, Exteriores, Defensa y Asuntos Religiosos. Todas las decisiones de peso pasan por el Palacio Real, sin importar el gabinete de turno. Lo que se conoce como el Majzén, el «Estado profundo», es quien realmente ostenta el control en Marruecos. Pero ¿qué es y quién compone este círculo de poder?
El término árabe Majzén se traduce al español como «almacén» o «depósito»; sin embargo, históricamente, se usaba para referirse a la estructura de poder y administración vinculada al sultán. En la actualidad, se emplea para referirse a un selecto grupo de oligarcas y amigos de la infancia de Mohamed VI que, a su vez, conviven con las instituciones oficiales. En Marruecos, la figura central de poder se concentra en el monarca, al que la propia Constitución le atribuye amplios poderes sobre el Ejecutivo, además de ser el Comendador de los Creyentes. Este título le otorga la máxima autoridad espiritual y religiosa sobre los musulmanes del país.
En un intento de rebajar el clamor de las calles en 2011, al albor de la Primavera Árabe en Oriente Medio, el monarca alauí accedió a modificar la Carta Magna y transferir algunas competencias a las instituciones parlamentarias. Aunque, a espuertas, Mohamed VI –y su círculo– sigue controlando todos los aspectos del sistema. En un nivel inferior al del monarca, se encuentran los consejeros reales –el Majzén–, que tienen acceso directo al rey y no dependen ni de elecciones ni forman parte del Gobierno. En este círculo está Fouad Ali El Himma, conocido como el «virrey» de Marruecos, y el que se cree que es el cerebro de la invasión de Ceuta del pasado mes de julio.
El Himma fue compañero de colegio de Mohamed VI y, desde entonces, no se ha separado de su lado. Fundó en 2008 el Partido de Autenticidad y Modernidad (PAM) que, el pasado miércoles, ganó las elecciones. Otros nombres relevantes que merodean por el Palacio Real son Abdellatif Hammouchi, al frente de la Seguridad Interior marroquí –DGST y DGSN–, y Yassine Mansouri –también compañero de pupitre del rey–, director de la DGED, el servicio de Inteligencia exterior. A todas estas intrigas palaciegas y de poder hay que sumar que la familia real posee el control de gran parte de la economía del país magrebí a través del holding Al Mada.
El poder de la monarquía, por tanto, no solo se limita al control político, sino también a la dependencia económica. Este entramado empresarial, vinculado a la casa real marroquí, opera en seis grandes sectores estratégicos: banca y seguros, distribución, minería y materiales de construcción, energía y telecomunicaciones, inmobiliario y turismo, así como inversiones relacionadas con nuevas tecnologías y startups. Todo esto entra dentro de lo que se conoce como el Majzén, incluyendo el gran lobby marroquí que actúa en el propio corazón de las instituciones europeas –y otros países– para promover sus intereses.