El déficit del primer semestre crece 2,5 veces más que los ingresos
Está claro que en este país no se administra ni siquiera la caja, lo cual es una auténtica vergüenza
La Intervención General de la Administración del Estado acaba de publicar el informe sobre la situación económico-financiera de la Administración Central correspondiente al primer semestre, y es para echarse a llorar.
A pesar de registrar unos ingresos históricos, nunca alcanzados hasta ahora, los resultados no pueden ser más lamentables. El déficit de caja, es decir, la diferencia entre lo que se ha cobrado y lo que se ha pagado, se ha disparado hasta los 34.892 millones de euros, con un crecimiento del 25,8 % respecto al año pasado.
El saldo primario, es decir, descontando los intereses, alcanza los 22.165 millones, lo que supone un incremento todavía mayor, del 35,9 %. Y todo ello mientras los ingresos recibidos crecen un 11,1 %, pero los pagos, debido a la existencia de muchas obligaciones atrasadas, aumentan un 14,5 %.
Está claro que en este país no se administra ni siquiera la caja, lo cual es una auténtica vergüenza.
Pero a la Unión Europea esto, con perdón, se la trae al pairo. A sus responsables solo les interesa la Contabilidad Nacional, mucho más susceptible de ser manipulada. Basta con guardar las facturas en los cajones para que no se reconozcan, no se contabilicen y, por tanto, no existan. Hasta que los proveedores o acreedores reclaman su pago y, claro, hay que contabilizarlas y abonarlas. Así ocurre que la caja puede sufrir de forma considerable por las chapuzas acumuladas, como ha sucedido al cierre de junio.
Así que voy a darles un repaso de la Contabilidad Nacional, porque tiene para dar y tomar.
La Contabilidad Nacional arroja un déficit mucho menor, de 23.210 millones de euros, lo que implica una diferencia de 11.682 millones respecto al déficit de caja. Además, el déficit contable crece menos en términos porcentuales, ya que aumenta un 17,6 %.
Pero lo importante de este resultado es que se produce con unos ingresos de la Administración del Estado que presentan aspectos tan interesantes como el siguiente: el IRPF contabilizado crece un 15,6 %. Esto demuestra que, a pesar de que se está enviando mucho más dinero a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos, la cantidad que retiene el Estado aumenta muy por encima de la recaudación total, que solo crece un 10,4 %.
En cambio, en el IVA están reconociendo que la economía se está ralentizando, porque solo crece, según la IGAE, un 3,9 %. En total, los ingresos, o recursos financieros, como prefiere denominarlos la IGAE, aumentan un 7 %.
Veamos qué ocurre con los gastos, porque aquí también hay un asunto sabrosón.
Fíjense en las cosas tan llamativas que muestran estos datos: los gastos generales contabilizados crecen muy por debajo de la inflación interanual, que ya se sitúa en el 3,5 %.
Los salarios aumentan un 5 %, algo por encima de lo pactado para este año, lo que significa que hay más empleados públicos. No muchos, pero siempre más y nunca menos. En este capítulo, en 2025 pagamos 182.000 millones de euros.
La primera partida que llama especialmente la atención es la de los intereses de la deuda, que aumentan un 13,6 % y alcanzan los 19.739 millones de euros. Esto demuestra que los intereses crecen casi el doble que los ingresos.
Las subvenciones disminuyen porque no se ha mantenido el plan de ayudas a los automóviles y porque se han reducido un 58 % las ayudas al precio de los abonos de transporte y los títulos multiviaje, que han pasado de 300 a 125 millones de euros.
Las prestaciones sociales, entre ellas las pensiones de las clases pasivas, aumentan un 5,7 %, ligeramente por debajo de las pensiones contributivas.
Las transferencias a la Unión Europea, que se calculan en función del PIB nominal, crecen un 30,1 % y suman ya 8.424 millones de euros.
Y aquí aparece una de las madres del cordero: las transferencias a las administraciones públicas. Se han enviado 32.918 millones de euros a la Seguridad Social para poder pagar las pensiones, el Ingreso Mínimo Vital, la incapacidad temporal y todas las demás prestaciones gestionadas desde allí. Esta cifra supone un 10,7 % más que el año pasado, mientras que el conjunto del gasto por transferencias aumenta un 8,4 %.
Eso sí, para inversión no hay dinero. La cifra contabilizada cae un 10,2 % y se queda en menos de 710 millones de euros al mes para todo.
Es decir, con unos ingresos que crecen un 7 % y con un gasto en inversión que cae casi un 10 %, los gastos totales aumentan un 8,3 % y, por tanto, el déficit se dispara un 17,6 %: nada menos que dos veces y media más de lo que crecen los ingresos.