Sede del Banco de Noruega en Oslo.
En qué invierte sus dos billones de euros el fondo más grande del mundo
El fondo soberano de Noruega tiene el 72 % de su patrimonio en Bolsa y solo la tecnología concentra casi un tercio de su cartera de acciones
Dos billones de euros dan para mucho. El fondo soberano de Noruega, el mayor del mundo, los tiene repartidos entre miles de empresas, bonos públicos y corporativos, edificios e infraestructuras de energías renovables distribuidos por buena parte del planeta. Una estrategia que le ha permitido obtener una rentabilidad del 9,4 % y ganar cerca de 155.000 millones de euros en los seis primeros meses del año.
El Government Pension Fund Global cerró junio con un patrimonio de 22,683 billones de coronas noruegas, equivalentes a unos 2 billones de euros. Su valor aumentó en unos 125.000 millones de euros desde comienzos de año, aunque el rendimiento de sus inversiones fue todavía mayor: 1,753 billones de coronas, alrededor de 155.000 millones de euros. La apreciación de la divisa noruega restó parte de esas ganancias al convertirlas a coronas.
El tamaño del fondo ayuda a comprender su relevancia en los mercados internacionales. Creado para invertir los ingresos procedentes del petróleo y el gas de Noruega y preservar esa riqueza para las generaciones futuras, se ha convertido tres décadas después en el mayor fondo soberano del planeta. Su patrimonio procede ya en buena medida de las ganancias obtenidas con sus propias inversiones y no solo de las aportaciones realizadas por el Estado noruego.
La apuesta principal está en la Bolsa. Al cierre de junio, el 72,1 % del patrimonio estaba invertido en acciones, frente al 25,8 % destinado a renta fija. El resto se repartía entre inmuebles no cotizados, con un 1,6 %, e infraestructuras renovables, con otro 0,5 %.
En términos monetarios, la cartera bursátil alcanza aproximadamente 1,45 billones de euros, mientras que otros 518.000 millones están invertidos en renta fija. A ello se suman unos 33.000 millones en inmuebles no cotizados y algo más de 9.000 millones en infraestructuras renovables.
La tecnología representa el 32,2 % de toda su cartera de acciones, prácticamente el doble que el sector financiero, que ocupa la segunda posición con un 15,8 %. La industria representa otro 12,9 % y las empresas de consumo discrecional, un 11,3 %. Por detrás aparecen sanidad (8,4 %), telecomunicaciones (3,8 %), inmobiliario (3,7 %), consumo básico (3,6 %), materias primas (3,5 %), energía (2,9 %) y servicios públicos (2,4 %).
Las acciones tecnológicas en las que participa el fondo se revalorizaron un 25,3 %, aunque ni siquiera fueron las que mejor se comportaron
La concentración tecnológica ha jugado a favor de Noruega durante este semestre. Las acciones tecnológicas en las que participa el fondo se revalorizaron un 25,3 %, aunque ni siquiera fueron las que mejor se comportaron. Las telecomunicaciones proporcionaron una rentabilidad del 42,9 % y la energía, del 17,1 %. En el extremo contrario, el consumo discrecional fue el único de los grandes sectores que registró pérdidas, con un retroceso del 4 %.
En conjunto, las inversiones bursátiles proporcionaron al fondo una rentabilidad del 13 % durante los seis primeros meses de 2026, muy por encima del 0,9 % conseguido con la renta fija.
Inversiones en Norteamérica
La otra gran característica de la cartera es su exposición a Norteamérica. El 57 % de sus inversiones en Bolsa se encuentra en esta región, frente al 20,1 % de Europa. Asia y Oceanía representan el 12,9 % y los mercados emergentes, otro 10,5 %.
Sin embargo, el mejor resultado del semestre no llegó de Estados Unidos. Las inversiones bursátiles en Asia y Oceanía obtuvieron una extraordinaria rentabilidad del 31,3 %, prácticamente tres veces el 10,8 % registrado en Norteamérica. Los mercados emergentes rindieron un 12,6 % y Europa quedó rezagada con un 8,4 %.
La importancia de la Bolsa dentro de la estrategia del fondo contrasta con sus orígenes. Norges Bank Investment Management comenzó a gestionar el patrimonio en 1998 y aquel mismo año transformó aproximadamente el 40 % de la cartera de bonos en acciones. Posteriormente, el peso objetivo de la renta variable fue aumentando hasta convertir al fondo noruego en uno de los mayores accionistas institucionales del planeta.
Más de 500.000 millones en bonos
La segunda gran pata de la cartera son los bonos. El fondo tenía invertidos al finalizar junio unos 518.000 millones de euros en renta fija, una cantidad superior por sí sola al PIB anual de numerosos países.
El 54,9 % de esta cartera está compuesto por deuda soberana, mientras que los bonos corporativos representan el 26,3 %. Otro 10,4 % corresponde a deuda relacionada con gobiernos, un 6,4 % a bonos ligados a la inflación y un 5,9 % a deuda titulizada.
Sus tres mayores posiciones en deuda pública corresponden a Estados Unidos, Japón y Alemania. El rendimiento de esta parte de la cartera ha sido mucho más modesto que el de las acciones: los bonos soberanos proporcionaron un 0,5 % durante el semestre y el conjunto de la renta fija, un 0,9 %.
Del ladrillo a las renovables
Fuera de los mercados tradicionales, Noruega también ha ido construyendo una importante cartera inmobiliaria. Sumando los activos cotizados y no cotizados, el valor de sus inversiones inmobiliarias ascendía a 622.679 millones de coronas, unos 55.000 millones de euros, al finalizar junio.
El ladrillo proporcionó una rentabilidad del 5,9 % durante el primer semestre. Los inmuebles cotizados rindieron un 9,8 %, mientras que los activos no cotizados –que representan aproximadamente el 60 % de la cartera inmobiliaria– aportaron un 3 %. En este último caso, los ingresos estables por alquileres y una moderada revalorización de los activos explicaron el resultado, con las oficinas y los centros logísticos de Estados Unidos entre los que más contribuyeron.
Mucho menor es todavía la inversión directa en infraestructuras renovables. El fondo contaba con unos 9.200 millones de euros en estos activos al finalizar junio. Su rendimiento fue negativo, del 0,2 %, pese a que los ingresos obtenidos por la venta de electricidad contribuyeron positivamente al resultado; el efecto de las divisas terminó inclinando la balanza hacia las pérdidas.