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El presidente de los EEUU, Donald TrumpEuropa Press

Trump blinda su guerra arancelaria y prepara una nueva ofensiva comercial contra la UE y China

Washington sustituye los gravámenes temporales por un marco jurídico más sólido mientras investiga a 16 economías y sectores estratégicos para imponer nuevas medidas

Estados Unidos no piensa dar marcha atrás en su guerra comercial. Washington ha sustituido los aranceles temporales que gravaban buena parte de sus importaciones por nuevos derechos de entre el 10 % y el 12,5 % aplicables a 60 países y economías que concentran el 99 % de sus compras de bienes al exterior. El movimiento apenas altera por ahora la presión arancelaria media, pero permite a la Administración de Donald Trump apuntalar jurídicamente su política comercial mientras prepara una nueva batería de medidas contra algunos de sus principales socios, entre ellos la Unión Europea y China.

Los aranceles temporales establecidos bajo la Sección 122 expiraron el pasado 24 de julio, pero Washington los ha sustituido por nuevos gravámenes amparados por la Sección 301 de la legislación comercial estadounidense. Este mecanismo permite adoptar represalias frente a prácticas comerciales que Estados Unidos considera injustificadas, discriminatorias o perjudiciales para sus intereses.

La diferencia puede parecer meramente jurídica, pero resulta determinante para entender la estrategia de la Casa Blanca. Frente al carácter temporal de los anteriores gravámenes y las dificultades legales que han acompañado a otros instrumentos utilizados por Trump, la Sección 301 proporciona a Washington una base más sólida para mantener su política arancelaria.

Los nuevos gravámenes oscilan entre el 10 % y el 12,5 % dependiendo de la economía afectada y se justifican por las deficiencias que, según Estados Unidos, presentan estos países a la hora de prohibir o controlar las importaciones de productos elaborados mediante trabajo forzoso.

El impacto sobre el coste medio de las importaciones estadounidenses será, sin embargo, limitado. Los nuevos derechos no se acumulan automáticamente a todos los aranceles existentes y tampoco modifican significativamente el tipo medio soportado por los productos que entran en Estados Unidos.

La importancia del movimiento está en otro lugar: Washington ha encontrado una vía para conservar buena parte de su entramado arancelario y mantener abierta la posibilidad de endurecerlo.

«Esta decisión no es simplemente una renovación técnica de los aranceles vigentes. Demuestra, ante todo, la voluntad de Washington de convertir un régimen cuestionado en un marco arancelario más sostenible. Para las empresas, el mensaje es claro: el riesgo de los aranceles estadounidenses sigue siendo elevado, incluso cuando una medida está a punto de expirar», explica Marcos Carias, economista para Norteamérica de Coface.

La UE, bajo la lupa

Y la siguiente ofensiva ya está en marcha. Estados Unidos mantiene abierta otra investigación bajo la Sección 301, en esta ocasión sobre lo que considera un problema de sobrecapacidad estructural de producción en determinadas industrias.

El procedimiento alcanza a 16 economías y reúne a buena parte de las grandes potencias manufactureras del planeta. Además de China y la Unión Europea, Washington investiga a Japón, Corea del Sur, India, Taiwán, Vietnam y México, junto a Singapur, Suiza, Noruega, Indonesia, Malasia, Camboya, Tailandia y Bangladesh.

Todavía se desconoce qué aranceles podrían derivarse del procedimiento y cuándo serían aprobados. Sin embargo, la investigación proporciona a la Administración estadounidense una nueva vía para dirigir futuros gravámenes hacia determinados países, productos o industrias en lugar de recurrir únicamente a medidas generalizadas.

La ofensiva tampoco termina ahí. Washington mantiene abiertas investigaciones específicas sobre sectores considerados estratégicos, entre ellos el aeroespacial, los drones, el equipamiento médico, la robótica, la maquinaria industrial, las turbinas eólicas, los minerales críticos y el polisilicio.

La combinación de ambas estrategias anticipa una política comercial cada vez más selectiva: mantener una barrera arancelaria común sobre gran parte de las importaciones y añadir sobre ella gravámenes adicionales dirigidos a economías o industrias concretas.

Canadá, el próximo en la lista

Canadá ofrece una primera muestra de hasta dónde puede llegar esta estrategia. Estados Unidos ha anunciado nuevos aranceles del 50 % sobre importaciones canadienses por valor de 20.000 millones de dólares –unos 17.200 millones de euros al cambio actual– cuya entrada en vigor está prevista para el próximo 19 de agosto.

Los productos afectados equivalen aproximadamente al 5,2 % de las exportaciones canadienses hacia su vecino del sur. Coface considera que el impacto macroeconómico sería limitado incluso si finalmente entraran en vigor, pero interpreta la medida como una nueva demostración del papel que los aranceles están adquiriendo como instrumento de negociación.