Mapa del estrecho de Ormuz
Por qué el estrecho de Ormuz es el lugar más importante del mundo para la economía
Por sus aguas circulan petróleo, gas y materias primas esenciales para fabricar desde fertilizantes y plásticos hasta microchips
Por sus aguas circulan petróleo, gas y materias primas esenciales para fabricar desde fertilizantes y plásticos hasta microchipsTrump blinda su guerra arancelaria y prepara una nueva ofensiva comercial contra la UE y China
¿Qué tienen en común una botella de agua, una bolsa de patatas, un tractor, un ordenador y el depósito de un coche? Aunque parezcan productos completamente distintos, todos dependen, de una forma u otra, de un pequeño corredor marítimo situado entre Irán y Omán: el estrecho de Ormuz. Esta semana ha vuelto a quedar claro por qué.
El tráfico marítimo por el principal cuello de botella energético del planeta se ha desplomado de nuevo después de varios ataques contra buques y del recrudecimiento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán. Este viernes apenas dos barcos atravesaron el estrecho y ninguno transportaba petróleo, muy lejos de los alrededor de 130 buques diarios que circulaban antes de la guerra.
En el mapa apenas llama la atención. Sin embargo, antes del conflicto atravesaban sus aguas unos 21,6 millones de barriles diarios de petróleo y otros líquidos, además de enormes cantidades de gas natural y materias primas imprescindibles para fabricar desde fertilizantes hasta plásticos. En el segundo trimestre, el volumen de petróleo había caído a apenas 4,9 millones de barriles diarios y la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) prevé que los flujos continúen severamente restringidos durante agosto.
Por eso, cuando el tráfico se paraliza, el problema deja de ser únicamente energético y acaba afectando a toda la economía. El último Informe Económico Anual del Banco de Pagos Internacionales (BPI) señala precisamente el bloqueo del estrecho de Ormuz como uno de los principales riesgos para la inflación mundial y el crecimiento económico.
Este estrecho conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico. Para buena parte de los grandes productores de la región constituye su principal vía de salida al mercado internacional y, en algunos casos, prácticamente la única. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos disponen de infraestructuras que permiten desviar parte de sus exportaciones sin atravesar Ormuz, pero su capacidad está muy lejos de poder sustituir todo el tráfico habitual.
Durante la primera fase del conflicto iniciado a finales de febrero de 2026, el cierre del estrecho llegó a interrumpir el flujo de más de diez millones de barriles diarios de petróleo, alrededor del 13 % del suministro mundial. Según el BPI, se trata de una interrupción de mayor magnitud que la sufrida durante las grandes crisis del petróleo de la década de 1970, cuando las pérdidas de suministro rondaron el 8 %.
Más allá del petróleo
Cuando se habla de Ormuz, casi todo el mundo piensa en petróleo. Sin embargo, el informe del BPI recuerda que por este estrecho también circulan materias primas esenciales para buena parte de la actividad económica mundial. Entre ellas destacan el gas natural licuado, los fertilizantes, los productos petroquímicos, el azufre –imprescindible para fabricar fertilizantes– y el helio, utilizado en la fabricación de semiconductores y otros procesos industriales.
Oriente Medio representa aproximadamente un tercio de las exportaciones marítimas mundiales de helio. Una interrupción prolongada de estos suministros puede generar nuevos cuellos de botella para industrias como la de los semiconductores, precisamente en plena carrera mundial por la Inteligencia Artificial.
Muchas de estas materias primas pasan desapercibidas para el consumidor, pero son indispensables para fabricar miles de productos cotidianos. El plástico que envuelve los alimentos, los fertilizantes que utilizan los agricultores o determinados componentes empleados por la industria tecnológica dependen, directa o indirectamente, de que el tráfico marítimo por Ormuz funcione con normalidad.
Dependencia europea
El impacto del bloqueo no afecta por igual a todas las regiones. Asia es, con diferencia, la más expuesta: antes de la guerra recibía más del 80 % del petróleo y el gas que atravesaban el estrecho de Ormuz, según el BPI.
Europa depende mucho menos del petróleo del Golfo, pero eso no significa que pueda permanecer al margen. La eurozona mantiene una exposición importante a determinados combustibles refinados, especialmente destilados procedentes de la región, además de numerosas materias primas que salen a través de Ormuz.
El gas constituye otro de los puntos débiles. Catar, uno de los mayores exportadores mundiales de gas natural licuado, sigue sufriendo las consecuencias de las restricciones. La india Petronet aseguró esta misma semana que todavía no tenía claridad sobre los suministros previstos para septiembre y que la fuerza mayor declarada por Catar había afectado ya a 56 cargamentos de GNL. QatarEnergy ha llegado a comprar cargamentos estadounidenses para sustituir parte de las entregas afectadas.
La guerra llega al supermercado
El efecto se produce como una cadena de fichas de dominó. Si disminuye el suministro de petróleo y gas, aumentan los costes de producción. Eso encarece los plásticos, los productos petroquímicos y los fertilizantes. A su vez, fabricar envases resulta más caro y también aumenta el coste de producir alimentos.
El BPI constató en su informe que desde el inicio del conflicto los precios tanto de los plásticos como de los fertilizantes habían aumentado alrededor de un 50 %, incrementos que amenazaban con trasladarse progresivamente al conjunto de la economía.
Por eso una crisis energética no termina únicamente reflejándose en las estaciones de servicio. Puede acabar apareciendo también en la etiqueta del supermercado. Y el petróleo vuelve a enviar señales de alarma: el Brent cerró este viernes en torno a los 88,5 dólares por barril después de acumular una subida cercana al 6 % durante la semana ante el deterioro de la situación en Ormuz.
Desvío a otras rutas
Una de las preguntas más habituales es por qué el suministro no puede desviarse simplemente hacia otras rutas. La respuesta es que las alternativas son muy limitadas. El BPI recuerda que los oleoductos que evitan el estrecho de Ormuz solo pueden absorber una parte del volumen habitual de exportaciones. Arabia Saudí dispone del oleoducto Este-Oeste, que conduce crudo hacia el mar Rojo, mientras Emiratos Árabes Unidos puede utilizar una conducción hasta el puerto de Fuyaira, situado fuera del estrecho. Pero ni siquiera utilizando estas vías a pleno rendimiento sería posible sustituir todo el volumen que normalmente atraviesa Ormuz.
Además, las reservas estratégicas de petróleo permiten ganar tiempo, pero no sustituyen de forma permanente el flujo diario. La mayor inyección coordinada de reservas de la historia, de unos 400 millones de barriles, equivaldría a apenas 20 días del tráfico petrolero que atravesaba normalmente el estrecho antes del conflicto.
Activos dañados
A ello se suma otro problema: recuperar el suministro no consiste simplemente en volver a abrir la ruta marítima. El BPI señalaba ya a finales de marzo que más de 40 activos energéticos de la región habían sufrido daños graves y que Catar había perdido alrededor del 17 % de su capacidad de producción de gas natural licuado. Algunos de los equipos necesarios para reparar estas instalaciones, como determinadas turbinas utilizadas en plantas de GNL, acumulan carteras de pedidos de entre tres y cinco años.
La EIA considera ahora que algunos productores del Golfo podrían no recuperar completamente sus niveles anteriores a la guerra durante su horizonte de previsión y que la normalización de la producción y del comercio energético podría prolongarse hasta comienzos de 2027.
Incluso si mañana desapareciera la tensión militar, por tanto, sus efectos económicos no lo harían con ella. Esa es precisamente la razón por la que un estrecho que en algunos puntos apenas separa unas decenas de kilómetros de costa puede terminar condicionando el precio de la energía, los alimentos, los fertilizantes o los productos industriales a miles de kilómetros de distancia.