Algo no cuadra en Europa: la economía mejora, pero las quiebras se han duplicado desde 2021
Las declaraciones de bancarrota repuntaron otro 5,7 % en el segundo trimestre y alcanzaron su nivel más alto de la serie pese a la mejora de las condiciones financieras
Algo extraño está pasando en el tejido empresarial europeo. La economía europea mejora y los tipos de interés dieron cierto respiro, pero las compañías siguen pagando la factura acumulada desde la pandemia. Las declaraciones de bancarrota aumentaron un 5,7 % en la Unión Europea durante el segundo trimestre y ya se han duplicado desde 2021.
Las declaraciones de bancarrota en la Unión Europea prácticamente se han duplicado desde 2021 y se encuentran ya un 44,6 % por encima de las registradas en el segundo trimestre de 2019, antes de la pandemia. Respecto al segundo trimestre de 2022, las bancarrotas han aumentado más de un 80 % y solo en el último año lo han hecho otro 4,5 %. Con este nuevo repunte, las insolvencias alcanzan el nivel más elevado de toda la serie.
A pesar de que los bancos centrales han comenzado ahora a relajar las condiciones financieras, la retirada de las ayudas extraordinarias desplegadas durante la pandemia ha sido clave para explicar el aumento de las insolvencias. En un reciente informe, Coface advierte de que el elevado coste de atender la deuda, la debilidad de la demanda y las dificultades de determinados sectores se han combinado con problemas en las cadenas de suministro, la crisis energética, la inflación, la subida de los tipos y las nuevas tensiones comerciales.
Durante la pandemia ocurrió precisamente lo contrario de lo que cabría esperar. Pese al desplome de la actividad económica, las insolvencias disminuyeron. Los gobiernos desplegaron transferencias, programas para sostener el empleo, préstamos y modificaciones de los procedimientos concursales, mientras los bancos centrales redujeron los tipos a niveles históricamente bajos. Muchas compañías pudieron seguir funcionando gracias a este colchón y, al mismo tiempo, acumularon deuda.
El problema apareció después. A medida que las ayudas desaparecieron y las empresas tuvieron que empezar a devolver los préstamos acumulados, algunas dejaron de ser capaces de atender sus obligaciones. Desde 2022 comenzaron a aflorar, según Coface, parte de las insolvencias que habían permanecido contenidas durante los años anteriores.
Además, la inflación disparó los costes de las empresas, la invasión rusa de Ucrania encareció la energía y los bancos centrales respondieron con la mayor subida de tipos en décadas. Los costes laborales también aumentaron y la financiación empresarial se encareció notablemente. Coface destaca que el deterioro de la capacidad de las empresas para atender su deuda ha sido más pronunciado en Europa que en Estados Unidos, entre otras razones por el mayor peso europeo de los préstamos a tipo variable o fijados a plazos más cortos.
Menos ventas y márgenes más estrechos
La situación tampoco mejoró en los años siguientes. Buena parte de 2024 y 2025 estuvo marcada por el estancamiento económico, una demanda interna débil y unos costes persistentemente elevados, especialmente los laborales. El crecimiento mediano de las ventas de las compañías no financieras cotizadas se situó entre tres y cuatro puntos porcentuales por debajo del promedio anterior a la pandemia, una brecha especialmente acusada en Europa.
Las condiciones financieras tampoco habían regresado a la situación previa a la crisis inflacionista. Aunque los tipos comenzaron a bajar, los costes de financiación empresarial seguían muy por encima de los mínimos de 2021. Coface advertía a comienzos de este año de que el elevado endeudamiento y unos costes financieros todavía altos continuarían empujando empresas hacia la insolvencia, especialmente en sectores como la construcción.
De hecho, su escenario central para 2026 anticipaba precisamente lo que empiezan a reflejar los datos de Eurostat: un nuevo aumento de las insolvencias, aunque a menor ritmo que en ejercicios anteriores, y su estabilización en niveles elevados. La bajada de los tipos debía proporcionar cierto alivio, pero no suficiente para compensar la debilidad económica y la elevada incertidumbre.
España se desmarca
España presenta, sin embargo, una evolución diferente. Las declaraciones de bancarrota aumentaron cerca de un 2 % en el segundo trimestre respecto al primero, pero se mantienen claramente por debajo de los niveles alcanzados el año pasado. En comparación con el segundo trimestre de 2025, las insolvencias han disminuido un 7,8 %, frente al incremento del 4,5 % registrado en el conjunto de la Unión Europea.
Los buenos datos de España requieren, no obstante, cierta cautela ya que el Gobierno reformó la legislación concursal en 2022 para incorporar la directiva europea sobre reestructuración e insolvencia. Esto que contribuyó a un fuerte aumento de procedimientos registrado durante la segunda mitad de aquel año, especialmente entre las microempresas, sin que se observara un deterioro equivalente de los préstamos empresariales dudosos.